Fernando Londoño

Los incendiarios

La macilenta jauría que Juanpa (presidente Juan Manuel Santos) ha desplegado contra Uribe y sus seguidores, se ha puesto de acuerdo para llamarnos incendiarios. Se equivoca y voy a probarlo.

Porque los incendiarios son los datos que le voy a dar, querido lector, y que no han sido tomados de prensa o panfletos subversivos, sino de las publicaciones del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) o del Banco de la República.

El desempleo se trepó de un dígito, donde lo tenían las maromas de Perfetti, a un ignominioso 11.9 por ciento. Pero lo peor es que en las once principales ciudades del país, con Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Cartagena y Bucaramanga a la cabeza, el dato es del 14.1 por ciento. Eso es perfectamente incendiario.

Pero hay un dato peor. El desempleo es el más alto en 16 años. Eso significa que todo el mundo está buscando empleo. Eso se llama angustia y es incendiario.

Pero aquí no para, sino que empieza la cosa. Porque el empleo que queda es en el 47 por ciento informal: los que cantan en los buses, los que empujan una carretilla con mangos adentro, los que hacen piruetas en los semáforos, esos son casi la mitad de los empleados de Colombia. Y faltan los que trabajan “sin remuneración” (vaya empleados) y los que trabajan por cuenta propia. Esos sí que son datos incendiarios.

Los empleados y los que se rebuscan tienen un problemita diario: comprar la comida. Que según el DANE ha subido de precio más del 12 por ciento, mientras el salario subió menos del 7 por ciento. Eso es incendiario.

La industria colombiana se vino al piso y de Colombia han salido en estampida empresas que daban trabajo y bienestar: Michelín, Bayer, Chiclets Adams, Mazda, parte de Kimberly, cantidad de empresas petroleras. Eso es incendiario.

Como resultado de la caída industrial, petrolera y agrícola, las exportaciones se vinieron al piso. En enero cayeron un 36.6 por ciento. Perfectamente incendiario el dato.

La inversión extranjera directa (la que viene a las empresas) se contrajo el año pasado en 25.9 por ciento y la de portafolio (la que llamamos golondrinas) anda en términos negativos. Nadie quiere venir a Colombia y los que se pueden ir, se van. Datos incendiarios.

Ecopetrol valía en bolsa hace tres años 210 billones de pesos. Hoy no vale nada. En dividendos e impuestos llegó a dejarle a la Nación cerca de 20 billones de pesos. Hoy no reparte dividendos, porque perdió el año pasado 4 billones, y por el mismo poderoso motivo no pagará un peso de impuestos.

El déficit en cuenta corriente se disparó al 7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Explico: el menor valor de las exportaciones con respecto a las importaciones, más el resultado negativo de lo que llaman flujos de capital, dan ese déficit. El 7 por ciento del PIB vale 56 billones de pesos. ¿Quién salda ese déficit? Nadie. Dato incendiario.

La deuda pública externa de Colombia, vale más de 66,000 millones de dólares. Si se suma la privada, de 45, nos da más de 110 mil millones de dólares. Servir la deuda de la Nación, con sus obligatorios pagos a capital, valdrá el año entrante todo lo que la nación recauda en impuestos. En otras palabras, todos nuestros impuestos no alcanzan para servir la deuda. Eso se llama la quiebra de un país, dato eminentemente incendiario. No somos los uribistas, los incendiarios. Son los datos económicos que se producen porque tenemos el peor, el más ineficiente y el más corrupto de los gobiernos. ©FIRMAS PRESS

El autor es abogado y exministro en el gabinete de Álvaro Uribe.

Opinión Colombia Juan Manuel Santos archivo
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