Al enterarnos de situaciones de salud delicadas con seres queridos, enfrentamos el choque de la negación inicial. Empezamos a recriminarnos, a preguntarnos por qué “esas cosas” nos pasan y a vivir la agonía de pensar posibles efectos primarios de la enfermedad y secundarios de las medicinas.
Quedamos atrapados en un círculo vicioso de miedo-culpa-sentimientos negativos, del cual solo se puede salir con las poderosas fuerzas del amor y la fe. En la práctica no hay culpables. Nadie quiere que las cosas salgan mal. Lo que sí hay es causas, que es necesario entender para tratar de forma adecuada. A uno le corresponde “ser como el faro”, que pese a la tormenta muestra claramente a los barcos el camino a seguir para llegar a salvo a su destino.
Pese a sus avances, la medicina tradicional opera en la mayor parte de los casos “a ciegas”, ya que no entra en la práctica a entender las relaciones bioquímicas que generan procesos de causa y efecto en el interior del cuerpo.
Esta “ceguera de diagnóstico” la lleva a prescribir medicinas a largo plazo producidas para paliar síntomas sin curar causas, generando dependencia/efectos secundarios a pacientes y enormes ganancias a la industria de salud.
Nuevas líneas de pensamiento médico han tratado de encontrar y curar las causas, más que tratar efectos. En la práctica, casi toda enfermedad está originada por un desbalance bioquímico que genera que las células se comporten/sean afectadas de forma negativa, generando procesos que dañan el cuerpo y/o la mente humana.
La medicina ortomolecular identifica desbalances bioquímicos de células del cuerpo mediante análisis de laboratorio, y propone tratamientos de vitaminas y minerales que restablecen el balance y salud que el cuerpo naturalmente debería tener; pero que fue afectado por diversas situaciones de dieta, estrés, elementos nocivos contenidos incluso en elementos de aseo que usamos diariamente.
Soy testigo del poder de tratamientos orto moleculares, en la recuperación plena de salud de seres queridos. Agradezco profundamente el apoyo de “médicos conscientes” de que su principal responsabilidad es ayudar a recuperar de la forma más sana y pronta posible a sus pacientes.
Mi mayor aprendizaje, aplicable tanto a la salud como a la empresa, es que además de identificar y tratar correctamente las causas, es fundamental tener una mezcla de amor y fe a prueba de balas en todo proceso de recuperación.
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