Examinar los desafíos que representa la Nicaragua de 2035 implica debatir a fondo la manera de aprovechar al máximo posible el denominado bono demográfico, cuyas décadas finales representan, a la vez, una fase de tránsito muy acelerada hacia la fase de envejecimiento.
Hasta ahora, nuestra economía ha estado en capacidad de absorber el fortísimo crecimiento de la fuerza de trabajo derivado del bono demográfico y de género, porque quienes se incorporaron a la actividad económica en gran medida crearon sus propios empleos para sobrevivir.
El resultado ha sido que el setenta por ciento del empleo que se genera es empleo de sobrevivencia de muy baja productividad, generado por micro-unidades caracterizadas por una escasa dotación de capital físico y humano y tecnología por trabajador.
Sin embargo, como lo muestra el ejemplo de un país vecino, Costa Rica, con una estructura productiva más diversificada y compleja, en donde la estructura del empleo es la inversa que la de Nicaragua —la mayor parte del empleo es empleo formal, de mayor productividad, en su mayor parte asalariado— el problema de la generación de empleo de calidad, a nivel agregado, no se resuelve por la vía de que cada quien cree su empleo.
En Nicaragua, el proceso de cambio estructural, sin el cual no existe manera de resolver el problema de la calidad del empleo, implicaría la permanente implantación de nuevas actividades dinámicas, innovadoras para el país, de mayor complejidad, alta densidad de encadenamientos y elevado dinamismo de la demanda interna y externa, capaces de generar proporciones crecientes del empleo.
Este cambio implicaría establecer mecanismos que aseguren el adecuado acceso a los recursos y factores a aquellos agentes que estuviesen en la disposición de asumir los riesgos que involucra diversificar la estructura productiva, y la canasta exportadora, hacia nuevas actividades dinámicas, y las políticas, instituciones, y herramientas que permitan coordinar y promover un proceso de cambio estructural como el descrito.
¿O cree usted que no existe más alternativa que continuar reproduciendo, de manera indefinida, un modelo de desarrollo de baja productividad, sustentado en la “explotación minera” de los recursos que aparecen más abundantes y baratos —tierra, agua, bosques y fuerza de trabajo—, modelo que es todavía capaz de proporcionar rentas a corto plazo, pero que cada día muestra claros signos de agotamiento?
Este modelo es cada día más inviable, e insostenible, y el cambio es cada día más inaplazable. En los próximos 35 años, la sociedad predominantemente joven que hemos experimentado hasta hoy dará pasos, con bastante rapidez, a una sociedad crecientemente envejecida.
La cantidad de niños menores de 15 años se habrá reducido en 529 mil, el número de personas jóvenes —definidas como la población de entre 15 y 29 años— se habrá reducido en 233 mil. En marcado contraste, la cantidad de personas de 60 años y más habrá aumentado en un millón 195 mil.
Para entonces, el grado de envejecimiento de la sociedad nicaragüense será similar al que exhiben hoy, en promedio, los países europeos.
¿Y el cambio climático? ¿Qué implicaciones concretas tiene, para uno de los países más expuestos y vulnerables en el mundo al riesgo climático, el que el Banco Mundial esté alertando que el riesgo que enfrentamos no es ya que la temperatura promedio se eleve 3-4 grados C por encima del nivel pre-revolución industrial, sino 4-5 grados?
¿Qué implica esto, en términos de la agricultura de granos básicos, de la ganadería, del café, y del azúcar y maní bajo riego?, estos últimos dos productos dependen de un acuífero cada vez más estresado y sobreexplotado. ¿Y cuáles son las perspectivas de la disponibilidad de agua para una población que habrá aumentado hasta 7,865,909 habitantes en 2050, y que continuará en gran medida concentrada en la región del Pacífico?
¿No cree que es tiempo de que comencemos, al menos, a debatir en serio estos desafíos y la manera de enfrentarlos?
*Economista
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