Roberto Sansón Caldera

Sigamos el ejemplo de Perú

En una democracia, las elecciones son el medio para acceder al poder político y la celebración de elecciones justas es una condición necesaria de todo proceso democrático; para ello la observación electoral, tanto nacional como internacional juega un papel vital y es percibida como un elemento necesario para la credibilidad de las mismas. Las elecciones deben servir para consolidar la democracia y generar confianza en las instituciones llamadas a velar por la correcta ejecución del proceso.

Un ejercicio democrático completo debe incluir: 1) La observación electoral que garantice la ejecución correcta de las elecciones; 2) La entrega de cédulas sin ninguna distinción. 3) Permitir el voto de los nicaragüenses en el exterior (que aportan más de un mil millones de dólares anualmente) y 4) Fiscalizar el financiamiento de las campañas —entre otras— a fin de tener elecciones que se consideren justas.

Todo esto es posible si existe voluntad política y en AmCham creemos que si Nicaragua sobresale en lo económico por su atracción de inversiones extranjeras, por su manejo macroeconómico responsable, por el modelo de diálogo público-privado, quiere decir que si nos ponemos de acuerdo —cada quien conforme sus atribuciones— podemos sobresalir también en la institucionalidad política y hacer que el proceso electoral sea aceptado por todos los actores del país y por la sociedad civil para garantizar que el proceso sea creíble y confiable. Que quien gane, sea aceptado por todos y no se cuestione su legitimidad por nadie —ni a lo interno, ni en el exterior— y que esto contribuya a generar un mejor clima para las inversiones y la generación de empleos y crecer a niveles de al menos el 8 por ciento, como lo necesita nuestro país.

Hemos visto como en el Perú, la Oficina Nacional de Procesos Electorales publicó resultados oficiales y acorde a esas cifras, el candidato Pedro Pablo Kuczynski llega a 50.12 por ciento y su contrincante Keiko Fujimori a 49.87 por ciento, una diferencia de apenas 40 mil votos (0.025 por ciento) en un universo de 18 millones de peruanos, faltando tabular unos 400 mil votos en el exterior y en las localidades más alejadas. Y no ha habido ni un solo muerto, ni una sola denuncia de fraude, ni llantas quemadas, ni alteraciones al orden público, ni ningún pronunciamiento de ningún Estado u organismo internacional cuestionando la transparencia del proceso, ni siquiera los mismos partidos que se disputan aún la victoria, han denunciado al contrincante.

Esto también es un ejemplo a imitar. Eso también queremos para Nicaragua. Para ello, por lo que ha ocurrido en el pasado y tal como lo ha pedido AmCham desde hace varios años, así como la Iglesia católica, creemos que es fundamental y además solo puede tener resultados positivos, que se permita la observación nacional e internacional en las elecciones de noviembre próximo. No es mucho pedir y por los sufrimientos del pasado, vale la pena reflexionar y aprender de la historia para no cometer los mismos errores que han perjudicado a los más pobres de nuestra Patria. Si queremos hacer las cosas mejor, ahí está el camino. Sigamos el ejemplo de Perú.

El autor es presidente de AmCham.

Opinión democracia Nicaragua Perú archivo

COMENTARIOS

  1. Miami men
    Hace 10 años

    Todos los Nicas de Nicaragua tienen el poder de quitar y poner presidentes cuando asi lo deseen, y no permitir que se agan los gatos bravos para quedarse en el poder por la fuersa, asiendo fraudes usando los otros poderes para sepultar la democracia,

  2. Pancho Madrigal
    Hace 10 años

    Al fin alguien de la empresa privada hablo y dijo esta boca es mia. Nada comparable con el señor cosepo y sus mensajes cantinflescos. Aun estamos a tiempo para enmendar.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí