¿Cómo un ser de apariencia frágil logró causar tanto daño en el Panamericano Sub-14 de México? Nombrado el Jugador Más Valioso del certamen, líder en casi todo, José Aráuz pertenece a esa estirpe de peloteros menudos que castigan sin descanso desde el cajón de bateo, hasta volverse grandiosos.
El muchacho de 14 años, nacido y criado en Puerto Cabezas, en la Región Autónoma del Atlántico Norte, comenzó jugando beisbol en su barrio, siendo un niño, y logró hacer el ruido necesario para que en el Pacífico se hablara de él, hasta ser convocado a selecciones nacionales menores. El talento achica los espacios geográficos.
El mediodía del martes no hubo nadie esperando a José en la recepción del Aeropuerto Augusto C. Sandino. Su familia estaba lejos. Lo único a su lado eran un par de maletas, en una traía su ropa y en la otra guardaba los seis trofeos que ganó en el torneo.
“Mi familia está orgullosa de mí. Ninguno de ellos practica este deporte; sin embargo, yo lo hago con amor”, dice Aráuz, de creencias católicas y estudiante del cuarto año del nivel secundaria en su localidad. “Aún no he pensado qué voy a estudiar cuando termine esta etapa, pero de igual manera sigo trabajando para construirme un buen futuro en el beisbol y en la vida”, confiesa.
Gran cosecha
A manera de resumen se dirá que José Aráuz caminó al podio de reconocimiento seis veces: fue Jugador Más Valioso, Mejor Jardinero Derecho, Campeón Bateador (.550 puntos), Campeón Slugger, Campeón Impulsador (13 carreras) y Campeón Jonronero (4) en el Panamericano Sub-14 de Reynosa.
El compromiso ha llevado a Aráuz a definir sus roles. Por las mañanas asiste a la Escuela Cristiana El Verbo y por las tardes invierte su tiempo entrenando en el Estadio Karen Tucker, de Puerto Cabezas.
“Lo importante es jugar beisbol con amor”, considera el costeño.