Norwin Estrada

Los huertos familiares

En Nicaragua, a partir del año 2003 se implementaron proyectos pilotos de huertos familiares, en Mozonte, en San Juan de Limay y en San Juan del Sur, involucrando para ello, particularmente a las mujeres, de familias campesinas propietarias de pequeñas parcelas de terreno rural. Estos proyectos tuvieron una duración de tres años y fueron financiados por la Asociación Asturiana de Ancianos y el Ayuntamientos de Gijón, de España. Lamentablemente, a pesar que estos proyectos dejaron una magnifica experiencia a nivel local, no se generalizaron a nivel nacional, para lograr una diferencia significativa en el nivel de vida de los nicaragüenses.

En algún momento del pasado reciente, se habló con insistencia, de parte del Gobierno, que, con el objeto de mejorar la economía familiar, era conveniente capacitar a los habitantes de las áreas urbanas y rurales, en el cultivo de frutales, hortalizas y vegetales, en las áreas verdes de sus viviendas. Por supuesto que lo anterior, a pesar de ser una excelente idea, no es tan sencillo como parece, por cuanto significa un cambio cultural de las personas y, finalmente, como le ocurre a los proyectos de larga implementación, dicha idea quedó en el olvido.

En Holanda, por ejemplo, los huertos familiares, de todos los tamaños y para todo tipo de cultivos, se han generalizado en todo el territorio nacional y representan un significativo incremento en la economía familiar. Los holandeses producen en sus huertos familiares, las frutas, verduras y vegetales de su dieta alimenticia y los excedentes los venden los fines de semana, creando mercados portátiles en los parques y/o plazas públicas de cada pueblo o ciudad. Es muy común observar en los jardines, terrazas y balcones de las viviendas de ese hermoso país, los cultivos de vegetales (pepinillos, chiltomas, cebollines, tomates, lechugas, etc.) los cuales son regados con regaderas, mangueras y, en dependencia del tamaño del huerto, hasta con riego por goteo y, adicionalmente para su desarrollo, periódicamente son atendidos para el control de plagas y la aplicación de fertilizantes orgánicos.

Normalmente, en el perímetro de las ciudades holandesas existen grandes terrenos lotificados para venderlos o rentarlos como huertos familiares. Por sus calles de tierra se construyen: ciclovías para el acceso a las parcelas y la red de distribución de agua para el riego de los cultivos; la segunda, por lo general, consiste de tuberías enterradas o de pequeños canales revestidos, desde los cuales, a partir de un medidor, se conecta cada uno de los lotes para su consumo de agua. Resulta interesante ver cómo los empleados urbanos, de las diferentes actividades económicas, están preparados culturalmente para lidiar con un huerto familiar, puesto que, después de su jornada laboral, toman sus bicicletas y se dirigen a sus huertos para atender las labores que requieren los cultivos, lo cual realizan con infinito placer, pues esto, para cada individuo, matrimonio o familia, representa una terapia mental sumamente desestresante.

¿Y por qué no? Nicaragua, con donaciones y financiamiento propio bien podría iniciar una campaña masiva para educar a la gente y dotarla de las herramientas necesarias para que, de manera sostenible, implementen con éxito sus propios huertos familiares. Para comenzar, el Estado, a fin de reducir la pobreza extrema, podría crear la institucionalidad de apoyo al sector, como sería por ejemplo: una dirección específica en el Ministerio de Agricultura (Magfor) y otra en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la primera para apoyar con promotores agrícolas en la implementación de los huertos y la segunda, con tecnología de punta, lograr rendimientos extraordinarios en los cultivos. Para esto es necesario que la Universidad Nacional Agraria (UNA) cree nuevas carreras para graduar a técnicos agrícolas que funcionen como promotores en todo el territorio nacional. Obviamente, se requeriría de pequeños financiamientos para construir la infraestructura del huerto y proveer los insumos básicos para los cultivos, como serían: las semillas mejoradas, los fertilizantes, los plaguicidas orgánicos, etc.

Si queremos aprender a pescar, conllevar a la autosuficiencia alimentaria, salir de la pobreza extrema y heredarle a nuestros hijos un mundo más verde y mejor, procedamos con la implementación de los huertos familiares, que, aunque no es fácil, pero se puede, si queremos.

EL AUTOR ES INGENIERO CIVIL.

Opinión
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