El martes, 5 de abril, el estado de Wisconsin celebró primarias para elegir a sus delegados a las convenciones demócratas y republicanas, instancias que nombrarán a los candidatos de ambos partidos para las elecciones presidenciales de Estados Unidos (EE. UU.) el 8 de noviembre.
Hace algunas semanas, según los politólogos estadounidenses, Trump —el empresario que lidera la lista de precandidatos republicanos— ganaría en Wisconsin. 87 por ciento de sus habitantes son blancos y solo el 7 y 6 por ciento respectivamente son negros y latinos, grupos que en su abrumadora mayoría rechazan a Trump por su postura xenofóbica y racista. Además, el número de evangélicos —un grupo afín a Ted Cruz, el senador tejano que es el principal contrincante de Trump— es relativamente pequeño en Wisconsin.
A pesar de estos factores demográficos, Trump quedó en un pobre segundo lugar obteniendo solo el 35 por ciento del voto contra el 48 por ciento que obtuvo Cruz. Y en convencionales le fue aún peor porque en Wisconsin se premia a los ganadores cediéndole más convencionales. El resultado: Trump solo ganó seis de los 42 convencionales versus los 36 que obtuvo Cruz.
¿Qué le pasó a Trump, un candidato que se jacta de ser un ganador?
Primero, Wisconsin es un estado con un alto nivel educacional. Casi 90 por ciento de sus habitantes se bachilleran y más de 60 por ciento reciben formación universitaria. Esto resultó ser fatal para Trump ya que las encuestas y entrevistas a “boca de urna” demuestran que hombres blancos con poca educación y de escasos recursos son la columna vertebral de su respaldo. Y en Wisconsin la mayoría de los votantes republicanos resultaron tener la educación y el discernimiento para descartar la demagogia y falta de ofrecimientos sensatos de Trump.
En segundo lugar, previo a la votación en Wisconsin, Trump cometió una serie de graves equivocaciones políticas. Durante una desastrosa racha de dos semanas, declaró, por ejemplo, que mujeres que optasen a un aborto deberían de ser penalizadas, posición que es anatema para la izquierda norteamericana y es inconsistente hasta con las creencias de la derecha. Por otro lado, su jefe de campaña fue acusado de agredir a una periodista —conservadora, por cierto— cuando esta se acercó a Trump para hacerle una pregunta. Trump también reveló que haría a México pagar por el muro que pretende construir a lo largo de la frontera con México confiscando remesas que ilegales mandaran a sus familiares en México. Finalmente, atacó la apariencia de la esposa de Cruz publicando una foto “montada” donde Heidi Cruz sale fea con una atractiva de su esposa, una exmodelo, sonriendo. La política norteamericana es un “deporte de contacto”, pero que candidatos ataquen a las familias de sus adversarios es un tabú.
A pesar de su derrota en Wisconsin, Trump todavía tiene el mayor número de convencionales ganados: 743 contra los 517 de Cruz. Pero es poco probable que obtendrá los 1,237 que requiere para salir electo el candidato republicano en la convención. Para lograrlo, tendría que obtener casi el 70 por ciento de los delegados en las futuras primarias, cosa que es altamente improbable ya que ha ganado solo el 45 por ciento hasta la fecha y que su organización electoral es débil. Además, pareciera que cada vez más republicanos están rechazando al empresario bujón cuyo estilo de hacer política consiste en insultar a sus contrincantes y cuyos planteamientos de políticas públicas son improvisados, vacíos y ofensivos.
Una cosa más. Trump se mira cansado. Y es cada vez más evidente que los republicanos están cansados de él. En Wisconsin, las encuestas a boca de urna revelaron que la tercera parte de los votantes republicanos jamás votaría por Trump en la elección presidencial. Y encuestas nacionales demuestran que no le ganaría a Hillary Clinton, la probable candidata demócrata. Clinton es una candidata débil. Es altamente impopular. Las encuestas coinciden en que las personas con una percepción negativa de ella superan a aquellos que la ven bien. Pero en el caso de Trump, ¡sus negativas son aún peor!
Viendo hacia el resto de las primarias, de los 16 contrincantes que inicialmente se le enfrentaron a Trump solo quedan dos. Uno es Cruz y el otro es John Kasich, el popular gobernador de Ohio, estado que la historia electoral demuestra que lo tiene que ganar el candidato republicano para ser victorioso en la elección general. Ninguno de los dos tiene posibilidades de obtener los 1,237 convencionales. Pero sí han logrado que Trump no alcance la mayoría que necesita para exigir ser el abanderado de su partido. Esto sugiere que la convención republicana —que se llevará a cabo, por cierto, en Cleveland, ciudad de Ohio— estará en libertad de escoger al candidato. Gracias a Wisconsin, el partido republicano no está “casado” con Trump, un candidato que seguramente perdería la elección de noviembre y que le costaría a su partido su mayoría en el senado y hasta pondría en riesgo su mayoría en la Cámara de Representantes a pesar de que esta es abrumadora.
En conclusión, Wisconsin fue un punto de inflexión en las primarias republicanas de 2016. En el resto de este mes vienen primarias en el este de EE. UU. incluyendo en estados importantes como Pennsylvania y Nueva York, donde nació y reside Trump. Algunos politólogos afirman que estos estados serán más “amigables” para Trump, que son su territorio. ¿Quién sabe? Pero al ganar Cruz Wisconsin —el décimo estado, por cierto, en donde fue victorioso— ha quedado destrozado el mito de la invencibilidad de Trump. Y, repito, su camino hacia una victoria en Cleveland se complicó enormemente. Quizás Wisconsin no fue el inicio del final de la campaña de Trump. Pero como mínimo, fue el final de su inicio. Esto es buena noticia para la democracia estadounidense y, por ende, para el mundo. ¡Bravo Wisconsin!
El autor es ex embajador de los Estados Unidos.