Ate no debería estar en la Tierra, entre los hombres, induciéndolos al mal y a causarse daño unos a otros. Sin embargo lo está, porque tal fue la voluntad de Zeus, según veremos más adelante.
Ate (que significa “Ruina”, “Insensatez”, “Engaño”) es una divinidad maléfica que perturba el espíritu de los hombres para que se procuren su desgracia y dañen a los demás.
Se conoce que la mesura es la virtud que hace al hombre digno, ecuánime y feliz. Pero Ate lo induce a la Hibris, o sea la desmesura, el orgullo desmedido, la soberbia y la prepotencia. Con lo que causa daño a los demás pero al mismo tiempo se labra su propia desgracia, o la de sus descendientes.
Cuando se dice que los dioses ciegan a quienes quieren perder, significa que Ate se apodera del espíritu humano del hombre para confundirlo e inducirlo al mal. Es como el demonio o diablo de las creencias cristianas cuya función es inducir a los humanos a que cometan pecado y hagan mal a los demás, y en sus redes perversas caen muchos a menudo.
Homero menciona a Ate en el Canto XIX de La Ilíada como hija de Zeus pero no dice con quién este la engendró. Pero Hesíodo, el genealogista de los dioses griegos hace a Ate hija de Eris, diosa de la discordia. En la Teogonía, lo canta y cuenta Hesíodo de la siguiente manera:
“Eris, odiosa, dio a luz al Trabajo penoso, al Olvido, al Hambre y también a los Dolores lacrimosos, a las Refriegas, los Combates, las Matanzas y los Homicidios, a las Riñas, los falsos Discursos y las Discusiones, a la Ilegalidad, a Ate, unidas recíprocamente a Horco (Juramento), que a los hombres que están sobre la tierra mucho daña, cuando alguien, gustoso, hace un juramento falso…”
Pero, ¿por qué Ate tuvo que venir a la Tierra, a andar flotando “sobre la cabeza de los hombres”, como dice Homero, e inducirlos al mal? La historia es así:
Zeus, haciéndose pasar por Anfictión, esposo de Alcmena, la embaraza de un bebé que al nacer se llamará Hércules.
Zeus promete que este hijo suyo y de Alcmena será rey de Argos, pero solo si nace antes que el hijo de Esténele, quien gestaba en su vientre un bebé que se llamaría Euristeo. Además, dispone Zeus que quien nazca primero tendrá dominio sobre el segundo y lo obligará a cumplir todas las órdenes y tareas que le ordene, por muy difíciles y desagradables que fuesen.
La chismosa Ate cuenta a Hera —la celosa y enojadiza esposa de Zeus—, lo que este ha dispuesto sobre el hijo que Alcmena le tendrá. Hera odia a Alcmena por haber sido poseída sexualmente por Zeus, aunque tal relación hubiese resultado de un engaño. Y al odiar a Alcmena, Hera odia también al hijo que la mujer de Anfictión lleva en sus entrañas.
Entonces por influencia de Hera, Esténele alumbra antes que Alcmena, de manera que Hércules no será rey de Argos y tendrá que someterse a las órdenes de Euristeo. Este es el origen de las famosas 10 tareas de Hércules, a las que el autor nicaragüense Salomón de la Selva agrega en su novela Ilustre familia, un decimotercera que llama Tratado de la Lujuria, porque se refiere a la relación sexual del héroe con las cien hijas de Tespio, de manera consecutiva, una cada noche.
Antes de eso, Zeus, desde que supo que la chismosa Ate había ido con el cuento a Hera se enfurece y descontrola, toma a Ate por los cabellos (su cabellera era abundante y hermosa), la sacude con sus brazos poderosos y la arroja desde lo alto del cielo contra la tierra, condenándola a vivir entre los humanos para siempre, dedicada a inducir el mal entre los hombres.
Ate cae en un punto determinado de la tierra, en el Asia Menor, cerca de donde estuvo la ciudad de Troya que fue arrasada por los griegos, pero por voluntad de Zeus tendrá que andar siempre en el aire. Ate no tiene lugar fijo de residencia, siempre anda de arriba a abajo, revoloteando a la altura de la cabeza de los hombres para introducirse en sus conciencias e inducirlos a cometer el mal.
De modo que los verdaderamente castigados por la falta de Ate han sido los seres humanos, no la divinidad maléfica que más bien goza tentándolos e induciéndolos al mal. Y como los designios de los dioses son inescrutables, nadie puede saber por qué Zeus eligió ese “castigo” para Ate.