El día 26 de octubre se celebra el Día del Médico en Nicaragua, el cual se ha venido celebrando desde 1950. Mediante un acuerdo presidencial, se celebra en esa fecha en conmemoración al nacimiento del sabio maestro doctor Luis H. Debayle, a quien me referí en unos de mis artículos publicado el 4 de octubre del 2014 en el diario LA PRENSA.
En esta ocasión me pareció importante tratar de ilustrar a los lectores de este prestigioso Diario sobre el médico como personaje de la historia universal.
Se dice que el primer médico que existió fue Imhotep o Imutes, un sabio médico, arquitecto y astrónomo, que vivió aproximadamente entre los años 2690 y 2610 a.C. Fue también sumo sacerdote y visir del faraón Zoser de la tercera dinastía, diseñó, además, la pirámide escalonada de Saqqara. Es el primer médico y arquitecto conocido en la historia. Imhotep fue el fundador de la medicina egipcia y autor del papiro de Edwin Smith acerca de curaciones, dolencias y observaciones anatómicas, en el texto se recomienda el uso de vahos opiáceos como anestésicos, describe un total de más de 200 diagnósticos y tratamientos y 90 términos anatómicos así como el pronóstico de numerosas heridas con todo detalle. El papiro contiene las primeras descripciones de las suturas craneales, de las meninges, de la superficie externa del cerebro, del líquido cerebro espinal y de las pulsaciones intracraneales.
Refiriéndose a Nicaragua, no existe documentación de quien fue el primer médico en nuestro país. Si se conoce que el primer hospital que existió en el país, se fundó en León en 1610, en el Convento de Santa Catalina. Su organizador fue el obispo y jesuita Benito Rodríguez de Baltodano. En él se atendían indígenas y españoles sin discriminación. En 1624 se inauguró un hospital en Granada para la atención de los militares del Castillo de la Inmaculada Concepción, atención que luego se hizo extensiva a los civiles, estos hospitales a su inicio carecían de médicos y boticarios y estaban en manos de religiosas y curanderos. La enseñanza de la medicina en Nicaragua, se inicia en 1798, en el Colegio Seminario de San Ramón, en León, bajo la influencia de las concepciones escolásticas que predominaban en la metrópolis colonial y que consideraban a la enfermedad como castigo a las impurezas del alma.
En su formación el médico recibe clases de la historia de la medicina, una clase que el estudiante considera un requisito más, sin embargo con el tiempo y cuando uno va formando parte de la historia de la medicina de su pueblo, entiende la importancia de esas lecciones universitarias y rinde homenaje a esos médicos que hicieron grandes sacrificios primero para estudiar, antes había que viajar al viejo continente para estudiar medicina, luego trabajar sin grandes recursos de apoyo diagnóstico, donde privaba la clínica del paciente. Algunos se quedaban de camino en algún pueblo lejano que les abrió las puertas, otros llegaban años después dispuestos a darlo todo por su país.
Aprovechemos esta celebración para rendir homenaje a miles de médicos desconocidos, héroes anónimos, que han entregado sus vidas por el bienestar del prójimo, a aquellos que en el silencio día a día entregaron todo al más necesitado, sin hacer alarde de ello, solo dando sus conocimientos y dedicación absoluta para ayudar. En mis 30 años de ser médico he visto tantos colegas entregados a sus pacientes, que han dado sus vidas y quizás nunca han recibido el reconocimiento merecido de la sociedad, aunque estoy convencido que en su humildad con solo la sonrisa del paciente curado o consolado o de sus familiares se dieron más que recompensados. A ellos va mi homenaje el día de hoy.
El autor es cirujano Pediatra
Twitter: @DrAayon