En uno de los tantos debates públicos sobre el tema del Canal Interoceánico chino que se pretende construir en Nicaragua, escuché decir a alguien que ese proyecto es una quimera. Es decir, una ilusión, algo imposible de realizar se apresuró a precisar dicha persona.
En realidad quimera significa eso, pero no solo eso.
Quimera, dice el diccionario, es “aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo”, o sea lo que la persona aludida dijo que es el proyecto del Canal. Pero el diccionario agrega que la Quimera es también: “En la mitología clásica, monstruo imaginario que vomitaba llamas y tenía cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón”.
Jorge Luis Borges incluye la Quimera en su obra El Libro de los Seres Imaginarios. Explica que la primera información sobre este ser fantástico se encuentra en el Libro VI de La Ilíada, de Homero. Y agrega que Virgilio también menciona a la Quimera en el Libro VI de La Eneida.
Borges cita a Homero cuando este dice que la Quimera “era de linaje divino, echaba fuego por la boca y la mató el divino Belerofonte, hijo de Glauco, según lo habían presagiado los dioses”. Y explica el gran literato argentino ya fallecido, que hubo tantas definiciones de ese ser increíble que con el paso del tiempo la gente terminó cansándose del cuento y dejó de creer en la existencia de la Quimera, que vino a derivar en “lo quimérico”.
“La incoherente forma desaparece y la palabra queda, para significar lo imposible. Idea falsa, vana imaginación, es la definición de Quimera que ahora da el diccionario”, explica Borges en su libro antes mencionado.
En la mitología griega Quimera es hija de Tifón (un monstruo gigantesco que nació de la relación de Gea con Tártaro) y de Equidna, otro ser monstruoso que tiene cuerpo de mujer y cola de serpiente.
Según dice Virgilio en La Eneida, la Quimera es uno de los monstruos que vigilan los alrededores del Infierno para que ningún condenado eterno se pueda escapar. Y en el imaginario popular se creía que la Quimera salía de vez en cuando a la superficie de la Tierra, para sembrar el terror entre la gente. Hasta que la mató el héroe Belerofonte, como dice Homero.
Belerofonte es un personaje medio divino por ser hijo de Poseidón, y humano a medias porque su madre es la mortal Eurínome, hija de Niso, rey de Mégara.
Belerofonte mata accidentalmente a su hermano, Delíades, en Corinto. Horrorizado huye a Tirinto donde es purificado por el rey Preto. Belerofonte se queda a vivir allí, pero Antea, la esposa de Preto, se enamora de él y trata de seducirlo.
Belerofonte rechaza a la inquieta reina porque sus principios morales no le permiten traicionar al rey, que no solo lo ha acogido, sino que lo ha purificado. Pero entonces la frustrada Antea se llena de rabia por el desprecio y cambia su atracción amorosa a Belerofonte por un odio mortal.
Antea acusa a Belerofonte de que ha querido violarla y pide a Preto que lo mate. Sin embargo Preto no puede violar la ley sagrada de la hospitalidad griega, que no le permite matar a alguien que es o ha sido su huésped.
Ante la insistencia de su mujer, Preto envía a Belerofonte en misión especial ante su suegro Yóbates, rey de Licia, con un mensaje sellado en el cual le pide que mate al mensajero.
Yóbates es un hombre de profundos principios religiosos y no se atreve a matar directamente a Belerofonte, pero le pide que libere al pueblo licio de la Quimera, monstruoso ser que cuando aparece siembra el terror en la región. Como a la Quimera se le considera invencible Yóbates cree que el monstruo matará a Belerofonte.
Pero no fue así. Además de que Belerofonte tiene poderes excepcionales por ser hijo de un dios, su padre le manda a Pegaso, el maravilloso caballo blanco volador que también es hijo de Poseidón, quien además le aconseja cómo enfrentar a la Quimera.
Montado sobre Pegaso Belerofonte ataca a la Quimera y cuando esta se apresta a escupir fuego contra aquel osado que se atreve a enfrentarla, el héroe le introduce en las fauces un gran pedazo de plomo que al fundirse en las entrañas del monstruo, le causa la muerte en medio de terribles rugidos.