Todavía le queda algo de ánimo al músico, masajista, artesano y ciego Beymar Ortiz, quien desde hace siete meses sostiene su columna con un corsé y está atado a una silla de ruedas, el necesario para rapear con entusiasmo la letra de una de sus dos canciones que asegura están “pegando” en dos emisoras de Carazo.
“Discriminación/ no viene tan solo por raza o color/ puede ser por sexo, enfermedad, discapacidad o nivel social/ óyeme Señor Jehová/ ¿qué está pasando con la humanidad?/ ¿por qué unos a otros no tratamos con tanta crueldad/ y no queremos ver el resultado de tanta maldad, que deambula en cada ciudad?/ mira que la maldad a nada te va a llevar/ dejemos de actuar con tanta frialdad/ quitémonos ya la ceguera espiritual”, rapea y la estrofa acaba con una apelación religiosa.
Beymar Ortiz es el ciego de 29 años, habitante de Dolores, Carazo, que a mediados de junio salió de su casa muy temprano, a las 6:20 de la mañana, con una mochila de ropa sucia al hombro. No había avanzado ni dos cuadras sobre el andén de la Carretera Panamericana, pasaba frente al estadio de Dolores, sus pasos seguían la guía del bastón blanco, que usan la mayoría de los ciegos, cuando tarde escuchó la advertencia de “¡cuidado el hoyo!” Beymar cayó en un hueco de unos tres metros de profundidad, en un manjol sin tapa.
Su hundió en una especie de atol de lodo y basura. Sintió que se estaba ahogando cuando al fin lo sacaron. Sin embargo, la caída fue nefasta para Beymar: su columna se rompió. Varias vértebras de ella necesitaron semanas después de un injerto de platino y seis clavos, según muestra una radiografía, y desde ese día se tejió una nueva realidad para este ciego que se ganaba la vida en el comercio y con la música.
“Vivo de la cama a la silla de ruedas, de la silla de ruedas a la cama”, dice Beymar sentado en una silla con ruedas de la que se cayó una vez. “Está soldada”, dice este hombre que cada cierto tiempo lanza un “aaaah” silencioso por el dolor que siente en la parte baja de la espalda.
A veces es tan fuerte el dolor, que aún con el corsé plástico siente que la espalda se le desarma y no tiene más remedio que pegar gritos.
“Los dolores son inmensos entre más hielo eso, más fuerte son los dolores”, dice Beymar, quien ha dejado la casa que le dieron hace dos años, a orilla de una quebrada, porque allí las condiciones son muy precarias para él. No tiene letrina ni baño dentro del único ambiente que compone la casa. Beymar dice que le donaron ese cajón de concreto hace dos años. A él le tocó ponerle ventanas, servicios de agua y luz y logró embaldosar hasta la mitad, del lado en el que está el colchón que le sirve de cama.
“Esto es deprimente”, dice sobre él, su casa y sobre su realidad actual. “Si yo compraba mi ropa mi comida, todo”, afirma.
Beymar Ortiz es conocido no solo en Dolores, donde vive, sino también en las ciudades vecinas Diriamba y Jinotepe. Lo conocen por su trabajo musical en el grupo Impacto Musical América, pero también por sus dotes de comerciante y masajista.
“Ha sido emprendedor este muchacho”, dice su mamá, Alba Ortiz.
Nació ciego, con un glaucoma irreversible, pero a lo largo de sus 29 años, se ha hecho cuarenta cirugías y ha logrado ver en tres períodos distintos de su vida, entre su infancia y adolescencia.
Antes de este accidente Beymar no había perdido las esperanzas de recuperar la visión. Ahora, pese a sus dolores no pierde la esperanza de volver a caminar.
RETOMARÁ PROTESTA
Cuenta que afrontar esta situación no ha sido fácil por varias razones. Las autoridades locales, concejales y alcaldesa de Dolores le prometieron ayuda y hasta ahora nada. Lo único que le han ofrecido son pañales desechables y leche, pero que para entregárselos tiene que llevar recetas hospitalarias que no consigue. Cree que debería ser suficiente ver cómo está sobreviviendo.
En reclamo de ayuda a las autoridades locales y nacionales, en noviembre pasado emprendió una huelga en el mismo lugar por donde se cayó. Estuvo allí 17 días. Su mamá lo acompañó. Ella comenta que se quemó de tanto sol que aguantó, pero suspendió la protesta. Ahora, de nuevo, para llamar la atención del Gobierno nacional está pensando en emprender una huelga de hambre. Dice que no aguanta más esa vida.
Su mamá dice que su estado físico afecta su estado emocional. Entra en crisis nerviosas, se irrita fácilmente.
Relatando las necesidades que tiene, aparte de las médicas, explica que no cuenta con una alimentación adecuada y que parte de las medicinas que toma para mitigar el dolor, lo estriñen.
Él, que estaba acostumbrado a trabajar por cuenta propia, y comenzaba estudios en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), gracias a una beca que había conseguido, se siente muy frustrado.
“Al Gobierno como nicaragüense uno le vale verga, así ponele, que se den cuenta que uno está arrecho, porque mirá, en estas condiciones como uno está y todo y no se han preocupado en darme ni una silla de ruedas ni una cama ortopédica”, reclama Beymar, el mayor de los tres hijos de Alba Ortiz.
Insiste en sus reclamos al Gobierno central. No entiende cómo se invierte tanto en árboles de lata y luces en Managua, pero no hay recursos para apoyar a gente como él en una situación así de difícil.
DEJA CASA POR AMENAZAS
En las últimas semanas Beymar ha cambiado de domicilio por amenazas. Dice que una noche le tiraron balazos alrededor de la casa y le gritaban que desistiera de la huelga. En otra ocasión llegaron policías en una patrulla e intentaron llevárselo, entonces él gritó y llamó al vecindario y evitaron que la patrulla se lo llevara.
Ha encontrado un refugio donde lo ayudan a resolver algunas necesidades básicas como la alimentación y el aseo. A veces él se baña solo, en otras le ayudan a bañarse.
“La mayoría de la sociedad me señala de que le estoy tirando al Gobierno”, dice con amargura y refiere que así como él están otros dos ciegos que también se cayeron en manjoles sin tapa en Managua. Beymar dice que las organizaciones de ciegos también se han desentendido de ellos.
Uno de sus pocos alicientes en estos días es la música. Se pone contento al saber que sus canciones están sonando en las radios Stereo Sur y Romance. Recuerda que esa canción la escribió, justamente, el día en que se cayó. A las 5:54 de la mañana. “La hice antes de salir”, recuerda con precisión este hombre que era conocido por usar el pelo al estilo rasta, por la alegría y por las bromas perennes con los chavalos del vecindario.
PASIÓN POR LA MÚSICA
En diciembre pasado, ya en silla de ruedas, Beymar Ortiz participó en una presentación musical en Managua. Le dolía la espalda, le molestaba el corsé, pero aun así participó en la actividad a la que fue invitado en diciembre pasado. Beymar confiesa que es feliz oyendo y pensando en escribir canciones, por eso sería feliz si le regalaran una computadora o algún aparato, con programa audible, que le permitiera retomar esa pasión y olvidar su complejo estado de salud.
PARA CONTACTARLO
87140039 es el número de teléfono celular de Alba Ortiz, la mamá de Beymar Ortiz, encargada de cuidar a su hijo desde que se cayó en junio pasado y quedó en silla de ruedas.

