La conformación estructural de la economía de Nicaragua

Pero la magnitud del rezago tecnológico no solo compromete la posibilidad de aumentar la participación de la producción nicaragüense en los mercados internacionales, sino también su capacidad de competir en el propio mercado interno con bienes importados.

La estructura productiva del país es poco diversificada y se caracteriza por su limitada intensidad tecnológica. Cuando un país no logra acumular al menos cierto umbral de capacidades y destrezas tecnológicas y difundirlas a través de su aparato productivo, solo tendrá capacidad de producir un número limitado de bienes, en condiciones de una productividad comparativa muy baja.

Debido a ello, la mayor parte de la fuerza de trabajo permanecerá atrapada en actividades de baja productividad. Por esta razón, la estructura del empleo en nuestro país está dominada por los sectores de menor productividad: el sector agropecuario y el comercio y los servicios informales.

La agricultura, que individualmente es el sector que genera más empleo —un tercio del total—, es el de menor productividad de nuestra economía. A pesar de que algunos cultivos se han intensificado (caña, arroz, maní, tabaco), la mayor parte del suelo y la fuerza de trabajo continúan sometidos a patrones extensivos, en actividades con escasa aplicación de tecnología.

Esta agricultura de baja productividad proporciona sustento a alrededor del 40 por ciento de la población. En las últimas décadas el comercio y los servicios han visto crecer masivamente su participación en el empleo, con amplio predominio del empleo informal, convirtiéndose en los grandes receptáculos de la fuerza de trabajo excedente, de manera que su productividad promedio en estos sectores ha venido declinando hasta casi equipararse con la de la agricultura.

La industria manufacturera no ha visto aumentar su participación en el empleo —apenas 12 por ciento del total— y está dominada por el procesamiento de recursos naturales (carne, lácteos, azúcar) y por operaciones de ensamblaje de baja complejidad tecnológica en la maquila. La inversión extranjera se ha concentrado en sectores intensivos en capital con muy poca generación de empleo, y en algunos casos en sectores de alta elasticidad ingreso como las telecomunicaciones, frecuentemente bajo la forma de enclaves con limitados enlaces con el resto de la economía y por consiguiente no han impactado de manera apreciable en el empleo total ni en la productividad media o agregada ni han generado efectos de “derrame tecnológico”.

Las exportaciones del país son asimismo poco diversificadas y están dominadas por productos de bajo valor agregado y escaso contenido tecnológico, con un creciente peso de los bienes ensamblados en zonas francas (sobre todo textiles y arneses para vehículos).

Este tipo de productos pueden competir en el mercado externo fundamentalmente con base en la explotación intensiva de los factores más abundantes y baratos, particularmente la fuerza de trabajo y los recursos naturales.

Pero la magnitud del rezago tecnológico no solo compromete la posibilidad de aumentar la participación de la producción nicaragüense en los mercados internacionales, sino también su capacidad de competir en el propio mercado interno con bienes importados. Esto explica la creciente participación en las importaciones del país de bienes de consumo no duraderos relativamente sencillos, cuya producción no requiere de un gran aprendizaje tecnológico.

Dada la pobre capacidad tecnológica del país y la consiguiente escasa diversificación y articulación de su estructura productiva, deben importarse no solo gran parte de productos de consumo no duradero de baja complejidad tecnológica, incluyendo algunos alimentos, y los productos manufacturados de media y alta tecnología, sino también la mayor parte de los insumos y bienes intermedios y bienes de capital. Esta conformación estructural de la economía es la que condiciona las posibilidades de aprovechar o no el periodo que resta el bono o dividendo demográfico.

El fuerte crecimiento de la población en edades productivas que conlleva el bono demográfico, y el crecimiento de la participación laboral femenina, no están encontrando acogida en empleos de elevada productividad y remuneración. Por el contrario, en su mayoría está encontrando refugio en empleos de muy baja productividad, equivalentes al subempleo, principalmente en la agricultura, el comercio y los servicios informales.

(*)Economista
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Economía Adolfo Acevedo Vogl economía de Nicaragua archivo

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