José Francisco Castillo Mejía, el “Sorbetero”, una leyenda del arbitraje del beisbol nacional. LA PRENSA/ L. VILLAGRA

Los juegos del “Sorbetero”

La mamá después de un partido le pregunta al hijo árbitro: Hijo, ¿cómo te fue? Y él contesta: “Pues a mí me fue bien, mamá. A usted es a la que le fue mal porque me la mentaron durante todo el juego”.

La mamá después de un partido le pregunta al hijo árbitro: Hijo, ¿cómo te fue? Y él contesta: “Pues a mí me fue bien, mamá. A usted es a la que le fue mal porque me la mentaron durante todo el juego”.
Este chiste lo cuenta a modo de anécdota José Francisco Castillo Mejía, legendario árbitro de beisbol, quien hace 15 años dejó de serlo, por cansancio.

Castillo Mejía, recordado en la cancha por su personalidad enérgica y corpulenta, y llamado siempre, dentro y fuera del estadio por su sobrenombre de infancia, “Sorbetero”, un día se agotó y dejó el mundo del arbitraje. Y para resistir la tentación de no regresar al estadio a “ompayer” (la pronunciación en inglés de umpire, árbitro) se deshizo de la máscara, del peto, de cualquiera de los equipos que alguna vez usó para cantar faltas en la zona de home.

Así lo hizo y no volvió hasta este año, 15 años después, en que entró al Salón de la Fama, y asistió al acto donde le rindieron homenaje a él y a otras glorias del deporte nacional.
“Es un trabajo muy difícil, la mayor parte de las veces es muy ingrato. Mi pobre madre es la que sufría”, dice medio en broma y medio en serio este hombre de 74 años que infundía respeto con su figura y su espíritu recio.

El “Sorbetero”, quien casi siempre arbitraba la zona de home o la primera base, se distinguía por su estatura, 6.2 pies de estatura y su corpulencia repartida en 230 libras.

En la década de los ochenta, durante un partido de beisbol,  el corredor es Ramón Padilla.  LA PRENSA/ ARCHIVO.
En la década de los ochenta, durante un partido de beisbol, el corredor es Ramón Padilla.
LA PRENSA/ ARCHIVO.
IMPONENTE ÁRBITRO

Omar Cisneros, reconocido técnico de beisbol, lo recuerda como un hombre de mucho temple en el campo de juego. Pero no solo llamaba la atención por su físico, sino por su forma particular de cantar las faltas de los jugadores. Para cantar el fuera (out) al jugador que está aterrizando sobre la almohadilla de la primera base flexionaba las piernas abiertas, inclinaba el pecho hacia adelante y la cabeza con la mirada fija en el corredor que intentaba alcanzar la base y el jugador para sacarlo fuera. Tras corroborar el “fuera”, alzaba la mano y luego la bajaba como ráfaga y cantaba un enérgico e inapelable “out”. Inconforme, muchas veces, el jugador bajaba la cabeza ante aquel hombre enorme, y con la cabeza gacha se largaba del cuadro.

“Todos los juegos fueron importantes. Todos los juegos eran difíciles”, dice este árbitro retirado quien desde hace 11 años vive en el barrio Hialeah, en Managua, con su tercera esposa, Juana del Carmen Flores.
Ser árbitro “es muy difícil, requiere mucha responsabilidad, no se queda bien con nadie. Dese cuenta que en este estadio con unas 15,000 personas, unos jalan para un equipo, otros jalan para otro, hay que tener carácter, personalidad y darse a respetar, y yo tuve las tres cosas”, dice el “Sorbetero”, quien por segunda vez en el mismo año regresa al Estadio Nacional Denis Martínez. Esta vez lo ha hecho para unas fotos.
Este hombre, quien árbitro juegos de más de cinco horas, dice que ahora no puede pasar mucho tiempo de pie. Desde que le pusieron el marcapasos para que su corazón continuara funcionando, su vida ha cambiado.

CON MARCAPASOS

Cuenta que esa recaída fue hace tres años. Se cansaba y le dolía el pecho. Entró al hospital pesando 226 libras, el mismo corpachón con el que había abandonado los estadios, y salió pesando 150 libras. Muy delgado. “He ido saliendo poco a poco”, dice este hombre que no siempre habló tan pausado como ahora. Su voz era otra cuando en los estadios le mentaban la madre, y él muchas veces respondió mentándole doblemente la madre al otro, dice, y aclara que ser juez no implicaba “poner la otra mejilla”.

Cuando dice que ha ido saliendo, se refiere a que ha recuperado su peso lentamente, ahora está en 172 libras, solo tres menos del ideal que le han planteado los médicos para un hombre de su tamaño.
Este hombre que pudo ser la vida entera un simple jefe de cuadrilla de Enacal (Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados), empleo por el que ahora recibe una pensión mensual, se convirtió en árbitro gracias a que un día fue reclutado y entrenado en las artes de “ompayar” juegos por dos árbitros reconocidos de la época: Jorge Ortiz, a quien le llamaban “El Elegante”, por su estilo particular, y a Gabriel Rodríguez, “Petaca”, dos instituciones del arbitraje como más tarde lo sería él.

Sobre este estilo original que tenía y del que hacía gala en los juegos, dice que no lo copió en ninguna parte, pero que miraba muchos partidos de Grandes Ligas y allí se fijó en cómo cantaban las jugadas los árbitros. Tal vez lo único que siempre se propuso Castillo Mejía fue ser justo y lograr que los jugadores lo respetaran. También pensó que el beisbol era un juego alegre, enérgico y había que actuar consecuentemente.

Aunque la posición de los árbitros generalmente es criticada y poco reconocida por la afición, para un partido se preparan igual que los jugadores.

“En el descuido de un árbitro está el futuro de un juego, el árbitro que llega de goma, que llega trasnochado, que tuvo relaciones sexuales, que se tomó sus copas, no llega en óptimas condiciones”, dice Castillo Mejía.

David Hodgson, mánager del equipo de la Costa Caribe, quien también conoció al “Sorbetero” en sus tiempos de árbitro, recuerda que era “muy respetuoso” en los partidos.
Cisneros también lo recuerda como un juez imparcial, que ni siquiera después de los juegos aceptaba raid de los jugadores.

El “Sorbetero”, quien recuerda a jugadores respetuosos y a otros “vulgarcitos”, dice que el partido más largo que le tocó fue en Rivas. Comenzó a eso de las 10:00 de la mañana y terminó pasada las 4:00 de la tarde, cinco horas y veinte minutos. Dice que “fue de gran carreraje”.

“Salía desbaratado, con hambre, cansado”, dice sentado en las graderías vacías del estadio un viernes por la tarde.

BRILLÓ EN ITALIA

El talento del “Sorbetero” fue probado en el extranjero. Participó en varios eventos internacionales, entre ellos recuerda el Mundial de Cuba, en 1984; el de Italia, en 1988, y el de Nicaragua, en 1992.
Cisneros dice que en Italia recibió mención de honor como uno de los árbitros más destacados del campeonato. Fue árbitro del juego China-Japón y le llamó la atención el respeto que profesaban los asiáticos por la decisión de los jueces, muy distinto al comportamiento de muchos nacionales.

Para él fue una gran experiencia. “Tuve mis dificultades. Se aprende mucho de esos eventos”, dice el “Sorbetero” quien valora cómo la tecnología en estos tiempos le ayuda a los jueces. “Los saca de aprietos”, comenta.

De la misma manera que a él lo formaron árbitros legendarios, también él hizo lo suyo. Dice que uno de sus pupilos fue Jairo Mendoza, presidente de la Asociación Nacional de Árbitros de Beisbol y Softbol de Nicaragua (Anabesonic).

Cuando se le pregunta cuál es la cualidad que define a un árbitro, sin dudarlo y con su forma parsimoniosa de hablar, dice: “Templanza en el carácter”.

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VENDÍA SOPRBETE

José Francisco Castillo Mejía era hijo de una mujer muy, muy hermosa. Siempre la miraban o le decían algo, y él era un niño al que no le gustaba que molestaran a su mamá, entonces la acompañaba, no se le despegaba. Ella tenía un carrito y vendía sorbetes, y él era quien empujaba el carro hasta cierto lugar, pero a veces en el trayecto lo detenían y le compraban sorbete. De allí nació el apodo que cargó a lo largo de su vida en el beisbol, y que sobrevive más que sus nombres y apellidos en esos círculos. Cuenta que no lo enoja, nunca lo enojó que le dijeran así.
Este año, en agosto, cuando entró al Salón de la Fama, junto a otras glorias del deporte nacional, volvieron a llamarlo así.

“Fue el mejor árbitro de  Nicaragua en Italia, en 1988. Tenía porte y aspecto, era  un hombre que con sus 6.2 pies de estatura infundía  respeto. Fue el mejor árbitro de su época”. Omar Cisneros, reconocido mánager del beisbol nacional.

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COMENTARIOS

  1. Gehovanny Colomer
    Hace 11 años

    Felicidades don Jose Francisco Castillo Mejia el SORBETERO MUCHA FELICIDADES, lo duro que es ser ARBITRO DE BEISBOL, yo le admiro y comparto su dicha y feliciada como Arbitro que soy desde Bonanza RACCN mis mas sinceros respeto selor sorbetero, su colega el BULGARO ARBITRO FEDERADO.

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