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Un gran hueco en la barriga

La mesa estaba servida en grandes platos, había pollo bien adobado, gallo pinto, mientras las verduras y ensaladas lucían sus más bellos colores en otros platones, el olor era delicioso y casi abrumaba y lo mejor era el postre, un helado bañado de chocolate

La mesa estaba servida en grandes platos, había pollo bien adobado, gallo pinto, mientras las verduras y ensaladas lucían sus más bellos colores en otros platones, el olor era delicioso y casi abrumaba y lo mejor era el postre, un helado bañado de chocolate.

Quien servía la mesa era un hombre adulto, pues no le gustaba que le dijeran viejo a sus 76 años, pero para sus nietos la carencia de cabello en el frente del rostro y el cabello canoso a los lados los hacían pensar que su abuelo tenía cientos de años.
El abuelo sonrió cuando vio la mesa y muy entusiasmado llamó a sus dos nietos de 6 y 8 años a comer, pero ellos distraídos frente al televisor, respondieron al abuelo: “No tenemos hambre”.

El abuelo les pidió que apagaran la televisión y les dijo: “Saben ustedes lo que es el hambre. ¿Qué es el hambre?”
Los niños le dijeron “ay abuelo, es no tener ganas de comer”

El abuelo, los observó y les dijo: “No, no tener ganas de comer no es hambre, el hambre es un hueco tan grande y profundo en tu estómago que parece que te hundirás en él y flotarás sin cesar, en ese vacío”.

Los niños se asombraron de la voz profunda de su abuelo que sonó como un retumbo en la pequeña salita. “¿Abuelo has sentido hambre?, ¿has tenido ese hueco?”
Y el abuelo les dijo sonriendo: “Como ustedes no sienten hambre y yo no como solo, ¿quieren que les cuente una historia?”

Los niños se sentaron frente al abuelo y la historia comenzó así:
Un niño que se llamaba Julián.
—¿Como vos abuelo?
—Sí, pero no interrumpan.

Este niño Julián era muy alegre, vivía en el campo, subía a los árboles y siempre ayudaba a sus padres que eran pobres y vivían de lo que producían en las tierras de una pequeña finca. A Julián le encantaba el agua, pescar, nadar y saborear las frutas.

Pasó que durante mucho tiempo, Julián no recordaba si un año o dos no hubo nada de lluvia, había algo que se llama sequía.

Su papá se fue a la ciudad a trabajar y desde allí mandaba cada mes dinero para que pudieran comprar algo de comida, pero con la sequía cada mes todo subía de precio, y la comida que antes compraban y les duraba un mes, ahora no duraba ni una semana, pues era muy poca.

Julián veía como él, sus hermanos y su mamá cada día estaban más flacos, su mamá comenzó a usar un cordón para sostener su falda y que no se le cayera, sus hermanos y amigos ya no tenían ni ganas de jugar.

Llego un día en que Julián se fue a la cama sin comer, su mamá solo les dio una taza de agua caliente con hojas de guayaba y fue la primera vez que Julián sintió esa sensación de vacío, de tener un gran hueco en el estómago y era tan grande que casi podía imaginar sus tripas estirándose y encogiéndose por el sonido que hacían y finalmente podía imaginarlas perdiéndose en el gran hueco.

A la mañana siguiente Julián decidió que debía hacer algo para ayudar a sus padres y llevar algo de comida a la casa y dijo: “Ya sé, voy a pescar”.

Buscó gusanos por toda la propiedad, los sacó de debajo de las piedras, y se fue a un estanque que parecía casi seco, todo cubierto de algas.

Separó las algas y lanzó su anzuelo con el gusano y entonces un pez lo mordió de inmediato. Julián estaba emocionado pero cuando le soltaba el anzuelo, el pez le dijo: “No me comas niño, si me matas nadie cuidará mis huevecillos, entonces cuando el agua regrese mis hijos estarán solos y no sabrán qué hacer”.

Julián lo liberó, pensando en lo desesperada que estaría su mamá si él y sus hermanos se quedaran solos.
Una vez en el agua, el pez le dijo: “Como has sido bueno y no habrías venido a pescar si en tu casa hubiese comida, te daré un secreto. Ves esas algas que están allí, pues bien sácalas y lávalas bien, prepara una ensalada con ellas, son nutritivas y te ayudarán”.

Julián arrancó las algas y las llevó a su casa y su familia las comió y esa noche no sintió tan grande el hueco en su barriga.
Aunque había muchas algas Julián pensó que no sería bueno comerlas todas de una vez, entonces se fue al gallinero y vio a las tres gallinas que quedaban y dijo buscaré huevos para comer, cuando sacaba el huevo del nido, una gallina se puso a la par de él y muy enojada le dijo:

—Deja ese huevo allí donde está —dijo la gallina amenazadora.

Julián le dijo: “Es que tenemos un gran hueco en la barriga y tenemos que comerlo”.
—Deja mi huevo y te daré un secreto —le dijo la gallina.

Julián dejó el huevo en el nido y la gallina se acostó para empollarlo y le dijo, las gallinas sabemos dónde guardó tu papá varios sacos de maíz para sembrar y darnos de comer, pero mientras nuestros huevos nacen ustedes podrían tostar ese rico maíz y después molerlo para hacer algo que se llama pinol, es una bebida que se puede beber caliente o fría y los llenará, no te preocupes por nosotras que rascamos aquí y allá y siempre encontramos comida, pero no te comas estos huevos que si te los comes no tendrás después gallinas.

Julián hizo lo que la gallina le dijo y esa noche en su casa bebieron pinol endulzado con miel de abeja que su mamá sacó de un panal.

Como ya tenían más ánimo, Julián le dijo a su mamá y hermanos que hicieran un canal para llevar aunque fuese una poca agua del estanque del pez a la orilla y con su mamá sembró el maíz que había sobrado, después de hacer el pinol.

Todos los días, los animales le ayudaban a Julián a hacer algo para comer porque él siempre sentía miedo del gran hueco en la barriga y los sonidos que de ella salían. Así que fue al monte a buscar cómo cazar un venado y allí el venado le dijo que lo dejara vivir y lo llevó al centro del bosque donde Julián comió de las frutas que los pájaros y monos comían. Pasaron así varios meses y por fin un día llovió.

El papa de Julián regresó de la ciudad y vio que en su casa había peces, gallinas, huevos y mucho maíz a pesar de la sequía.
Julián compartió sus experiencias con sus vecinos y a nadie le faltó comida y nadie sintió ese hueco en la barriga que se llama hambre.
—Han sentido ese hueco niño.
—No abuelo nunca, pero ya tenemos ganas de comer.

El abuelo se fue con los niños a lavar las manos y cuando se sentaron a la mesa, uno de los niños le preguntó al abuelo: —Abuelo ¿aún te da miedo sentir ese hueco en la barriga?

Y el abuelo respondió: —Sí porque cuando se ha sentido una vez, se teme sentirlo de nuevo por eso siempre procuro que haya comida en la mesa y doy gracias por tenerla y no la desperdicio.
—Sí abuelo recordaremos que solo serviremos lo que nos vamos a comer, ojalá menos niños se acuesten sin sentir ese hueco en la barriga.

Cultura Cuento hambre hueco archivo

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COMENTARIOS

  1. Jorge Brenes
    Hace 10 años

    muy lindo … me gusta mucho… felicidades y sigue asi… besos te quiero mucho…

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