Regalar una planta para que cada ciudadano la siembre donde quiera no es la solución más realista para la crisis de sequía que azota al país, coinciden expertos. Lo que se necesita es un plan estructurado de reforestación enfocado en las zonas más vulnerables y entorno a las fuentes de agua, que ofrezca apoyo económico y técnico a quienes estén dispuestos a utilizar sus tierras para la siembra de bosques.
“Lo que necesitamos son bosques para cosechar agua. Necesitamos agua para consumo, aseo o labores del hogar, pero del agua también dependen los ecosistemas, la agricultura, y la única manera de preservarla es sembrando bosques en torno a los cuerpos de agua, en las zonas altas”, enfatiza el ecológo Jaime Incer Barquero.
En el marco del Día de la Tierra el Gobierno impulsó la campaña nacional “Adopta un árbol”, en la que se regalaron cientos de plantas. “Ese mensaje de ‘amemos los árboles’, está bien, pero amar un árbol no es solo sembrar la planta, es crear las condiciones para que pueda crecer y desarrollarse hasta convertirse en un árbol. Lo demás es pura propaganda y fantasía”, señala Incer Barquero.
Para Liza González, directora de Paso Pacífico, un plan de reforestación nacional debe contemplar las especies de plantas, la zona en la que serán sembradas, la ecología del lugar y el fin; pero sobre todo debe establecer quiénes se encargarán de su cuido y protección los años que necesiten para convertirse en árboles. Pueden ser entre cuatro y siete años, dependiendo de la especie.
Ambos expertos concuerdan en que una medida inmediata que ayudaría a detener la crisis es la prohibición de la tala de bosques en áreas naturales, además de dar incentivos a quienes se dedican a sembrar bosques.