1978, Octubre. El hombre barbado se alista para saltar a pescar. El calor es duro en alta mar y no es extraño ver sudar a la gente en la embarcación. Sus acompañantes lo ven con un arpón en las manos. A Fidel Castro cuando está en actos oficiales o fumando habanos, como se le ve en público, cuenta el general Humberto Ortega, le gusta lanzarse al mar y sacar el marisco fresco, la langosta con arpón o el caracol enorme llamado cambute en faenas de buceo.
Lea: 10 cosas que no sabías sobre Fidel Castro
Son los años previos al triunfo de la Revolución Sandinista. Castro saca la langosta y desde la embarcación lo ve Ortega. El comandante cubano ya fuera del agua machaca el cambute con un martillito de madera, supervisa la cocina y le da una breve empanizada al marisco con mantequilla y galleta molida. Luego lo deja caer sobre el sartén y, tras aquel ruido del aceite hirviendo, queda el marisco listo para servirse.
La imagen de Castro discurseando en La Habana es bastante común, igual que la del dirigente que dice haberse escapado de centenares de atentados promovidos por la Agencia de Inteligencia Estadounidense. La de cocinero no y sin embargo es una de las que más recuerdan de él tanto Ortega como Tomás Borge, vicesecretario del Frente Sandinista de Liberación Nacional y antiguo Ministro del Interior durante el gobierno de su partido.
Lea además: “La historia me absolverá”. Las frases más célebres de Fidel Castro
“A Fidel le gusta mucho el pulpo de acá, en su tinta. Con la gente de la marina le buscaban por San Juan del Sur, le gustaba también el refresco de cacao nicaragüense y queso ahumado”. Cuando Ortega dice esto saca de su álbum varias fotos que retratan su amistad con Fidel, y las visitas del líder cubano a Nicaragua, de cómo el invitado estira su cuello para asomarse en el cráter del Volcán Masaya o cómo queda viendo en la Catedral de León la tumba de Rubén Darío por quien, dice su anfitrión, sentía un profundo respeto.

En el santuario personal de Tomás Borge, en su oficina de Bello Horizonte, Fidel Castro es quien tiene más presencia. “Es un ejemplo para todos”, discursea al arrellanarse en un sillón enorme para su tamaño, desde el que enfrente están las fotos de políticos y escritores como Cortázar. “Ah, mi querido amigo Julio”, suspira hablando de uno de los escritores que le fue más cercano.
Hay una imagen muy personal de Castro y Borge allí. Los dos están en uniforme verde olivo en la época de más poder del nicaragüense, cuando fue Ministro del Interior sandinista, y en el ella con una enorme boina esta otra vez con el líder cubano muy enérgico. Imposible imaginarlo enfermo como se le ve ahora tras una operación intestinal en las primeras fotos publicadas en estos días de crisis en Cuba, cuando Castro traspasó el poder temporalmente a su hermano Raúl, el Jefe de las Fuerzas Armadas.
Hay una carta colgada también en la pared de la oficina de Borge, en la que Castro dice que le apasiona el ajedrez. “Siempre me gustó el ajedrez, desde muy pequeño, pero nunca lo estudié ni había quien me lo enseñara, ni quise estudiarlo después del triunfo de la revolución (1959), por temor a que se convirtiera en una obsesión”, escribe Castro el 10 de agosto de 1981 a tres días de su cumpleaños, el mismo día en que celebra el suyo Borge.
Lea también: Fiesta y champán, Miami celebra la muerte de Fidel Castro
Cartas como éstas despiertan sonrisas en los rostros de los entrevistados. El semblante serio hasta duro de Humberto Ortega, ex jefe del Ejército de Nicaragua, se ilumina cuando lee la misiva que le mandó el Presidente cubano para felicitarlo por el nacimiento de su hija el 13 de agosto y algo de ese sentimiento también se ve en Gioconda Belli cuando relata su pasado con el dirigente revolucionario.

Después de dos encuentros con Castro en el mismo viaje, Belli se lo halló de nuevo en La Habana y él le mando saludos a Camilo, uno de los hijos de la poetisa nicaragüense, ganadora en esos días del Premio Casa de las Américas.
“Cuando me meto al elevador me dijo ‘saludame a Camilo’, yo se lo había mencionado en una plática anterior. ¡Qué memoria! Es una de las bendiciones de un político. Fidel puede tener la capacidad de recordar nombres. Te hace sentir más importante de lo que te hace sentir siempre. Además tiene una curiosidad enorme, habla, te hace preguntas, tiene la capacidad de escuchar” dice Belli.
Gioconda Belli: “Pienso que le gusté”
El Presidente cubano pudo haber escapado de todo tipo de persecución en sus largos años en el poder, pero cuando era joven no lo pudo hacer de los comentarios socarrones de las mujeres de la universidad donde estudiaba. Eran cinco en ese momento.
Gloria González, la hija de un médico de la familia de Salvadora Debayle, esposa de Anastasio Somoza García, estudiaba medicina en la misma universidad de Fidel: La Javeriana de Colombia. González, siete años mayor que Fidel Castro, entró a la Universidad Javeriana en 1944. Se pagaban entonces 200 dólares mensuales, un dineral. Estudiaba con una hija del militar colombiano Rojas Pinilla y con otras muchachas también descendientes de padres pudientes. En esa universidad conocería a un joven cubano flaco que, contrario a los que dicen ahora varias mujeres, no le parecía guapo. Tenía dinero eso sí. Su familia, los descendientes del inmigrante español Ángel Castro, era una estirpe de modos finos en La Habana, quienes habían labrado su fortuna en los años 30 a la sombra de las transnacionales norteamericanas.
Según González, Castro era tímido, callado y se hacía rodeas de amigos de derecha e izquierda, entre los que algunos se convirtieron en miembros de la guerrilla colombiana M-19. Le decían ratón de sacristía por la voz aguda y baja. “Era tímido, no nos gustaba ese cubano, porque era alto y flaco, lampiño. Primero tiene que aprender a hablar bien, a no tragarse la ese (s) como hacen los cubanos”, recuerda González.
Ésta es quizás una de las pocas anécdotas contra el sex appeal que tantas mujeres le atribuyen a Castro. Recientemente, a raíz de su enfermedad, han salido a luz todos los amores de su vida y, perdido entre éstos, está un anécdota de Gioconda Belli, plasmada en sus Memorias: El país bajo mi piel.
“Fidel es un hombre físicamente imponente -lo describe en su libro-. Alto, fuerte. La tela de su uniforme de gala verde olivo impecable tenía un lustre a nuevo, sus zapatos relucían. Todo él emanaba un aire de autoridad, seguridad, conciencia de ser el personaje más importante en el salón. En su rostro de facciones muy españolas, la expresividad de sus ojos era caribe, tropical, penetrante, juguetona”.

Narra Belli que entre 1978-79 viajó a ese país por invitación de Henry Ruiz, el comandante “Modesto”, su pareja. En ese viaje conocería a García Márquez bajo un aguacero. Al poeta Mario Benedetti en otras circunstancias. Vería un desfile militar en honor al Ché e iría a una fiesta en el Palacio de los Congresos. Allí conocería al líder cubano.
-Dónde te han tenido escondida los sandinistas- preguntó mirándola de “arriba abajo”. “Modesto”; había renunciado al viaje a última hora.
Después de la pregunta, cuenta ella, tuvo varios encuentros en privado con Castro. Conversaron largamente de la Revolución, de por qué Cuba apoyaba a la facción tercerista del FSLN, liderada por los hermanos Ortega, cuando había otras agrupaciones como la Guerra Popular Prolongada (GPP) y los proletarios.
Hoy también Belli transmite simpatía por Castro: “Fidel es un hombre que cuando entra a un lugar sentís que entró alguien, se siente una presencia, es como un planeta, empieza todo mundo a orbitar alrededor de él, pero tiene una particularidad especial: te hace sentir como que si vos sos la única que existe en ese salón”.
-¿Fue acoso lo de Castro con usted?- le pregunto.
-Pienso que le gusté. Me había ganado el premio Casa de las Américas. Estaba chavala. Seguramente le llamé la atención y entonces me invitó, platicó conmigo primero en la casa de protocolo con la presencia de Manuel Piñeiro “Barba Roja” (jefe de la seguridad del Estado), para hablar de Nicaragua y después me invitó a su oficina. Tal vez me estaba enamorando de una manera muy caballerosa. No me sentí acosada como el caso del otro episodio (Omar Torrrijos). Pasé platicando cinco horas con él. Me estuvo hablando cómo escribía sus discursos, me leyó cosas de Martí…
-¿Cuál fue la diferencia con Torrijos?
-Castro era una persona más hábil. Torrijos era más un militar, estaba acostumbrado a dar órdenes, a que le obedecieran. Fidel es más seductor. Puede ser que me estaba seduciendo y yo, como era jovencita y estaba tan deslumbrada de estar con él, no supe. ¿Me entendés? No se me ocurría que Fidel Castro me estuviera enamorando.
El otro señor era complicado. Me dijo que quería tener un hijo conmigo…
Henry Ruiz sonríe cuando recuerda el coqueteo de Castro con la que entonces era su mujer. Narran por ahí que Castro habría dicho supuestamente en privado que era una lástima que Belli fuera compañera de “Modesto”. “En el poder abundan las mujeres, pero Fidel es respetuoso. Gioconda es guapísima. ¿Quién no la apetecía? El dichoso era yo“ , dice “Modesto” en su casa en Residencial Los Robles.
La carta de Fidel a Humberto Ortega
Desde el cuartel principal Palo Alto, el general Ortega se mantenía en contacto con Fidel Castro durante la insurrección.
En el plano de la guerra, a Castro le gustaba supuestamente intercambiar ideas sobre el esquema de lucha popular sandinista. El combate en la calle era algo diferente a la experiencia cubana que sólo tuvieron guerra en la montaña según el general Ortega, el principal impulsor de la estrategia sandinista y un orgullo militar que guarda entre sus más preciados recuerdos una carta donde Castro lo felicita por su brillante estrategia militar.
El Presidente cubano usaba el seudónimo de “Mambi” en las comunicaciones secretas, los manbis fueron los cubanos que lucharon contra España bajo el mando del general Macedo en el siglo XIX. Dos días antes del triunfo sandinista -Ortega conserva las comunicaciones, algunos casetes entre ellas- Castro se mostraba preocupado por la interrupción del envío de armas que estaba canalizando y hacían llegar desde Costa Rica.

Superaba la tensión, poco tiempo después del triunfo, hubo una larga reunión con Castro en La Habana. Duró, según Tomás Borge, 72 horas y las últimas dos fueron de pie porque supuestamente ya se estaban despidiendo.
Aquella sesión lucía interminable. Algunos de los invitados se vomitaban de beber tanto café, según Borge, otros estaban adormilados como él y otros más fumaban mucho como los hermanos Ortega. Borge dice que Castro los saludó y de golpe dijo que los iba a respetar. Que sabía qué era conquistar el poder con las armas y que estaba claro que los dirigentes revolucionarios nicaragüenses harían lo que quisieran.
Sin embargo, dos cosas les sugirió. Se acuerda Borge que una fue que no implementara el Servicio Militar Obligatorio porque se podía pagar un alto costo político y la otra era que un año después del triunfo hicieran elecciones para ganar autoridad en la comunidad internacional. “Ninguna de las dos cosas hicimos, el Servicio Militar se impuso y Humberto Ortega lo defendió. Fidel siempre fue muy respetuoso, a diferencia de los soviéticos (que querían imponer sus ideas)”, sostiene Borge.
Cuando se le recuerda a Ortega que Castro les había advertido lo del servicio, continúa defendiendo su posición. Para él, era necesario en la realidad nicaragüense. El General explica que Castro en lo que sí les hizo énfasis en que no debían copiar el sistema cubano, que en Cuba había funcionado porque habían las condiciones históricas para el cambio. En Nicaragua no.
“Fidel decía que el SMP no era aconsejable implementarlo en Nicaragua porque iba a tener un rechazo y planteaba que buscáramos otra forma que no fuera el servicio, pero le señalaba que no teníamos otro camino porque en ninguna sociedad de cualquier corte, capitalista o socialista, se podía enfrenta la guerra de forma voluntaria y tenía que organizarse con la ley. El servicio no era el problema, el problema era la guerra”, sigue sosteniendo Ortega 16 años después de la derrota electoral sandinista.
Ese Castro enérgico ahora está enfermo. Han pasado 27 años desde la reunión de las 72 horas y está recién operado. El presidente provisional es su hermano, Raúl Castro, un militar que los críticos dicen salió de la sombra de su hermano. Tomás Borge cree que tiene méritos propios. “Es muy bromista como Fidel y un gran organizador”

“Es bien linda gente, sencillo, bromista, no tiene el carisma ni la estatura física de Fidel Castro, pero es bien aterrizado, no es la imagen del militar que quieren transmitir”, expresa Belli.
¿Qué podría pasar con una Cuba post Castro? ¿Podría seguir Cuba con Raúl en el poder? El general Ortega cree que este país está luchando como cualquier otro en su búsqueda por dar un salto y convertirse en un estado moderno. “Seguramente tienen (el sistema comunista) institucionalizado, pienso que lo mejor es que los cambios no sean drásticos para que no causen disturbios ”.
Belli confía en que logren superar las barreras como un mayor nivel de prensa, movimiento, libertad… A la escritora lo que le preocupa es que el exilio cubano y Estados Unidos conviertan a Cuba en un botín de guerra cuando ellos mismos pueden tener su propio sistema. Ruiz ve poco probable el cambio: “Los regímenes caen cuando hay contradicciones internas”. Cuando le insisto en el tema a Ortega, éste prefiere dejar la política a un lado y recordar al comandante barbudo que cocinó el cambute que en 1978 alguien sirvió en su mesa. "Chico, esto te lo cocinó Fidel", le pudieron decir y Ortega se siente contento al recordarlo. Esa alegría todo en el rostro del General.
Castro censuró. “La piñata” sandinista
En 1996 Castro ya no recibía más a los líderes de la Revolución Sandinista, excluyendo de este “destierro” a Daniel Ortega. Pero en este caso dijo que sí recibiría al comandante Henry Ruiz, del área de finanzas del Partido. Los cubanos acababan de pasar el período especial, un régimen de asusteridad y crisis en tiempos de paz que se ha acentuado desde la caída de la URSS.
“No recibía a los dirigentes porque nosotros después de los 90 hicimos la ‘piñata’. ¿Vos crees que le va a gusta a un hombre tan correcto como él? Hubo comandantes de la revolución que incluso se fueron a hacer negocios a Cuba con aquel brazo solidario que necesitaba apoyo”
Ruiz le pidió ayuda a Castro y éste le dijo que no podían. Estaban en una situación económica difícil. El entonces militante sandinista y ahora del disidente Movimiento Renovador Sandinista, se levantó y le preguntó cuál había sido el principal logro del Gobierno cubano durante este período. Castro lo quedó viendo a los ojos. “Haber estabilizado la moneda”; acotó.
Gioconda Belli, la poetisa nicaragüense que narra un encuentro con el líder cubano que en medios extranjeros titularon el “acoso de Castro”.
**Este reportaje fue publicado originalmente el 27 de agosto de 2006 en la revista Magazine con el titular Fidel y yo.