Querida Nicaragua: En 1938 tenía yo 7 años y fue en esos días cuando conocí a un angelito. No imaginario como el que me había enseñado mi madre cada noche en la ternura de la cuna: “Ángel de la guarda mi fiel compañía no me desampares ni de noche ni de día…”, sino un angelito de unos 11 años que pasaba frente a mi casa casi todos los días.
Era una muchachita pequeña de estatura, vestida de blanco, peinada de trenzas, que pasaba haciendo fila con otras compañeritas del colegio. Era en nuestra Ciudad Segovia, (Ocotal). Apenas saludaba y cuando lo hacía se sonrojaba y bajaba los ojos. Mama, le decía a mi madre, esa niña es como un angelito, esa niña va a ser monja. Y con el tiempo fue creciendo la idea de que aquella niña que se había vuelto adolescente, seguía siendo una personita especial, un ángel, alguien que había nacido para servir a Dios.
Aquella niña se llamaba Lolita Dubón y un día de tantos ella hizo falta en la fila, no le vimos más. Yo me vine a estudiar a León y la perdí de vista por largo tiempo.
Un día de tantos pregunta por mí una monjita llamada sor Guadalupe. Como estoy en una reunión salgo a recibirla a la recepción. Al solo verla le dije: vos sos la Lolita Dubón. Soy sor Guadalupe Dubón me dijo, Madre Josefina, nuestra Orden está dedicada a educar a las niñas, hacer caridades y atender enfermos en los hospitales.
Era la misma Lolita con su hábito de blanco, la misma carita de ángel y tenía como yo las huellas imborrables de los años en la tercera edad. Cuando me visitó el año pasado las Hermanas Josefinas estaban cumpliendo su centenario de existencia, cien años de amor al servicio de la humanidad iniciados por la sierva madre Cesarita Ruiz de Esparza y Dávalos, fundadora de la Congregación de Hermanas Josefinas de México.
Como sor Guadalupe Dubón se encuentran sirviendo al Señor en Nicaragua unas 80 madres que realizan labores educativas en las escuelas, preparando a una juventud que será orgullo de la patria nicaragüense, igualmente realizan obras de caridad por todo el país y se dedican a la atención de los enfermos. Antes de los años 70 las Hermanas Josefinas tenían mucha presencia en los hospitales. Recuerdo haber visto en los años cincuenta cuando alguna vez tuve que acompañar a familiares o amigos enfermos, cómo las madres se entregaban en cuerpo y alma a cualquier hora de la media noche a atender con especial solicitud y caridad a los enfermos en aquellos tiempos, cuando no se disponía de los instrumentos y sistemas modernos que usan hoy los hospitales.
Silenciosamente las Hermanas Josefinas han realizado sus trabajos durante más de 100 años. Ahora están cumpliendo 101 de haber llegado a Nicaragua. Una muestra del trabajo en evangelización y educación lo podemos ver en el barrio Jorge Dimitrov, uno de los sitios más peligrosos e inseguros de Managua. Sin embargo las personas del barrio se sienten contentas de que sus hijos puedan recibir las enseñanzas de estos ángeles como les llama un reportaje publicado el pasado sábado en este mismo diario.
Madres como estas, ángeles de estos deberían ser requeridos en los hospitales de las ciudades nicaragüenses, donde mucha gente se queja de falta de personal y de atención. Si hay lugares en donde se puede ejercer la virtud de la caridad esos son los hospitales, y si hay hermanas dispuestas a entregarse al Señor Jesús sin esperar estipendio alguno, esas son las madres Josefinas, esos ángeles como la Lolita Dubón o sor Guadalupe Dubón que han entregado su vida al servicio del prójimo, tal como lo pide el Señor Jesús.
Ángeles tenemos, no despreciemos la ayuda que quieren darnos.
El autor es gerente de Radio Corporación y excandidato a la Presidencia de la República en 2011.