Román “Chocolatito” González constituye una magnífica noticia para el boxeo. En una época en la que la mercadotecnia ha relegado a un papel secundario al pugilismo bravo, ese de peleas vibrantes y fallos impredecibles, el pinolero constituye un legítimo exponente de este deporte en su época dorada.
Dotado de un talento especial, al que solo se ha retocado para hacerlo brillar, mientras se purifica en el fuego de la disciplina, Román ha escrito una historia sin fallas y tras cada presentación, queda la sensación de que volverá para superarse a sí mismo.
El pinolero es completo. Ataca sin pausas y con un alto nivel de precisión. Tiene poder para apagarle el mundo a cualquiera de un solo golpe, pero no se desboca. Demuele sin piedad y tiene olfato noqueador. Y pese a su vocación ofensiva, sabe defenderse y aguanta castigo.
Al “Chocolatito” lo único que le falta son libras. Quizá de ese modo obtendría todo el reconocimiento y todo el dinero que merece. Aun así, es considerado el mejor peleado del mundo y desde que se instaló en la cima, no ha hecho sino defender su territorio ahí arriba .
Este 18 de marzo se medirá ante el tailandés Srisaket Sor Rungvisai, púgil que ya ostentó la corona mundial (115 libras CMB) que ahora defiende Román. No es un jamón, aunque quizá tampoco sea quien acabe con el reinado del peleador nica.
Aun así, convendría que Román llegue lo más filoso posible. Rungvisai es un incómodo zurdo, que dispara sin cesar con ambas manos, aunque el poder está en su izquierda. Y que no se detiene sino a bombazo limpio, como corresponde a un fajador nato. Y él lo es.
Rungvisai intenta abrir espacio con su derecha y dispara su izquierda desde diversos ángulos, pero sobre todo en volados potentes y ganchos mortíferos. Es un peligro real, pero no para vencer al mejor del mundo.
El tailandés sí es un peligro, pero no uno que no pueda sortear el pugilista del barrio La Esperanza de Managua.