Andar en bicicleta por las calles de Managua —con tráfico infernal y poco sombreadas— contagia como el virus del zika. En este caso es el “mosquito” de la insatisfacción con el servicio de transporte de la capital el que ha empujado a un grupo de muchachos, muchos menores de 30 años, universitarios y trabajadores, a optar por la bicicleta como su medio de transporte.
Sí, leyó bien: usan la bicicleta como medio para transportarse en Managua, la ciudad donde circula al menos la mitad del parque automotor del país: más de trescientos mil vehículos y motocicletas, la misma en la que ocurren 11 accidentes diarios, por imprudencia, porque no se atienden las señales de tránsito, porque no existe la más mínima cortesía entre los conductores. Hay un grupo de muchachos que se aventuran, de vez en cuando en pandilla, a desafiar no solo el tráfico, sino el clima porque ¿a quién se le ocurre montar en bicicleta entre las 11:00 y las 3:00 de la tarde en esta capital?
A una gran cantidad de gente, que hace mandados en distintos barrios y mercados y otros que salen o van a las universidades, incluso a sus trabajos, donde también parecen animales raros andando en bicicleta porque saben bien que la red vial les deja sentir que esto no es Amsterdam, Holanda, tampoco Bogotá, Colombia, donde existen 376 kilómetros de ciclorruta, un carril exclusivo para los ciclistas.
CICLISTAS URBANOS
Darling López, artesana, 28 años, recuerda que, más o menos en el 2011, estaba muy insatisfecha con el sistema de buses de la capital. A veces se tardaba hasta media hora esperando el bus de la ruta que necesitaba tomar. Tenía un amigo que andaba en bicicleta para todos lados y pensó que quizá podía hacer lo mismo ella, cuya única experiencia en bicicleta había sido de niña de manera recreativa, pero nunca se le había ocurrido como un medio de transporte por las vías principales, deteniéndose en semáforos. A pesar de que no sabía cómo manejarse en el tráfico, se propuso intentarlo, buscó una bici y halló una que le gustó y creyó apropiada en un pulguero del Oriental. Ya con la bici se lanzó al pavimento.
En ese momento no se preocupó por casco para protegerse de algún golpe, mucho menos de luces o adhesivos reflectantes para ser visible por la noche. Darling dice que sus trayectos iniciales eran del sector donde vive, frente al Colegio Bautista, hasta Bolonia, más o menos.
Rápido se apasionó por este vehículo y comenzó a trasladarse en “bici” a todas partes. Ahora solo toma buses si va fuera de Managua, pero aun cuando va de visita donde amigo, se va en la “bici”.
Darling contagió a los hermanos Ernesto y Álvaro Bustos que viven a un par de cuadras del parque El Carmen, en Bolonia.
“Ahora me movilizo en bici desde que voy al mercado todos los días a hacerle favores a mi abuela. Siempre me muevo en bici. Me resulta muchísimo más rápido, más económico. La verdad que disfruto más andar en bici que tomar un bus y donde tenga que ir, me voy en bici”, dice Ernesto Bustos, 24 años, junto con su hermano Álvaro, creadores de la marca Gofio.
Cinthya Zeledón, 22 años, comunicadora social de la Universidad Centroamericana, aprendió a andar en bicicleta cuando estalló la efímera protesta contra MPeso, la empresa que presta el servicio prepago de transporte de buses de la capital. Zeledón se indignó tanto con el abuso que se prometió no volver a usar buses. Entonces evaluó su situación, no tenía carro ni dinero para taxis, así que se le ocurrió montar en bicicleta, un vehículo que tampoco sabía manejar.
Lanza una carcajada rápida cuando confiesa que no sabía andar en bicicleta y que aprendió en su acto de protesta. Ahora, igual que los anteriores, tampoco se baja de este vehículo de dos ruedas que se mueve por la tracción de sus piernas. “Creo que es un ejercicio sano”, dice Cinthya, quien se demora unos siete minutos en su trayecto del barrio La Luz a la UCA.
En los tres casos citados y en muchos otros jóvenes que se vienen animando a circular en bicicleta en una capital a simple vista hostil, la experiencia ha sido grata y de aprendizaje.
Les ha tocado aprender lo que no sabían: que aunque las vías y el tráfico no sea incluyentes deben comportarse como un vehículo más y respetar las señales de tránsito, detenerse en los semáforos y atender los diferentes carriles en las rotondas. Pero también han conocido, gracias a la bicicleta, rutas alternativas para esquivar las vías principales en las horas pico. Aunque Darling dice que a veces esos momentos son propicios para que la “bici” transite con rapidez porque el resto del tráfico está detenido.
Cinthya dice que puede ser más tardado irse por rutas alternas, pero es más seguro y tranquilo, aparte que ha descubierto una Managua que no conocía.
Ernesto Bustos dice que uno de los trayectos más “pesados” que ha hecho fue entre su casa y el Hotel Las Mercedes, frente al aeropuerto.
Atravesó toda la Carretera Norte, la expresión vial de todo tipo de transporte: desde caponeras, carretones por tracción animal y humana hasta furgones, que no solo no reparan en los ciclistas, sino que los ven con desprecio, es lo que sienten estos ciclistas inmersos en el día a día de la capital. “Nos inferiorizan”, es la frase que usa Ernesto, quien en esa ocasión, cuando llegó al hotel, donde participaría en un seminario, tuvo que librar otra pequeña batalla: ¿dónde guardar la bicicleta?
BATALLAS COTIDIANAS
No poder parquearse en muchos lugares comerciales y públicos es también una de las tantas batallas cotidianas para estos ciclistas urbanos.
Ernesto recuerda que en el hotel no logró convencer a los vigilantes de que lo dejaran guardar la “bici” en un lugar seguro, hasta que habló con la encargada de recepción. Otra vez le pasó lo mismo en Metrocentro y tuvo que hablar con varios supervisores y encargados antes de que lo dejaran enllavar la “bici”. Darling dice que ha experimentado algo similar en otros sitios como el Paseo Xolotlán, El Salvador Allende o el Parque Luis Alfonso Velásquez, lugares recreativos, y en este último se promueve el deporte.
LA PRENSA consultó a un par de vigilantes del parque al respecto y ellos comentaron que se pueden dejar las bicicletas a un lado de donde se ponen las motos.
ACOSO Y VULGAREO
A pesar del encanto, la alegría, la libertad, de todas esas emociones juntas que experimenta Cinthya en la bicicleta, a veces pedalea con rabia detrás de motorizados o de gente que le grita obscenidades y la ofenden cuando va en “bici”.
“Algo tan bonito como andar en bicicletas, te lo juro que es una máquina de hacer sonrisas, es maravilloso, pero imaginate no podés andar tranquila, los vehículos y motorizados se detenían a decir cosas garrafales que no voy a mencionar en la grabación. En una ocasión le di persecución a un hombre y le grité ‘sos un acosador’, entre otros, pero no medí el riesgo de que me podía caer”, cuenta Cinthya.
“Transitar en bicicleta, más que caminando, más que con un vehículo, te acerca a la gente”, reflexiona esta joven, que andando en bicicleta también ha descubierto a gente amable y una ciudad que desconocía.
MOVIMIENTO URBANO DE DOS RUEDAS
Darling no se quedó con el virus de la “bici”. No solo la siguieron amigos cercanos, sino que ideó crear un movimiento: Bicicletada Managua, para entusiasmar y sumar a mucha otra gente que usa la bicicleta como medio de transporte. Desde hace poco más de un año están organizando recorridos por distintos lugares de la capital. La idea del movimiento es hacerlos visibles y que el resto de la población y las autoridades reconozcan el uso de la bicicleta como un vehículo más dentro de las vías. En Managua aún no existen ni un metro de ciclorruta para la gente que se transporte en “bici”.
El movimiento también pretende que los ciclistas intercambien información, que aprendan a cuidarse y protegerse dentro de las vías, a las distintas horas. Darling López descubrió que en la noche los ciclistas son poco visibles y que deben dotar sus vehículos con distintos aditamentos que se vean a largas y cortas distancias. También cree que es vital el uso de casco y las luces para los que circulan de noche, pero todo eso se aprende andando en las calles, cree la artesana y promotora de este movimiento urbano.
La próxima bicicletada programada por este grupo será el domingo 7 de febrero. El recorrido de 13.5 kilómetros saldrá de Plaza Cuba a las 3:00 de la tarde.