Omar José García, propietario de Los Gemelos. Ambos hermanos aprendieron el oficio de su papá. LA PRENSA/A. MORALES

Las populares barberías de Monseñor Lezcano

Una de las cosas que hace Róger Gómez antes de dejar New York, Estados Unidos, y regresar a Nicaragua de vacaciones, es dejarse crecer los mechones de su pelo blanco y felpudo para cortárselo en esta barbería donde ahora está sentado, con los pies colgantes, dispuesto a que le dejen la cabeza con menos pelos. “Aquí es donde me dejan bonito”, comenta sonriente Gómez, un hombre de 65 años que desde los 17, asegura, ha visitado la barbería Independencia, una de las más antiguas y conocidas de Monseñor Lezcano, un populoso barrio poblado por al menos una docena de barberías.

Una de las cosas que hace Róger Gómez antes de dejar New York, Estados Unidos, y regresar a Nicaragua de vacaciones, es dejarse crecer los mechones de su pelo blanco y felpudo para cortárselo en esta barbería donde ahora está sentado, con los pies colgantes, dispuesto a que le dejen la cabeza con menos pelos. “Aquí es donde me dejan bonito”, comenta sonriente Gómez, un hombre de 65 años que desde los 17, asegura, ha visitado la barbería Independencia, una de las más antiguas y conocidas de Monseñor Lezcano, un populoso barrio poblado por al menos una docena de barberías.

Antes de ocupar esta esquina esta barbería “rodó” por varios lugares de Monseñor Lezcano. LA PRENSA/A. MORALES

Algunas de ellas tradicionales y puntos de referencia.

La barbería Independencia, por ejemplo, en la esquina sureste frente a la estatua de Monseñor Lezcano. Su propietario, José Ruiz, dice que esa barbería, fundada hace 53 años, no siempre estuvo allí. De cierta manera ha tenido un espíritu nómada. Ruiz dice que la primera Independencia, la fundó con otros dos colegas barberos, Alejandro Chamorro y Antonio Rodríguez. Los tres habían trabajado en la barbería “de don Ramiro Miranda”, una de las seis o siete que había en la calle Colón, recuerda Ruiz.

Más luego, los tres jóvenes barberos abrieron otro negocio similar, del cine Alemeda, media cuadra arriba, que se vino al suelo para el terremoto de 1972.

Roberto Álvarez es cliente de la barbería Independencia desde hace 55 años, dice que “el chineó” a uno de los gemelos hijos de José Ruiz que atienden el negocio. LA PRENSA/A. MORALES

Con las sillas que sacó de los escombros, Ruiz se fue a Chinandega, la ciudad donde aprendió el oficio. Allá lo abrió temporalmente, pero luego se devolvió a la capital y lo reabrió, con bombos y platillos, en Monseñor Lezcano, en un lugar distinto al que tiene ahora.

HEREDAN OFICIO

Una de las barberías más famosas fue la Pallavicini, en una esquina frente al portón del Cementerio General. Esa barbería la manejaba el papá de los gemelos Omar José García y Henry García, que hace poco más de una década, cuando su papá cerró el negocio y se fue a Carazo, crearon su propia barbería, a escasos 130 metros del portón del Cementerio General.

Mientras atiende a un cliente, Omar García explica que aunque existen varias barberías en el mismo barrio cada quien tiene su clientela. Y entre sonrisas cuenta que una de las claves es la atención. “Hay que saber tratar al cliente”, comenta uno de los gemelos mientras aplica afeites a un hombre recio, silencioso, que calza sandalias.

Aunque la Pallavicini se extinguió y la esquina ahora es un negocio completamente diferente, la ubicación estratégica la aprovechó la Blandón, una barbería que está a la par y que al interior luce un aspecto rejuvenecido.Adolfo Peña tiene 70 años y es barbero desde los 14. Es propietario de una de las barberías más antiguas de Monseñor Lezcano. LA PRENSA/A. MORALES

En la misma calle del cementerio, hacia el sur, se llega a la barbería El Buen Gusto, el sueño que un día hizo realidad Adolfo Hermógenes Peña, un hombre de 70 años y barbero desde los 14, que quiere vivir 130 años. “Para lo que me falta”, comenta Peña y se ríe, no se sabe si habla en serio o en broma. “Quiero ser el barbero más viejo de Nicaragua y del mundo”, agrega.

Peña aprendió el oficio en la barbería de Ramiro Miranda. Una de sus cualidades es ser estricto con la apertura del negocio. Abre a las 6:00 de la mañana, pero sus colaboradores llegan a las 7:00. En esa primera hora atiende él mismo. Y dice que cuando “mis muchachos vienen a las 7:00 de la mañana, yo ya tengo mi almuerzo y mi cena en la bolsa. Esa es mi disciplina”, comenta Peña.

El Buen Gusto también tuvo su etapa itinerante por el barrio hasta que su propietario dejó de alquilar locales y compró la esquina donde ahora está, a la orilla de una calle traficada por buses y carros, pero también por carrozas fúnebres que bajan hacia el norte hacia el cementerio.

En uno de los ventanales de El Buen Gusto se lee que necesitan peluqueros. Al interior del salón hay varias sillas ante enormes espejos, rodeadas por tres hombres, dos están de pie y el tercero sentado.

Uno de los peluqueros le corta el pelo con máquina. El otro, que en este momento no atiende a nadie, dice que se llama Wilmer Moreira y cuenta que aprendió el oficio de Peña hace 18 años. Moreira dice que un buen peluquero no se mide por el corte con máquinas, sino por la destreza en el uso de las tijeras.

El uso de las máquinas es una de las cualidades de los barberos, pero también su silencio.

“Uno se vuelve un confidente, como un sacerdote, los clientes muchas veces le cuentan a uno sus problemas personales, incluso, matrimoniales, se los cuentan a su barbero y se vuelve su confidente”, explica José Ruiz, de 82 años, quien ha dejado de cortar, pero no de dar lecciones.Antes de ocupar esta esquina esta barbería “rodó” por varios lugares de Monseñor Lezcano. LA PRENSA/A. MORALES

ECONÓMICAS Y POPULARES

Las barberías de Monseñor Lezcano son frecuentadas no solo por gente del vecindario, sino desde otros rincones de la capital que buscan ese servicio, porque además de la confianza que cultivan con los distintos barberos, el servicio es relativamente económico. Un corte normal, por el que los barberos no se demoran más de 15 minutos, cuesta 50 córdobas, mientras que un corte más elaborado anda por los 60, 70 córdobas.

Algunas prestan servicio de limpieza facial. La mayoría de las barberías abren durante largas jornadas de 12 horas y muchas atienden en días feriados hasta mediodía. “Eso sí, este es un trabajo de esclavos”, comenta uno.

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COMENTARIOS

  1. Juancho
    Hace 10 años

    Hay una barbería muy buena en ese sector, en el barrio Santa Ana, se llama Balboa, el barbero es un señor de unos 65 años que corta cabello desde los 15 años creo. Es excelente barbero, se las recomiendo. No es lujosa pero es acogedor el sitio, además su hijo es sastre y queda en el mismo local.

  2. Juan Diaz
    Hace 10 años

    En Jinotepe hay una barbería Pallavicini, debe ser el papá de los gemelos

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