En las últimas semanas he estado leyendo artículos que indican que nuestros lagos están en proceso de extinción, aseveración apocalíptica que carece de sustento científico y que se basa en el descenso del nivel de las aguas en ambos cuerpos, propios de esta y toda temporada seca, más aún cuando se está en medio de un ciclo de sequías.
Cierto es que nuestros recursos naturales están siendo sobre-explotados sin avistar la aplicación de regulaciones que aminoren la degradación de los mismos y mucho menos, conocer de medidas que mitiguen tal daño. Pero que nuestros lagos se están extinguiendo es una aseveración poco seria.
Cuando se estaba en el proceso de cierre de la Pennwalt, como funcionario del Marena tuve una entrevista con el gerente de dicha empresa, un reconocido historiador y comentarista deportivo, quien en palabras sencillas inquirió sobre la preocupación por el lago Xolotlán si este estaba en proceso de extinción. Gracias a la tenacidad del doctor Jaime Incer se logró el cierre de dicha empresa (1992). La profecía de extinción del Xolotlán no se cumplió.
Cuando se estaba construyendo el sistema de alcantarillado sanitario de Tipitapa (1998), como funcionario del FISE me tocó exponer ante el Presidente Ejecutivo del INAA, que la ubicación seleccionada para la construcción de las lagunas de oxidación no era la apropiada y que las mismas estaban sujetas a que el lago “se las tragara” ya que históricamente el nivel de sus aguas había superado en diferentes ocasiones los 42 msnm. Ninguno de los presentes reconoció que existía esta posibilidad, sustentada por el suscrito en registros históricos. En su defecto, los presentes argumentaron que el lago estaba en proceso de extinción.
A los pocos meses llegó el Mitch y cuando se pudo, lo primero que hice fue visitar el sitio donde se estaban construyendo dichas lagunas, encontrándolas literalmente cubiertas por las aguas del lago Xolotlán. Minutos más tarde llegó el alto funcionario del FISE que estuvo en la reunión en el INAA, quien solo atinó a preguntar: ¿Ingeniero, y usted cómo supo que esto iba a ocurrir? Una vez más la profecía de extinción del Xolotlán no se cumplió.
Hace tan solo cinco años se debatía la idea de construir un canal que drenara las aguas del lago Xolotlán hacia el océano Pacífico a través del río Tamarindo, idea absurda que me motivó a escribir el artículo El canal hacia el río Tamarindo (LA PRENSA, junio 13 de 2011), en el cual sustentaba con argumentos técnicos por qué no debía construirse tan desatinada obra.
En esa oportunidad la preocupación no era que el lago se estaba extinguiendo, sino que sus aguas habían alcanzado niveles máximos históricos por lo que se estaba produciendo un trasvase hacia el lago Cocibolca que “ponía en riesgo la calidad de sus aguas”. Estábamos en la temporada de lluvias y se esperaba que el nivel de las aguas del Xolotlán aumentara y de ahí la idea irracional del canal de trasvase. Atinadamente no se construyó dicho canal.
De acuerdo con los registros históricos, ambos lagos han alcanzado niveles máximos y mínimos en diferentes oportunidades. Ahora estamos viviendo un ciclo de niveles mínimos como consecuencia de una prolongada sequía, lo cual de ninguna manera significa que ambos lagos se están extinguiendo. Solo estamos viviendo un proceso, que por ser cíclico se ha repetido una y otra vez… y se seguirá repitiendo.
Que el nivel del agua del río San Juan disminuye a tal punto que impide que pequeñas embarcaciones puedan navegar hasta San Juan del Norte. Sí, esto sucede todos los años durante el período seco.
¿Tendremos este año un copioso período de lluvias, depresiones tropicales, tormentas tropicales o huracanes, que restablezcan los niveles históricos de ambos lagos… y de nuevo se comience a debatir la idea de construir el canal por el río Tamarindo para evitar que las aguas del Xolotlán contaminen las del Cocibolca?
Mi abuelito decía “apaleado sea el profeta”, cuando le indicábamos que cierta acción podía deteriorar su salud. Parafraseándolo, digo apaleados sean los profetas que pronostican, sin fundamento científico, la extinción de nuestros lagos.
Así como hemos visto secar y renacer la laguna de Nejapa varias veces, así veremos nuevamente el Salto de La Estanzuela, la laguna de Tisma, se podrá navegar por el río San Juan y nuestros dos hermosos lagos recuperarán sus niveles medios.
La hidrología es una ciencia que, como tal, debe ser estudiada y aplicada. Lo demás es cuento de camino.
El autor es ingeniero civil. Especialista en manejo de Recursos Naturales.