Ese muchachito que de pequeño vendía agua helada y tortillas por las calles de la capital mantuvo sus objetivos a la vista, no solo era el de jugar beisbol con bola de calcetín en medio del polvo y con un palo funcionando como bate, sino que logró estudiar una carrera técnica en mecánica y luego de dos años ejerciendo esa profesión, decidió saltar a la incertidumbre del deporte, ya no sería más un hobby, sino que su función principal: el mundo del beisbol.
Urbina es un pequeño “Tiburón”, debutó a los 24 años con el equipo de Granada, sin imaginarse que 12 años después habría empatado a Ernesto López con más empujadas en una campaña en el octavo puesto con 95, y ahora con 20 partidos por disputarse, podría alcanzar las 111 también de Ernesto López, porque pensar en las 117, el récord que posee el mismo López desde 1978, es casi imposible.
MUY SACRIFICADO
“Para mí la vida no ha sido fácil, pienso que para ser alguien uno debe pasar por muchas pruebas, agradezco a Dios porque me ha ido bien este año y junto a mi familia disfrutamos este momento”, dice Urbina, padre de una hija adolescente y un infante que pasa todo el tiempo en el estadio con él.
Es viernes por la noche y Juan Carlos Urbina se prepara para salir al campo. Sus compañeros lo molestan, pero él solo sonríe. Cuando llega su primera oportunidad en el plato, deja pasar dos lanzamientos fuera del cajón de bateo y luego una recta cerca del pecho le hace señas para que la golpee, Urbina lo hace y conecta un elevado profundo al jardín central y empuja una carrera más, en otras circunstancias el rey de las empujadas en esta campaña no hubiera tenido disciplina.
A pesar de ser uno de los jugadores clave del equipo capitalino en los últimos años, Urbina tenía la imagen de ser alguien poco selectivo, le tiraba a los lanzamientos que aún no soltaba el pitcher.
“Tanto Rafael Mendoza y Jorge Luis Avellán me han ayudado a corregir y a ser más selectivo, también me he entregado y eliminé el swing de jonrón, trato de hacerlo lo más tendido posible”, explica Urbina, pero a pesar que ha olvidado el swing de vuelacerca tiene 16 en esta campaña, y está colocado a dos jonrones de los 100.
“Uno siempre se pone metas y es terminar sobre las 100 carreras empujadas y 100 jonrones en mi carrera. Al inicio los cuadrangulares se veían distantes, estaba a 18, pero ahora que estoy cerca confío en Dios que lo lograré”, relata el pelotero que a sus 36 años indica estar mejor que nunca.
Cuando se le pregunta cuántos años le quedan en el beisbol sonríe y dice: “los que Dios quiera”. Urbina siempre que se ve en el espejo siente que cumplió su sueño y el de su mamá, quien desde atrás del radio o la televisión vive el éxito de su hijo. Las tortillas y el agua helada son cosa del pasado, en su presente le pagan por repartir pesadilla a los lanzadores contrarios.

