Yo llevé con orgullo la estrella blanca

Miles de nicaragüenses llevamos con orgullo a todos los barrios de Managua y a los más remotos municipios de Nicaragua, la estrella blanca del PLI.

Miles de nicaragüenses, entre los que me cuento yo, llevamos con orgullo a todos los barrios de Managua y a los más remotos municipios de Nicaragua, la estrella blanca del PLI en nuestras gorras y al lado izquierdo de nuestras camisetas.

Lo hicimos como liberales independientes que somos y por esos mismos principios liberales que gravitan alrededor de una sola palabra, libertad, que enaltece al ser humano. Creímos firmemente en que este partido, que se distinguió en las luchas contra las dictaduras, sería un vehículo idóneo para conquistar el poder y devolver a Nicaragua el estado de derecho, una república como la que visualizó mi padre con su famoso grito de batalla.

En sus 72 años de existencia, el PLI nunca había tenido un desempeño electoral como lo tuvo durante las elecciones generales del 2011 al extremo que contra toda adversidad y fraude señalado por los observadores internacionales, logró el voto de 778,889 nicaragüenses equivalentes al 31 por ciento del electorado.

Ya no más. La historia está llena de ejemplos de partidos que tienen su mejor momento bajo un liderazgo que los hace brillar y si bien es cierto que los partidos siguen más allá de la vida de sus líderes, son los líderes los que forjan los partidos y los hacen brillar, o que con sus errores los condenan al anonimato y los vuelven intrascendentes.

Quizás el ejemplo más connotado es el del Partido Conservador de Nicaragua en tiempos de Fernando Agüero Rocha, un partido que realmente fue una alternativa cívica y electoral a la dictadura somocista, hasta que el mismo líder que lo engrandeció, pactó con Somoza en el pacto llamado “Kupia Kumi” (todos en un solo corazón, en miskito). Este pacto permitió el triunvirato 1972-1973 y que Anastasio Somoza Debayle pudiera constitucionalmente postularse a un nuevo período presidencial en 1974.

Fue mi padre, el que había engrandecido la figura de Agüero desde las páginas de LA PRENSA, quien se encargó de acabarlo con una campaña sin tregua librada desde las páginas del mismo diario, de tal manera que el Partido Conservador pasó a la historia con Agüero.

Tenemos otros ejemplos recientes, como el ALN, un partido que bajo el liderazgo de Eduardo Montealegre como candidato a la Presidencia en el 2006 obtuvo 650,879 votos, quedando como segunda fuerza nacional. Pero este mismo vehículo electoral, con Enrique Quiñónez de candidato en el 2011 perdió el 98.5 por ciento de sus electores logrando captar apenas 10,003 votos, equivalentes al 0.4 por ciento de la votación.

Hoy por designación de cinco votos de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia en la sentencia 299, el PLI ha cambiado de representante legal, y así como ha ocurrido en el pasado con otros partidos como los ejemplos anteriores, así será el cambio del electorado, de quienes ya no sentirán el orgullo de llevar en su frente la estrella blanca.

Ese es destino previsible, porque el nuevo presidente del PLI y candidato oficial de este partido a la Presidencia y su nueva Junta Directiva parecen más enfrascados en controlar los asientos de la Asamblea Nacional —que por la voluntad soberana de los votantes opositores en el 2011 ocupamos los diputados que corrimos con orgullo bajo la estrella blanca— que en hacer campaña para ganar nuevos adeptos.

No lo hemos visto rodeado de la gente en los barrios ni en los municipios más remotos del país,  ni él ni si nueva Junta Directiva han sido capaces de demostrar con hechos, que merecen el respaldo y reconocimiento de todos los opositores.

Mas bien sus actuaciones erráticas y contraproducentes se han destacado en los medios pero no precisamente porque han logrado capitalizar las simpatías de los miles que nos afiliamos al PLI en razón de su trayectoria y sus principios ni mucho menos de los cientos de miles de ciudadanos indiferentes y apáticos a quienes hay que enamorar realmente para llevarlos a votar. Un partido se hace sumando, no restando.

Nosotros no hemos cambiado de opción política solo porque no reconocemos un liderazgo postizo, impuesto. Seguimos siendo liberales y muy, pero muy independientes.
El autor es diputado electo bajo la bandera del PLI opositor.

Columna del día Opinion PLI archivo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí