La mañana que Cheslor Cuthbert se despidió de los Indios del Bóer en el Estadio Nacional pintaba alegre. El costeño tenía como siempre esa sonrisa genuina instalada en el rostro, las graderías se poblaron un poco más de lo normal y arriba del dugout de la “Tribu”, Dimensión Costeña animó las tres horas de juego con sones caribeños que sus dos bailarinas coreografiaron.
Cada vez que caía un episodio, el vocalista Anthony Matthews daba la orden para una nueva canción. “Si te gusta mover tu cuerpecito, este ritmo es de puro movimiento…”. De pronto él mismo cortaba la letra original para decir: “Le estamos dando la mejor despedida a Cheslor, un orgullo costeño”.
Cheslor salió este domingo del estadio saludando a un público que le pedía fotos y autógrafos. En el terreno ofensivamente no le había ido bien. En tres turnos el picheo del Oriental de Granada lo ponchó, lo dominó en elevado al receptor en zona de foul y había alcanzado la primera por un error en fildeo del jardinero central, lo que le permitió remolcar una carrera. Además, fue golpeado.
Sin embargo, estos detalles pasan a un segundo plano cuando alguien como Cheslor, quien pertenece a la organización de los Royals de Kansas City en Grandes Ligas, dueño de una humildad sin barreras, aceptó jugar con el Bóer cuando estos deberían ser días de descanso al lado de sus familiares que viven en Corn Island, en el Caribe nicaragüense. Tan serio se comportó que se encargó de gestionar su propio permiso, con el interés de aprender a jugar la segunda base.
“A LA LIGA DE MI CASA”
Terminado el juego, un enjambre de periodistas le cortó el paso. —¿Dónde vas ahora, Cheslor? —le preguntaron. —A la liga de mi casa —contestó, esbozando una sonrisa, insinuando que lo que viene para él es compartir tiempo con su familia, antes de que se reporte a mediados de febrero al Spring Training (entrenamiento primaveral) con los Royals.
—Me siento contento de haber jugado acá. Si el equipo me llama en otra ocasión yo vuelvo. Pude aprender un poco más cómo es el juego en la segunda. La diferencia que vi es que los roletazos son menos contundentes que en tercera. Ahora regresaré a la liga de mi casa, a pasar tiempo con mi gente —comentó Cheslor.
—El próximo año tengo que ir a ganarme un puesto. Aún no sé cuáles son los planes que el equipo tiene conmigo, pero yo estoy positivo, confiado. En realidad solo Dios sabe lo que va a pasar con mi carrera —agregó, refiriéndose a su futuro inmediato dentro de la franquicia de la Liga Americana.
Este domingo, el viejo coloso fue testigo de una llave de doble play que pasará a la historia: Cheslor cubrió segunda y Everth Cabrera estuvo en las paradas cortas. Fue una gran despedida para un gran pelotero, que jugó 15 partidos con el Bóer, en los que alcanzó un promedio de .333 puntos, al conectar 18 imparables en 54 turnos, con 11 anotadas, 16 impulsadas y tres cuadrangulares.
Al final de nueve entradas, cuando la mañana se convirtió en tarde, el Oriental de Granada había logrado imponerse con pizarra de 11-5 al Bóer. El abridor Róger Luque atrapó su cuarta victoria. El revés se fue a las estadísticas de Jean Granados y Ronald Garth aprovechó la ocasión para descargar su tercer cuadrangular de la temporada, al ritmo de Dimensión Costeña, en el adiós de Cuthbert.
