La devoción del pueblo católico de Nicaragua a la Virgen María es incuestionable. Ella es la patrona nacional, proclamada oficialmente en el año 2001. La Catedral de Managua está consagrada a la Inmaculada Concepción de María y una de sus advocaciones principales es la de Cuapa, aparte de otras apariciones no reconocidas oficialmente pero registradas por la devoción popular en varios lugares del país.
Santo Tomás de Aquino define la devoción como “una voluntad pronta para entregarse a todo lo que pertenece al servicio de Dios”. De manera que, para los creyentes católicos, la devoción a María deviene de que ella es la Madre de Dios y, por lo tanto, madre de todas las personas humanas. De allí que la devoción mariana surgiera desde los primeros tiempos del cristianismo y ha sido cultivada con esmero por la Iglesia católica en el mundo entero, sobre todo a partir de que en 1854 el papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de María.
En Nicaragua —dicen los historiadores—, la devoción a María comenzó desde la llegada de los conquistadores españoles, quienes entre otras cosas buenas —aparte de las malas— trajeron la religión cristiana católica.
Pero fueron particularmente los misioneros franciscanos, según escribe el padre Oswaldo Tijerino en un artículo publicado en LA PRENSA el 8 de diciembre de 2012, los que cultivaron esta devoción que arraigó sobre todo “en el Convento de San Francisco en Granada, el Convento de la Concepción en El Viejo en Chinandega y el Convento de San Francisco de la ciudad de León, desde donde nació y se propagó a todo el país la forma de celebración que conocemos como “la Purísima y la Gritería”. Y después de finalizada la Guerra Nacional de 1856 a 1857, sigue diciendo el padre Tijerino, “monseñor Gordiano Carranza, siendo párroco de San Felipe de León se propuso con gran esmero y cariño revivir la celebración de la Gritería que por causa de la guerra estaba a punto de desaparecer”.
Desde entonces la devoción mariana en Nicaragua se hizo también una tradición, no solo en el sentido de una festividad que se celebra cada año sino también como un rasgo de identidad del pueblo nicaragüense, dicho esto con todo respeto a los cristianos que no son católicos.
De manera que desde mediados del siglo 19 el culto mariano fue una combinación de devoción y tradición, convirtiéndose en una hermosa expresión de la cultura popular nicaragüense que se aprecia en los altares y ornamentos de esta celebración decembrina.
Pero en los últimos tiempos, a partir de la revolución sandinista de los años ochenta y sobre todo ahora bajo el régimen orteguista, al conjunto de fe y tradición de la celebración mariana se le ha agregado el componente de la manipulación política. La festividad mariana y especialmente la Gritería ha sido convertida en gran medida en una celebración gubernamental, con un fin político de la familia y el partido gobernante. Lo cual es disfrutado por los partidarios del régimen, pero repudiado por los devotos que se sienten ofendidos por la manipulación de uno de sus más apreciados símbolos religiosos.