En una democracia, las elecciones son el medio para acceder al poder político y la celebración de elecciones justas es una condición necesaria de todo proceso democrático; para ello la observación electoral, tanto nacional como internacional juega un papel vital y es percibida como un elemento necesario para la credibilidad de las mismas. Las elecciones deben servir para consolidar la democracia y generar confianza en las instituciones llamadas a velar por la correcta ejecución del proceso.
Un ejercicio democrático completo debe incluir: 1) La observación electoral que garantice la ejecución correcta de las elecciones; 2) La entrega de cédulas sin ninguna distinción. 3) Permitir el voto de los nicaragüenses en el exterior (que aportan más de un mil millones de dólares anualmente) y 4) Fiscalizar el financiamiento de las campañas —entre otras— a fin de tener elecciones que se consideren justas.
Todo esto es posible si existe voluntad política y en AmCham creemos que si Nicaragua sobresale en lo económico por su atracción de inversiones extranjeras, por su manejo macroeconómico responsable, por el modelo de diálogo público-privado, quiere decir que si nos ponemos de acuerdo —cada quien conforme sus atribuciones— podemos sobresalir también en la institucionalidad política y hacer que el proceso electoral sea aceptado por todos los actores del país y por la sociedad civil para garantizar que el proceso sea creíble y confiable. Que quien gane, sea aceptado por todos y no se cuestione su legitimidad por nadie —ni a lo interno, ni en el exterior— y que esto contribuya a generar un mejor clima para las inversiones y la generación de empleos y crecer a niveles de al menos el 8 por ciento, como lo necesita nuestro país.
Hemos visto como en el Perú, la Oficina Nacional de Procesos Electorales publicó resultados oficiales y acorde a esas cifras, el candidato Pedro Pablo Kuczynski llega a 50.12 por ciento y su contrincante Keiko Fujimori a 49.87 por ciento, una diferencia de apenas 40 mil votos (0.025 por ciento) en un universo de 18 millones de peruanos, faltando tabular unos 400 mil votos en el exterior y en las localidades más alejadas. Y no ha habido ni un solo muerto, ni una sola denuncia de fraude, ni llantas quemadas, ni alteraciones al orden público, ni ningún pronunciamiento de ningún Estado u organismo internacional cuestionando la transparencia del proceso, ni siquiera los mismos partidos que se disputan aún la victoria, han denunciado al contrincante.
Esto también es un ejemplo a imitar. Eso también queremos para Nicaragua. Para ello, por lo que ha ocurrido en el pasado y tal como lo ha pedido AmCham desde hace varios años, así como la Iglesia católica, creemos que es fundamental y además solo puede tener resultados positivos, que se permita la observación nacional e internacional en las elecciones de noviembre próximo. No es mucho pedir y por los sufrimientos del pasado, vale la pena reflexionar y aprender de la historia para no cometer los mismos errores que han perjudicado a los más pobres de nuestra Patria. Si queremos hacer las cosas mejor, ahí está el camino. Sigamos el ejemplo de Perú.
El autor es presidente de AmCham.