Pan es un dios secundario, protector de los pastores, los rebaños y la vida silvestre. Se considera que es de origen egipcio y que su culto fue llevado a Grecia y después a Roma, pero algunos mitógrafos aseguran que es al revés, o sea que su origen es griego y fue incorporado a las creencias egipcias y romanas.
Pan tiene un aspecto desagradable. La mitad de su cuerpo es hombre y la otra mitad macho cabrío, con cuernos en la frente. Se divierte persiguiendo a las Ninfas de los bosques y poseyendo sexualmente a las que logra atrapar. Su culto es celebrado en los bosques por sacerdotes completamente desnudos
Pero el culto a Pan no siempre fue oficiado por personas desnuda. Esta fue una disposición del mismo Pan después de una desafortunada experiencia. La historia, resumida brevemente, es la siguiente:
Herakles (llamado Hércules por los romanos) roba la manada de yeguas de la familia de Ífito, hijo del rey de Escalia. Ífito averigua que el ladrón es Hércules y va a buscarlo para reclamarle la devolución del rebaño. Pero Hércules mata a Ífito y por este crimen es condenado por los dioses a ser vendido como esclavo y permanecer como tal durante siete años. Hermes, el mensajero de los dioses del Olimpo, se encarga de realizar la transacción.
Hércules es comprado por Onfalia, reina de Lidia, quien paga tres talentos de plata (equivalentes a unos 78 kilogramos del precioso metal) por aquel singular esclavo que es muy poderoso por ser mitad divino y mitad humano, ya que su padre es Zeus y su madre una mujer mortal llamada Alcmena.
Hércules le sirve muy bien a su ama, cumpliendo tareas que ningún hombre humano podría cumplir. Pero ocurre lo inevitable. Onfalia, joven y hermosa viuda que heredó el reino de Lidia de su marido Tmolo prematuramente fallecido, se enamora de Hércules y lo hace su amante.
Se dice que Onfalia y Hércules se divertían intercambiando vestimenta. Él se vestía con las prendas femeninas de Onfalia y ella se ponía el rústico traje de Hércules, que era una piel de león curtida. Además, se comentaba que Hércules solía hilar en una rueca junto con las esclavas de Onfalia y por esas raras costumbres era objeto de burla de las mujeres y de desprecio de los hombres, pues se le consideraba un anormal o que se sometía servilmente a los caprichos de su dueña.
Pero no todos los mitólogos tienen esa opinión. Algunos dicen que lo que ocurrió es que Onfalia y Hércules fueron en una ocasión, cuando ya eran amantes, a revisar los ricos viñedos del reino de Lidia. De repente cayó una fuerte lluvia y los amantes se refugiaron en una cueva cercana, donde, para matar el tiempo, jugaron al intercambio de vestiduras.
Como la lluvia no pasaba, Onfalia y Hércules decidieron quedarse a dormir en la cueva, pero en lechos separados, porque al día siguiente debían ofrecer un sacrificio a Dionisio, el dios de las vides y del vino, para lo cual no se podía tener relaciones carnales por lo menos en las veinticuatro horas anteriores.
Pero antes de que comenzara a llover y que la pareja se refugiara en la cueva, Pan había visto a Onfalia y se prendó de ella. Pan aguardó con paciencia y cuando ya era como la medianoche, entró en la cueva con sigilo y palpó en la oscuridad las ropas que cubrían los cuerpos de los durmientes, para identificar el de la mujer deseada.
Al sentir la suavidad de las ropas de Onfalia que cubrían el cuerpo de Hércules, Pan se acostó a su lado y comenzó a acariciarlo. Pero Hércules despertó sobresaltado y de una patada lanzó al intruso contra las paredes de la cueva. Onfalia encendió una vela, vio a Pan en un estado lastimoso y tras oír la explicación de Hércules ambos se burlaron a carcajadas .
Pero Pan no perdonó aquel agravio. Recorrió los reinos de Grecia divulgando la falsa historia de que a Hércules le gustaba vestir las ropas de Onfalia y hacer labores de mujer en el palacio, seguramente porque era un afeminado a pesar de su aparente virilidad, o que al menos era un infeliz que se sometía a los extravagantes caprichos de su dueña.
Y además Pan dispuso que a partir de entonces sus sacerdotes, hombres y mujeres, debían realizar sus ritos y ofrecer sus sacrificios estando completamente desnudos.