Luis Vega Miranda

Tacho Somoza y su poder

Dicen que la política hace la historia, o no podemos entender la historia sin la política y sus personajes. De manera que desde el segundo tercio del siglo pasado la figura de un dictador, Anastasio Somoza García, dominó la política, economía, comercio y la vida cotidiana de nuestro país. ¿Cómo gobernó 23 años continuos en paz y en rebeliones? Nos lo relata el historiador Jorge Eduardo Arellano.

En una pequeña gran obra titulada Tacho Somoza y su poder, (1933-1956), de doscientas páginas, más de 350 anotaciones y una extensísima bibliografía consultada, lo que constituye un estudio de profundidad, Arellano resume la vida y obras del dictador, desde su surgimiento como primer director de la Guardia Nacional, fundada y heredada por el ejército intervencionista estadounidense, cargo que, salvo lapsos breves, para reelegirse fraudulentamente, no dejó de ejercer; no sin mencionar sus nombramientos civiles en administraciones anteriores, su estudio en Filadelfia, donde conoce a Salvadora Debayle Sacasa, su trabajo en Nueva York de contador, dominando perfectamente el inglés que lo ayudó en su carrera, logrando crédito como hombre capaz, afable y atractivo.

Pero el mayor crédito (negativo) que obtuvo fue haber planeado y ejecutado el asesinato del general Augusto Sandino en 1934. Desde ese momento sus deseos de conquistar la Presidencia fue es ascenso, perpetró el golpe de Estado a su tío político Juan Bautista Sacasa en 1936, el congreso, que controlaba, elige a Brenes Jarquín completar el periodo, y Somoza, candidato de los liberales, fue electo presidente por primera vez.

Con el apoyo de la Guardia Nacional y marchando, promoviendo manifestaciones los jóvenes intelectuales fascistas, “reaccionarios” de Granada, liderados por José Coronel Urtecho y los “camisas azules” de Managua, encabezados por el poeta Luis Alberto Cabrales, Somoza García asume la Presidencia el 1º de enero de 1937. Su doctrina: “Ni fascismo ni comunismo, nacionalismo”. Una Constituyente lo deja en el cargo por diez años hasta 1947. Fue un periodo de prosperidad, los trabajadores lo apoyaban, les dio un Código del Trabajo, con la complacencia del presidente Roosevelt, quien lo recibió con gran pompa en Washington, consigue créditos para carreteras e instructores militares. Truman posteriormente le dio el mismo trato.

Mientras tanto Somoza se enriquecía con los bienes del Estado, instalando ingenios, naviera, aerolínea, fabrica de licores, trafica con oro. Vende concesiones. Permite a sus oficiales participar de la corrupción en sus cuarteles.

Las cosas se le pusieron difíciles en 1947, robando elecciones hizo elegir presidente a Leonardo Argüello, a quien tuvo que desalojar en 26 días alegando incapacidad mental: lo quiso destituir de director de la Guardia. Puso a su tío Román y Reyes para completar la Presidencia.

Mientras tanto fraguaba regresar al poder. Hizo regresar del exilio a su peor enemigo el general Emiliano Chamorro en 1950, y pacta con él (Pacto de los generales), dándole a los conservadores parte en los entes autónomos y en el congreso. A cambio Somoza gobernaría hasta 1956, pacto que el congreso servil aprobó.

Pero cuando en 1954 Somoza anuncia su pretensión de lanzar su candidatura al siguiente periodo, Chamorro, quien pretendía sucederle, organiza la Rebelión de Abril, que termina en brutal masacre. Aumenta el descontento. En 1956, siendo proclamado candidato por el partido liberal, Somoza es asesinado por Rigoberto López Pérez en León.

El autor manifiesta que la investigación no contiene el laudatorio juicio del partidario, ni la defensa visceral del agraviado, sino la visión ecuánime de un poder impactante. Estamos de acuerdo. Pero quién no resiste la tentación de pensar que la historia se repite.

El autor es Presbítero Anglicano y abogado.

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