El deporte y específicamente el beisbol, que debería ser un elemento de cohesión y convivencia, a veces pareciera ser un factor de discordia, tal como la política, entre otros ámbitos, en nuestro país.
Lo que ocurrió en México amerita un debate. Y sería muy rico si en lugar de descalificarnos, fuésemos capaces de emitir opiniones bien soportadas que coadyuven a encontrar una salida.
En lo personal no me gustó como jugó Nicaragua. Y no lo digo porque no haya conseguido el pase al Clásico. Ya se sabía que era difícil. Hablo de la actuación más que del resultado. Se jugó muy mal.
La defensa fue un agujero y el picheo no tuvo control. De 31 carreras permitidas en cuatro juegos, 12 fueron sucias. Y en 35 innings de labor, los tiradores dieron 23 bases. Eso es casi seis boletos por juego.
“Nicaragua fue un equipo que se autodestruyó de todas las formas posibles”, escribe Mark Newman, de MLB.com. Y es cierto. Sin bateo, defensa frágil y picheo sin dirección, no hay modo de dar batalla.
No he dicho que se podía ganar el torneo. Digo que se podía jugar mejor. Incluso, no sé a usted, pero a mí ni en las victorias me quedó buen sabor. No se ejecutó bien las jugadas de rutina. Se falló.
Lo mejor de todo fue ver a un grupo de chavalos con un futuro prometedor desde la colina. Ojalá que cuando ese futuro llegue, podamos defender mejor y correr mejor, para tener más oportunidad.
Nicaragua me pareció un equipo asustado, que no pudo sustraerse al miedo escénico y terminó paralizado. No tenemos un gran beisbol, pero tampoco es tan discreto como se mostró en México.
Mi punto es, que esos mismos muchachos que fueron a México, juegan mejor de lo que mostraron. Algo pasó con este equipo, pero de repente se olvidó como se ejecuta hasta lo más sencillo.
Lo que queda es seguir trabajando. Yo no veo porqué asumir actitudes apocalípticas, cuando se puede mejorar. La clave es seguir trabajando con los chavalos para que los firmen. Esa es la salida.