Evangelizando, templos
Gonzalo Cardenal M.

La hombría cristiana (III entrega)

Un modelo interesante para el hombre cristiano es Job. Para muchos Job es solamente el modelo de paciencia y de aguante. (Leer Job: 29).

En él podemos encontrar muchos elementos del Plan de Dios para nosotros. Job es un hombre que está en el mundo. Es un hombre activo, trabajador; un hombre de empresa. Agresivo en las cosas santas, defensor de los extranjeros, le rompía la quijada a los malvados y les quitaba la presa de los dientes. No aceptaba componendas con el mal. Al mismo tiempo compasivo y misericordioso con el huérfano y la viuda. Es hombre de fe y de aguante, probado en la paciencia, y en el sufrimiento. Soporta y vence sobre la adversidad. Hombre que usa su autoridad y se hace respetar de todos.

Mientras en el mundo el hombre busca ante todo ser aceptado y amado, el cristiano busca primero ser respetado, y quiere ser amado y aceptado pero nunca a expensas ni de su dignidad ni de su rectitud.

Totalmente contrario a la hombría que el Señor quiere de nosotros es lo que se ha generalizado en nuestro pobre país. En vez de hombres valientes y responsables lo que vemos por todas partes es la cobardía de un machismo desenfrenado, bueno para pegar cuatro gritos y trompear a su esposa y niños, pero totalmente irresponsable cuando se trata de cuidarlos y protegerlos. Como educador nicaragüense creo sinceramente que en el hogar y en los colegios debe inculcarse este valor de la hombría con todo rigor, creatividad y firmeza.

Es curioso observar cómo nuestra Escritura Judeo-cristiana enfatiza tanto este valor. Los Salmos, el libro de los Proverbios y las Epístolas de manera especial, contienen mucha enseñanza sobre la hombría cristiana. Pero hay que reconocer que el ser el tipo de hombres que Dios quiere no es algo que sucede de la noche a la mañana. Requiere tiempo, esfuerzo y docilidad al Espíritu.

El Señor nos está llamando a ocupar un nuevo territorio y es el de transmitir a nuestros hijos estos valores, en medio de un mundo confuso y sin modelos.

Quizás el tiempo que anunciaba San Pablo es el que nos ha tocado vivir. Pero la palabra y los valores del Señor son para todos los tiempos, y en ellos debemos buscar nuestro prototipo de hombría cristiana.

El carácter varonil que Dios nos presenta como modelo está hecho de fortaleza, de capacidad de aguante, de coraje. Nos manda vencer sobre el miedo, vencer sobre el temor al rechazo; a no hacer nunca nada indebido por temor a no ser aceptados; a estar dispuestos a luchar por lo que es recto y santo, a conquistar el territorio, a tomar decisiones y posturas con firmeza.

A esto se interponen las influencias del mundo, nuestra confusión, nuestra pereza, o el haber tenido como modelos a personas que no reflejaban el modelo de hombría que Dios nos propone.

Dios ha plantado dentro de nosotros el deseo de ser hombres cristianos. A cada uno nos ha dado el don de asumir el papel de autoridad varonil, en nuestras familias y en la sociedad. Necesitamos aceptar y atesorar este don, poniéndolo en práctica. Y si existe algún impedimento más serio en nosotros para poder ocupar nuestro lugar, podemos contar con que Dios lo quitara, porque el Señor es fiel. Debemos pedir, que lo quite. Pedirle que nos forme como hombres y podemos contar con que lo hará porque nuestra fe estipula el recibir de Él todas las cosas necesarias para cumplir su voluntad.

EL AUTOR ES MIEMBRO DEL CONSEJO DE COORDINADORES DE LA CIUDAD DE DIOS
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Opinión
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