Ahora es cómodo ver a los Cachorros de Chicago quitar del camino a sus oponentes, mientras desvanecen dudas e ilusionan corazones en la probable más estoica afición del beisbol de Grandes Ligas.
Pero detrás del brillo actual, hay 107 años seguidos de oscuridad, múltiples proyectos fallidos y generaciones de jugadores y fanáticos frustrados, que no pudieron ver algo distinto a perder.
Los Cachorros no van a la Serie Mundial desde 1945 y no ganan una desde 1908. Su espera ha sido más prolongada que la de Boston, que pasó 86 años sin ver el sol, mientras crecían leyendas y maldiciones.
Una habilidad de sus propietarios, fue contratar a Theo Epstein, el mismo que exorcizó en Boston. Y aunque sus primeros cuatro años fueron duros, ahora ha llegado el momento de comenzar a ver los frutos.
En la tropa actual, de los 25 jugadores, 22 fueron adquiridos durante la era de Epstein. Hay una mezcla precisa de jóvenes con proyecciones y veteranos en plena etapa de madurez.
Una genialidad fue haber extraído desde los Orioles a Jake Arrieta (junto a Pedro Strop) por Scott Feldman y Steve Clevenger. Ahora pareciera que obtuvieron oro a cambio de cacahuetes.
De San Diego sacaron a Anthony Rizzo, y a Dexter Fowler desde Houston, mientras sumaban a Addison Russell vía canje con Oakland, en tanto Jon Lester, Ben Zobrist y Jorge Soler, salieron del mercado de agentes libres.
Las selecciones del draft, como Kris Bryant y Javier Báez han sido estupendas también y las piezas del rompecabezas han caído justo en su lugar.
La tropa de Chicago nunca antes estuvo tan bien armada como para sacudirse tanto fracaso como ahora. Y ahí está Epstein, el exorcista de Boston.