Recientemente la revista Professional Safety publicó un artículo sobre los diez incidentes industriales más desastrosos de los últimos diez años, y las conclusiones fueron contundentes, que en todos y cada uno de ellos —especialmente en el caso de la plataforma petrolera Deepwater Horizon de British Petroleum— existían en el sitio las herramientas de identificación y control de riesgos, tales como Permisos de Trabajo (PdT), Análisis de Trabajo Seguro (ATS), Procedimientos Operativos Estándares (POS), entre otras, de la misma forma que se subrayaba que el personal que laboraba tenía sin duda alguna el máximo nivel de capacitación posible, ya que dichos percances ocurrieron en empresas de alta confiabilidad operativa.
Pero entonces, ¿qué es lo que aconteció? ¿Por qué ocurrieron esas situaciones? El problema de algunas organizaciones es que los sistemas de prevención de incidentes siguen un enfoque fallido, que es básicamente el que señalan Chris Seifert y Chris Bull en su formidable artículo de noviembre 2015 en Safety Management ¿Es su estrategia de Seguridad Culpar, Avergonzar y Capacitar?, enfatizando la dificultad de mejorar los indicadores de desempeño mediante este enfoque mental, en el cual se estimula al personal a veces de forma contraproducente para reducir la accidentalidad, no obstante, el seguir mejorando a partir de cierto nivel, se hace cada vez más difícil, es decir, el falso paradigma del Cero Accidentes, cae como un castillo de naipes.
Se piensa entonces que todo se logra con capacitación; se efectúan sesiones para recordar lo que no se ha olvidado, para refrescar lo que está bien fresco, para encontrarse con los mismos enfoques familiares, que provocan se piense complacientemente que la vacuna de la prevención está surtiendo efectos, ¡pero sorpresa!, la situación lamentable ocurre otra vez.
El enfoque es gravemente equivocado, una vez que se alcanzan los niveles esperados, digamos, a una “tasa aceptable”, ya no hay ningún estímulo para ir mejorando, puesto que esas metas fueron establecidas con base en un potencial equivocado inferior siempre al verdaderamente retador puesto que carece de un componente fundamental: no participan las gerencias.
Es lo más común ver en las capacitaciones empresariales su brillante y notoria ausencia, incluso, con muy poca participación de gerencias funcionales, puesto que se asume que el modelo trabaja bien al brindar solamente capacitación, sin que importe que estén presentes o no quienes verdaderamente toman las decisiones sobre el desarrollo de mecanismos e iniciativas adecuadas de seguridad operacional.
El modelo que prevalece es brutalmente simplista: la búsqueda de culpables (por cualquier razón, incluso infantiles) la “vergüenza purificadora” que conlleva un incidente con consecuencias graves; y finalmente, el remedio de siempre: la capacitación, pero no como un antídoto verdadero, sino que como un castigo, pero administrado solamente para el personal operativo y supervisor de primera línea.
Es por eso que dentro de las causas raíces establecidas en forma independiente de los diez incidentes más catastróficos de dicho artículo, se destacan las siguientes: a) prácticas superficiales de seguridad, en el nivel preciso —soberbiamente artístico— para evitar que la empresa sea multada; b) supervisores de campo realizando continua y felizmente inocuos reportes administrativos, que les impiden gravemente supervisar y verificar que los trabajos y su dirección sean realizados con la debida seguridad; c) recorte de gastos de mantenimiento para “mejorar” la apariencia de los estados financieros y la buena apariencia de la llamada administración de proyectos; d) personal insuficiente en cantidad y nivel profesional para el volumen operativo; e) fatiga por turnos extendidos irracionalmente, provocando omisiones y desviaciones fatales.
Estas causas son predictoras de desastres. Debe usted ver si alguna aplica en su empresa para eliminarla oportunamente.
*www.noalosaccidentes.wordpress.com
Ver en la versión impresa las páginas: 2 C