La espontánea y casi eterna sonrisa del padre Carlos Martínez quedará presente en la mente de muchos feligreses, por su carisma y alegría, que fue una de sus características, que le valió el aprecio general del pueblo de Masaya desbordado para despedirlo desde su féretro.
La iglesia San Sebastián del colegio Salesiano resultó pequeña para las personas que abarrotaron la misa de cuerpo presente que fue presidida por el cardenal Leopoldo Brenes, quien destacó el carisma y la entrega al prójimo del padre Martínez hasta sus últimos momentos.
“No sólo es una pérdida para la feligresía, sino para nosotros como clero, porque fue un sacerdote que supo transmitir su alegría, sencillez, fue un apóstol de la Eucaristía, y un apóstol del sacramento de la reconciliación”, enfatizó el cardenal.
Comentó que unos sacerdotes le habían dicho que hace unos días el padre Carlos Martínez fue a visitar a unos enfermos, y que le cayó la lluvia, de regreso llegó remojado, en la noche se sintió bastante afectado de salud y al parecer de esa forma vino su decaída.
“Yo siempre lo voy a recordar por su sonrisa contagiante. Hace poco estuve aquí en el Salesiano (de Masaya), cenamos juntos en una actividad, siempre era un sacerdote de buen apetito como decían los padres, comía todo lo que le servían. Yo me quedo con el recuerdo que fue un hijo de Don Bosco, un sacerdote sencillo que nos dio testimonio de amistad y de cariño”, recordó Brenes.
Luego de la misa, las personas se acercaron al féretro para despedirse entre lágrimas y cantos. Muchos estudiantes salesianos le dieron el último adiós con el canto oficial de Don Bosco, en un acto muy emotivo. Fue sacado del templo y trasladado a Granada, su ciudad natal, en donde le dieron cristiana sepultura.