La orden de Ortega a sus operadores judiciales de eliminar, para las elecciones del 6 de noviembre, al Partido Liberal Independiente (PLI) y con ello a la Coalición Nacional por la Democracia, y evitar al rival más incómodo, podría tener su razón de ser en el temor fundado de perder las elecciones, recordando el trauma histórico de 1990, cuando todas las encuestas lo daban como favorito, pero el pueblo se las supo desquitar cuando ya estaba frente a la urna y triunfó doña Violeta.
Quedó curado Ortega de las encuestas y de las opiniones que los nicaragüenses dicen a los encuestadores, y sabe que cada ciudadano a la hora de emitir el voto está muy claro de lo que quiere o no quiere para su país, y sabe usar el arma cívica del sufragio.
Claros están ahora todos los sectores del país, sociedad civil, Iglesia, empresarios, los ciudadanos y sus organizaciones políticas y sociales, de que las elecciones libres son el mecanismo pacífico y civilizado para elegir las autoridades de gobierno, por eso las han demandado, por eso han pedido observadores electorales tanto nacionales como internacionales, y por eso ha sido unánime la condena a la resolución de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) sacando de la contienda electoral al PLI y a su Coalición para acomodar las elecciones a su gusto.
Pero podríamos profundizar más, y afirmar que después de las derrotas populistas de Argentina, Venezuela y Bolivia, y en parte Brasil, el régimen de Ortega era el siguiente posible a caer, y su tendencia interna radical, más sus asesores cubanos, y amigos de los regímenes derrotados le demandaron que a sangre y fuego se mantuviera en el poder, que no podía terminar este dominó populista en Nicaragua, y que eliminara todo riesgo de perder las elecciones o salir bastante dañado, y vino la inaudita sentencia de sus operadores para apartar el peligro de perder las elecciones.
Pero si queremos ir más allá, no podemos olvidar que Ortega busca un objetivo estratégico basado en su dictadura, su ideología y sus ambiciones dinásticas, que acompañado por Rusia y China busca ser un factor de geopolítica mundial estableciendo en Centroamérica un bastión anti USA, político, militar y económico, que satisfaga sus ambiciones de poder y enriquecimiento.
Esa idea del bastión anti USA estuvo concebida por esas potencias con Hugo Chávez a nivel de América Latina, pero hemos asistido al derrumbe espectacular de dicho proyecto expansionista, ahora en agonía con un Maduro en crisis terminal por su modelo populista desastroso.
Ortega tiene que defender su proyecto expansionista y militarista con sus aliados, y las elecciones son un gran peligro de que todo esto quede a medio camino o se acabe, y por eso cerraron la posibilidad de unas elecciones libres, por eso el brutal ataque a los observadores internacionales que querían venir, y por eso quieren la eliminación del PLI y la Coalición para dar lugar a que compitan en las elecciones solo los colaboracionistas, y no poner en peligro los planes de Ortega y aliados, asegurándose otros cinco años más en el poder.
Necesitan más años en el poder para seguir en sus planes expansionistas, las elecciones libres son un estorbo que cada vez las eliminan con más radicalidad y brutalidad. Todavía en las elecciones pasadas permitieron observadores electorales internacionales, pero esta vez mejor no.
Pero el error garrafal de Ortega es pensar en su estrategia como si la realidad mundial no fuera cambiante, como si las luchas de los pueblos hoy no están enmarcadas por avances en la información y la comunicación, como si él es eterno, como que la historia de la propia Nicaragua no ha señalado cómo terminan las dictaduras y los dictadores, y sobre todo olvida cómo ha respondido el pueblo de Nicaragua cuando le han querido imponer a sangre y fuego estructuras opresoras incompatibles con la dignidad de la persona y las ansias inmanentes de todo ser humano de vivir en libertad.
El autor es dirigente socialcristiano y exembajador de Nicaragua en Alemania.