El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) alertó esta semana en Buenos Aires, durante la presentación de un estudio anual sobre comercio e integración en América Latina, de la caída de la competitividad exportadora de la región, a tasas superiores al resto del mundo, y llamó a la diversificación.
Lastrado por el fin del “súper ciclo de los commodities” —auge de las materias primas desde principios de los 2000 por la entrada en el mercado de actores emergentes como China—, la incertidumbre a futuro respecto a los tipos de cambio y la inflación, el balance del comercio en la región es negativo y el BID considera que estas presiones llegaron para quedarse.
“Es un panorama que no debe dejar de preocuparnos. Después del agotamiento del súper ciclo de los commodities aparece una América Latina cuyo motor del crecimiento se ha estancado y que tiene que prender todos los motores para relanzar el crecimiento”, sostuvo Paolo Giordano, economista del BID y encargado de presentar el informe acompañado por su colega Alejandro Ramos.
Ese impulso pasa, en gran medida, por una “diversificación hacia las manufacturas”, según Giordano, y por una correcta lectura del impacto de la política cambiaria, en un escenario que se prevé de alta “volatilidad”, no exento de “tentaciones proteccionistas”.
“Ha habido una reprimarización de las exportaciones. América Latina no ha apostado a los sectores más dinámicos del comercio mundial y esa es la gran asignatura pendiente”, ese “debe ser el gran norte de las políticas de desarrollo productivo” para el futuro “inmediato”, recalcó.
El peso de los socios
El experto expuso que “entre 2003 y 2008, antes de la crisis, el comercio (mundial de bienes) crecía a tasas del 16-17 por ciento anual y que ahora está en el -15 por ciento” pero, además, esta retracción “afecta más a América Latina que a otras regiones” e incluso ha tenido un efecto contagio sobre la demanda de servicios.
Esta contracción se explica por factores como la caída de la demanda de “socios muy importantes”, como Estados Unidos, la Unión Europea o China, y afecta no solo al volumen de las exportaciones, cuyo crecimiento se ha desacelerado mucho, sino también al precio de las exportaciones.
Solo Centroamérica y el Caribe, que son importadores de petróleo y productos agrícolas, ven un impacto positivo en el intercambio, según el Monitor de Comercio e Integración 2016.
La retracción comercial tiene un “impacto negativo fuerte sobre la balanza de cuenta corriente de los distintos grupos de países”, detalló el experto, y, en un contexto internacional donde las tasas de interés deberían subir, “expone a los países de la región a cierta vulnerabilidad o a un aumento del costo de financiamiento de los desequilibrios”.
En cuanto a los tipos de cambio, Giordano advierte que se entra este año “en una coyuntura en la cual los tipos de cambio han empezado a moverse de manera relativamente importante”.
“En los últimos días ha habido una fuerte tendencia a la apreciación del dólar posiblemente eso vaya a subir por las expectativas de política económica de los Estados Unidos tanto desde el punto de vista de la política fiscal como de la política monetaria”, prosiguió.
Frente a estudios recientes que apuntan a que el tipo de cambio ya no tiene el impacto en las exportaciones que tenía en el pasado, el BID sostiene que para América Latina “la sensibilidad a las variaciones” aún es “relativamente alta” y que, por ello, las devaluaciones registradas en varios países, como Argentina o Brasil, podrían estimular la competitividad.
Sin embargo, el estudio pone el acento en que la elevada inflación fagocita buena parte del plus que agrega la depreciación.
“También el ambiente político se está volviendo más desafiante para esta agenda de inserción internacional de los países de América Latina”, consideró Giordano en su cierre, algo que no solo por lo que pasa en Estados Unidos sino también en otras zonas del mundo.
Entramos en una fase donde seguramente las relaciones comerciales internacionales van a cambiar, no sabemos
todavía cómo”.
Paolo Giordano, economista del BID.
Pero que, para Giordano, se caracterizarán por el “pragmatismo” sin descartar que se abran nuevas oportunidades para América Latina, como un giro de la mirada de México hacia el sur.
Mejoras muy modestas
A inicios de este mes la Organización Mundial del Comercio (OMC) dijo que prevé un “modesto” aumento del comercio mundial en el cuarto trimestre, según un indicador sobre las perspectivas comerciales publicado por el organismo.
El indicador mostró 100.9 puntos en el nivel de actividad previsto para agosto y desde entonces ha aumentado por encima de la tendencia proyectada, lo que apunta “a una aceleración del crecimiento del comercio en noviembre y diciembre”, señaló la OMC.
Se trata de la primera actualización del indicador desde que fue publicado por primera vez en julio pasado, cuando se situó en 99 puntos, y el resultado está en línea con las últimas previsiones de la OMC del pasado 27 de septiembre, en las que auguraba un crecimiento del comercio de mercancías del 1.7 por ciento en 2016.
Acuerdos comerciales no son “panacea”
En esta coyuntura de “incertidumbre” para el comercio internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo asegura que seguirá, pese a todo, apoyando “la integración tanto adentro de la región como en los mercados internacionales” —trasladó su economista, Paolo Giordano— aunque “tampoco los acuerdos comerciales van a ser la panacea para resolver todos los problemas”.