Adolfo Acevedo

LAPRENSA/ARCHIVO

Las contradicciones de la economía nicaragüense

La economía nicaragüense se caracteriza por su elevada heterogeneidad estructural. Al lado de unidades económicas relativamente modernas y de productividad superior a la media, coexisten cientos de miles de micro unidades de muy baja productividad.

La economía nicaragüense se caracteriza por su elevada heterogeneidad estructural. Al lado de unidades económicas relativamente modernas y de productividad superior a la media, coexisten cientos de miles de micro unidades de muy baja productividad, creadas por la propia población como un medio para la sobrevivencia familiar. Estas últimas generan el 70 por ciento del empleo total.

La gran masa de población que sobrevive de actividades de muy baja productividad, a lo largo del tiempo ha sido excluida no solo del acceso a los factores productivos más importantes, sino también social y políticamente esta exclusión encuentra sus raíces históricas en la discriminación de la población indígena y gran parte de la población mulata en la post-independencia, en condiciones en que esta última, desde finales del siglo XVIII y a lo largo del Siglo XIX, llegó a representar hasta un 51 por ciento de la población total.

El ingreso tiende a concentrarse en los polos modernos, mientras una gran masa de la población sobrevive con ingresos bastante reducidos. Esto determina un mercado muy pequeño y, en presencia de economías de escala, los sectores modernos, que en algunos casos son intensivos en capital, tienden a ser dominados por unas cuantas grandes empresas, que pueden así apropiarse de rentas de monopolio, y por su peso e influencia social y política suelen gozar también de otros privilegios.

Por otra parte, nuestra economía es pequeña y abierta, dependiente de unos pocos productos de exportación —casi los mismos que hace medio siglo— caracterizados por su bajo valor agregado, baja complejidad, limitados encadenamientos internos y reducida elasticidad ingreso de la demanda a largo plazo. En contrapartida, una fracción creciente de los bienes intermedios, de consumo y de capital requeridos para el funcionamiento normal de la economía y la acumulación, deben ser importados.

La contradicción entre unas exportaciones de baja elasticidad ingreso de la demanda mundial y unas importaciones que exhiben una creciente elasticidad ingreso respecto a la demanda interna, solo puede ser solventada en tanto existan las fuentes de financiamiento externo necesarias. En caso contrario, la tasa de crecimiento de la economía compatible con el equilibrio externo a largo plazo estará dada por la tasa de crecimiento de las exportaciones entre la (creciente) elasticidad ingreso de las importaciones.

Dada la tendencia de la economía y el ingreso mundial a crecer mucho más lentamente que en el pasado, la reducida elasticidad ingreso de la demanda de las exportaciones implica que estas tenderán a crecer también más lentamente, y dada la creciente elasticidad ingreso de la demanda de las importaciones, ello tenderá a determinar una tasa de crecimiento de la economía, compatible con el equilibrio externo a largo plazo, mucho más reducida.

Estas contradicciones limitan el tamaño del mercado interno y externo para que la producción doméstica pueda expandirse. En los mercados externos, la reducida elasticidad de la demanda de nuestras exportaciones respecto al ingreso mundial ha hecho que el peso de las mismas se vaya reduciendo década tras década. En el mercado interno, el mismo es dominado crecientemente por los productos importados, de elevada elasticidad ingreso de la demanda.

En el periodo pasado reciente, la economía pudo crecer por encima de su tasa de crecimiento compatible con el equilibrio externo a largo plazo, gracias a eventos en gran medida extraordinarios: el boom de las commodities, el masivo flujo de la cooperación petrolera venezolana, el repunte de la inversión extranjera directa, y fuertes entradas de capital “no determinado”.

Sin embargo, en la actual coyuntura las exportaciones han perdido el dinamismo que les impuso el “boom” de las commodities, la cooperación petrolera ha colapsado, las transferencias corrientes distintas de las remesas también mientras estas últimas ya no crecen a las tasas de 2011-12, y las entradas de capital “no determinado” están reduciéndose.

*Economista

Economía crecimiento economía nicaragüense archivo

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