
En La Laguna, una comunidad de Pueblo Nuevo, en El Cuá, la educación llega por la gracia de Dios. En un espacio muy reducido, entre tablas con agujeros por donde entra el sol y se cuela el frío, funciona una pequeña escuelita que se ha mantenido en pie gracias a la colaboración de los dueños de la finca Laguna Coffe, con colaboración del Mined.
En estas comunidades lejanas es muy común que las fincas cafetaleras apoyen con la educación infantil y para evitar que estos vayan a los cortes con sus padres establecen escuelas multigrados o CDI cuando se trata de niños menores.
Los niños van y vienen pues en su mayoría son descendientes de cortadores de café que andan de campamento en campamento buscando vida. Algunos se ausentan constantemente y pareciera que la educación no es la prioridad en esta zona.
Ruth García Villagra, de 20 años, es la encargada de enseñar las primeras letras en la escuelita multigrado (de primero a cuatro grado) de La Laguna. Reconoce que “es bien difícil” que los niños lleguen a estudiar pero dice sentirse satisfecha por lo que ha logrado. Las condiciones son difíciles en el lugar: la escuelita está al lado de una laguna, a orillas de la carretera, pero afortunadamente está en proyecto construir otra con mejores condiciones en un sitio más seguro, siempre con apoyo de la hacienda cafetalera mencionada.
En esa aula multigrados hay niños entre las edades de 6 y 13 años. El retraso escolar es bien marcado. Hay una niña de 13 años que apenas está integrada en primer grado. Esto ocurre porque la mamá “vive de hacienda en hacienda y se le hacía difícil integrarla”, recuerda la profesora.
Comenta que la comida es aportada por el Mined, pero la hacienda paga además de su salario a dos madres para que se encarguen del CDI en tiempos de corte.
“La forma de planear, cortes evaluativos, la nota de los niños y apoyo de material es del Mined”, asegura la joven profesora.
MATRÍCULA NUNCA SE COMPLETA
Para este año escolar fueron matriculados 21 niños, pero solo se han integrado 18. En preescolar la matrícula es de diez, pero generalmente llegan cinco.
“El esfuerzo lo tienen que hacer el padre y el maestro, uno va a concientizar a los padres y es difícil, no es lo mismo un padre de familia que vive en la comunidad como uno que vive con pocas condiciones en un campamento. Los padres a veces se ponen bien rebeldes y no envían a sus niños a la escuela”, comenta García.
Recuerda que cuando llegó por primera vez al lugar pensó en irse. “Casi me voy, porque los cité (a los padres) a reunión y de 15 solo una madre de familia vino, fue decepcionante”, comenta la maestra. Para entonces los padres dijeron que sus hijos o llegaban porque el corte de café no había terminado, que no “habían alistado a los niños”.
“Son padres que tal vez nunca recibieron una educación, había bastante gente iletrada que no le gustaba integrarse a la alfabetización, pero les decimos que es importante la educación de los niños y que tienen que mandarlos todos los días”, asegura la maestra.
ESCUELITAS EN LAS FINCAS
En las fincas hay más conciencia sobre la prohibición del trabajo infantil y por ello muchas apoyan la educación de los niños que llegan con sus padres durante el corte. Freddy Enrique Muñoz, responsable de nómina de la finca Laguna Coffe, comentó que ellos tienen a su cargo un CDI en donde se cuida y se da alimentación a los niños. Dependiendo de la cantidad, contratan a las personas que se encargan de cuidarlos.
Tiene claro que al campo no van los niños. En el CDI se les da la comida y los niños mayores se integran después a la escuela de La Laguna.
En la finca El Recreo, en Pueblo Nuevo de Jinotega, manejan dos conceptos con los niños. Carlos Ferrey, gerente general del Grupo Agropecuario F&M, comentó que tienen una escuela primaria y también el CDI. La escuela multigrado funciona hasta tercer grado. “Luego becamos estudiantes, les damos todo lo que necesitan para que estudien a partir de cuatro grado en una escuela de Pueblo Nuevo, Jinotega”, comentó Ferrey.
La empresa costea el pago de las educadoras.
PADRES REBELDES
En abril del año pasado, la profesora Ruth García Villagra, de 20 años, recuerda que lo más difícil era “la rebeldía de los padres de los niños, había niños que el año pasado estaban en matrícula pero no le conocía la cara hasta este año. Yo hablé con los padres y les dije ‘procuren que continúe para que logre terminar el año y sea un éxito’. Los niños se han visto más motivados”. A inicios de este mes en la escuela de La Laguna había tres niños que no se habían integrado a la escuela porque sus papas aún no decidían si continuaban en la zona o en otra comunidad. García recuerda
