Sin lugar a dudas la principal tarea que la Constitución de los Estados Unidos (EE.UU.) le asigna a su presidente es velar por la seguridad del país. Ningún presidente de los más recientes, ni su marido siquiera, han asumido dicho puesto con la experiencia, la seguridad, profundidad y firmeza en materia internacional con que cuenta la señora Hillary Clinton.
Ha desarrollado a través de los años y de una intensa dedicación, una vasta red de relaciones con la mayoría de los principales jefes de las diferentes fuerzas armadas de los EE.UU.
Tiene como principio “que el calculado uso del poder militar es vital para defender los intereses de la nación, y que las intervenciones militares norteamericanas alrededor del mundo hacen más beneficios que daños” la señora Clinton es el último verdadero halcón de izquierda, como muy bien lo calificara en su artículo en el New York Times el periodista Mark Landler.
Es amiga de Robert Gates, el republicano jefe de la CIA y luego el 22º Secretario de Guerra (2006- 2011) quien además de admirarla la considera una “dura dama”.
Es amiga también del general Buster Hagenbeck, quien a fines del 2001 estuvo al mando de las tropas norteamericanas en Afganistán y quien encabezó la famosa operación “Anaconda” el asalto de 16 días a tropas del Talibán y Al Qaeda en el Valle de Shah-i-Kot.
Se inició estudiando estos asuntos en el Senado, en el comité de Servicios de la Armada; en vez de escoger el comité de relaciones exteriores.
De modo que la señora Clinton desde esa época empezó un largo camino de aprendizaje y entrenamiento. Asesorada por toda una red de expertos. Desde su posición primero como senadora y mucho más tarde como secretaria de Estado siempre se caracterizó por sus constantes visitas a las fuerzas norteamericanas desplazadas en cualquier parte del mundo, mostrando su simpatía y su apoyo.
Otra relación es su largo y continuo diálogo con Jack Kene, el general cuatro estrellas, distinguido en sitios como Vietnam, Somalia, Haití, Bosnia y Kosovo. Consultor asiduo de la cadena Fox en materia de guerra, quien desde el primer momento que la conoció quedó impresionado por el respeto que le demostró por las fuerzas armadas, como institución; su simpatía por los sacrificios hechos por los soldados y por sus familias. Kane la entrenó y asesoró en todo lo concerniente a la guerra de Irak, Siria y el Estado Islámico.
De sus allegados ha sido David Petraeus el cerebral general que comparte con ella el uso de los correos electrónicos con liberalidad, y quien en noviembre del 2003 la acompañó en su primer viaje a Irak, el cual quedó sumamente impresionado: “ella estaba llena de preguntas”, recordaría más tarde. “Es la clase de gestos que mucho significa para un comandante en el campo de batalla”.
Como podrá apreciar a esta altura el lector, la señora Clinton en mi opinión es la más preparada para el cargo que hoy disputa. Ninguno de los candidatos oponentes en ambos partidos, tienen la experiencia, la capacidad, ni el comando que ella tiene.
Como le dijera recientemente el primer ministro de Italia Matteo Renzi, en una entrevista a CNN: “Europa se sentiría muy segura con Clinton en la Casa Blanca, ella es la comandante en jefe”.
Desgraciadamente el ser presidente de la nación más poderosa de la Tierra no admite improvisaciones, hay situaciones que se presentan de pronto y las personas tienen que estar preparadas para asumir los retos. Si no, recordemos el caso de Harry S. Truman narrado bellamente por el historiador norteamericano David McCullough, en su biografía En pleno Capitolio: “De pronto, se le presentó el general George Marshall y cuadrándosele lo saludó diciéndole: Buenos días señor Presidente”.
Truman, creyendo que era un error protestó y Marshall le explicó que Roosevelt había muerto en Warm Springs, Georgia y desde ese momento él era el presidente de los EE.UU.
Desde ese instante lo empezó a poner al día en el secreto más grande hasta entonces no conocido por Truman: La bomba atómica. No había tiempo, todo se presentó de momento, pero Truman estaba preparado.
La señora Clinton está preparada para ser la comandante en jefe.
El autor es abogado.