Sobre la masacre en Orlando
El asesinato de 49 personas en una discoteca en Estados Unidos (EE.UU.) me permite hacer varias observaciones:
1) Las discotecas no son lugares seguros. Es cierto que algunas personas van a divertirse sanamente, pero otros llegan a drogarse, a emborracharse, a pelear y hasta a matar y a violar a la que se pasa de tragos o le dan un sedante en la bebida.
2) Hay personas que ingenuamente piensan que para que haya mayor seguridad, se debe prohibir la venta de armas de fuego, pero ¿acaso los criminales y los terroristas no las conseguirían en el mercado negro? Las leyes solo las siguen las personas decentes; a los delincuentes y a los fanáticos religiosos no les interesan. Por lo tanto, una ley de papel no te protegerá a la hora de un ataque, pero portar un arma de fuego puede salvarte la vida o evitar ser la víctima de un violador o de un ladrón.
3) Es fácil para políticos, como Barack Obama e Hillary Clinton, decir que lo mejor es prohibir la venta de armas de fuego cuando ellos caminan con guardaespaldas armados hasta los dientes. ¿Y las personas comunes cómo nos protegemos? Las matanzas en las escuelas y en las universidades estadounidenses desaparecerían casi totalmente o disminuirían dramáticamente si se les permitiera a los profesores portar las armas de fuego dentro del colegio o del campus universitario. Los asesinos solo atacan a los que saben que se encuentran indefensos y desarmados.
4) Las personas que aman la paz y la libertad no buscan problemas, pero los criminales y los extremistas islámicos no les dejan más alternativa que defenderse de la mejor manera posible. Hasta el mismo Jesús aconsejó a sus discípulos que compraran una espada para cuando la persecución contra ellos se intensificara (Lucas 22:36). EE.UU. tiene que ser más cuidadoso a la hora de examinar quién es permitido ingresar a su territorio, especialmente a aquellas personas que proceden de países musulmanes donde hay presencia de terroristas y monitorear bien a sus ciudadanos (como el carnicero de Orlando que era nacido en EE.UU., de ascendencia afgana), que levanten sospechas de cualquier actividad peligrosa.
José Ramón Quiñónez.
¿Votar o no votar?
A los ciudadanos nicaragüenses que no pertenecemos a ningún partido político, pero que representamos gran porcentaje de la población, se nos presenta la interrogante de que si vale la pena ¿votar o no? Resulta contradictoria y recurrente, en principio porque tenemos el derecho de hacerlo como ejercicio democrático, cívico establecido en la Constitución Política, como proceso del desarrollo del país en pleno goce de la democracia.
Desde antaño pocas veces los gobernantes representan verdaderamente los intereses de toda la patria, razón por la cual nunca hemos podido crear un plan de desarrollo nacional que sea integral y sostenible en el que participen la mayoría de los nicaragüenses sin discriminación alguna. Por otro lado en la realidad que vivimos hoy, aun cuando nos decidamos por ese deber o derecho a votar no podemos obviar que nuestro Consejo Supremo Electoral no es creíble, lo cual no garantiza nuestro derecho al voto ni a nuestra libertad de elección como nación, complicándonos cada vez más la posibilidad de desarrollarnos dentro de un proceso democrático pacífico, que es el único que nos puede llevar a los grandes cambios que necesita Nicaragua no solo como nación sino también por democracia.
Contrario al poder absoluto y totalitario del Gobierno actual vemos a una oposición siempre fragmentada, débil, a veces sin coherencia y sin propuestas reales y concretas para dar salida a los grandes problemas. Nos encontramos frente a esa paradoja de tener el poder de decidir el rumbo de nuestra patria a través del voto soberano, a la vez la incertidumbre, la falta de garantías de que se nos respete por derecho constitucional, la libertad de elegir lo que la mayoría opte. No obstante, en medio de toda esta triste realidad, lo que ha sido el mayor de los temores para todo gobierno que se quiere perpetuar en el poder es precisamente el pueblo débil e indefenso que vive en medio de tanto atropello y obstáculo, pero que cuando dice: hasta aquí, no aguanto más, es el más valiente y feroz guerrero por defender su libertad, contrario a nuestra cultura política nicaragüense que gira y no avanza.
El pueblo unido es capaz de vencerlo todo, de tal forma que en medio del retroceso democrático el voto representa una opción de unirnos como pueblo y es a lo último que podemos renunciar como una esperanza para luchar por resolver la falta de empleo, el alto costo de la vida, el bajo poder adquisitivo, mejorar los niveles de educación, salud, producción agropecuaria, libertad de expresión, etc. Recordemos, no hay democracias perfectas, no hay dictaduras buenas ni malas, todas son abominables.
Lenin Duarte.
Pastora y su jefe deben pagar a Costa Rica
Los nicaragüenses tenemos que despertar y parar con los abusos que a diario cometen los funcionarios de este gobierno sandinista. Desde el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro hasta hoy nos ha tocado pagar los miles de millones de dólares en concepto de abusos de la dictadura sandinista, confiscaciones de propiedades de nicaragüenses y extranjeros, por las miles de armas rusas que trajeron a nuestro país en los ochenta, y ahora nos tocará pagar los seis millones de dólares a la hermana república de Costa Rica por los abusos que funcionarios de este gobierno cometieron en contra de la flora y la fauna en territorio tico.
Los artículos 131 y 153 de nuestra Constitución Política expresan que los funcionarios públicos son responsables de sus propios actos, de sus propios delitos y abusos de poder, entonces quien debiera pagar esos seis millones de dólares a Costa Rica debería de ser Edén Pastora Gómez y su jefe inmediato y no el pueblo de Nicaragua con sus impuestos. No debemos de seguir pagando los abusos de los funcionarios de este gobierno.
Máximo M. Castillo (Mexicano).
Cristianos, musulmanes y tartas para gais
Un video viral filmado por Steven Crowder, en el que varias pastelerías musulmanas se niegan a preparar tartas de boda para parejas del mismo sexo, demuestra que solo los creyentes cristianos sufren persecución ideológica por parte de leyes homosexualistas. Estos musulmanes no fueron demandados nunca por homosexuales “ofendidos”, a diferencia de los propietarios de negocios de fotografía, hospederías, floristerías o restaurantes, que por socavar sus principios cristianos, no aceptaron estos encargos y fueron víctimas de represalia en forma de multas, prisión o cierre de su empresa.
Crowder añade que estos cristianos no se niegan a servir a los homosexuales por su condición sexual, sino que ejercen su derecho a la objeción de conciencia de no participar en una actividad específica, como el llamado matrimonio gay, con el que su fe no está de acuerdo. Esto queda demostrado en el hecho de que, en cambio, no le niegan a ningún gay prepararle una tarta de cumpleaños.
Sin embargo, hay que concluir, que, la implacable militancia homosexual declara con sus actitudes que: “Si alguien no está de acuerdo con mis valores, entonces yo tengo la capacidad de asegurar que ese alguien quede arruinado, se enfrente a prisión, o no pueda volver a trabajar gracias a las leyes ‘antihomofobia’ que me amparan”.
La persecución de los hijos de Mahoma a los cristianos sigue cruentamente en Oriente, mientras que en Occidente son los propios países cristianos quienes denigran a los mismos por ser fieles a la religión que el hijo de Dios vino a fundar y que merece ser respetada solamente por este hecho, además de por ser la única que libera al hombre y le trae la verdadera paz. Por eso fue, es y será siempre perseguida por los partidarios de la mentira, el odio y la división, mayoría en un mundo en el que se vende el alma al mejor postor.
Lisa Justiniano.