Cuando a Julio “Yambito” Gamboa le preguntan por sus días de gloria en el boxeo, no hay quien detenga la ráfaga de años, nombres y torneos que recuerda. A pesar de que ya han pasado 11 años desde que peleó por última vez, todos aquellos momentos en los que fue un grande del deporte están grabados en su memoria, como las cicatrices que hoy tiene en su rostro.
Quién que haya vivido hace dos décadas al menos no recuerda al “Yambito” batiéndose con coraje en el encordado o a Paul Argüello brillando con tiros perfectos desde el área de tres puntos en las canchas de basquetbol o al tirador olímpico Walter Martínez apilando medallas, al pesista Orlando Vásquez, al beisbolista Julio Medina succionando batazos en la segunda base o al maratonista William Aguirre, incansable, kilómetro tras kilómetros, como un Filípides moderno.
Ganaban medallas, imponían récords, disputaban campeonatos nacionales e internacionales.
Pero, después de la gloria, las canchas, los estadios y los coliseos quedan vacíos, sus fotografías desaparecen de los periódicos y dejan de ser los semidioses a los que miles de fanáticos apostaban sus alegrías. ¿A dónde van las estrellas cuando dejan de brillar?
Según Edgard Rodríguez, cronista deportivo de LA PRENSA, la poca oportunidad de preparación académica que tiene un deportista hace que “la gente les dé trabajo por alguna razón afectiva, pero no porque estén entrenados para una labor” y por tanto, lo razonable es que al retirarse sigan dedicándose a aquello a lo que le entregaron la vida.
Por otro lado, Moisés Ávalos, divulgador del Comité Olímpico, expresa que “el deporte te da varias facetas: aficionado, atleta, entrenador, árbitro, dirigente. Hacen una carrera” y después de su retiro la experiencia y el conocimiento agudo de cada una de sus disciplinas son útiles para el entrenamiento de jóvenes, futuros deportistas. “Cuando uno lleva el deporte en la sangre, ahí termina. Cuando alguien dedica una vida al deporte, ahí termina”, dice.
William Aguirre
“Que un pelotero nicaragüense llegue a las Grandes Ligas, que un boxeador se convierta en campeón mundial profesional o que otro futbolista llegue a Europa: todo eso es más fácil a que vuelva a nacer en Nicaragua un maratonista de la calidad de William Aguirre”. Esa es la respuesta de Moisés Ávalos, divulgador del comité olímpico, cuando se le pregunta sobre el maratonista Aguirre.
Según Ávalos y algunos cronistas deportivos, es el mejor maratonista que ha tenido Nicaragua en la historia. Tiene el récord nacional de todos los tiempos en diez mil metros, maratón y media maratón. Participó en tres Mundiales. Sus años más fuertes fueron en los ochenta y noventa.
En los quintos Juegos Centroamericanos, realizados en San Salvador 1994, él tiene la mejor marca de todos los tiempos en Centroamérica en maratón, con un tiempo de 2:20 horas. Aguirre es el único nicaragüense que ha ganado dos campeonatos centroamericanos con récord. Corrió en dos juegos olímpicos: Barcelona 1992 y Atlanta 1996. William Aguirre es uno de los pocos nicaragüenses que ha cumplido con el ciclo olímpico, que es la participación en todas las competencias de atletismo.
“Él empezó jugando futbol en Diriamba, porque es de Carazo”, afirma Ávalos. Luego de 25 años de carrera deportiva, el maratonista se retiró, trabajó como director de Deportes de la Alcaldía de Managua cuando Alexis Argüello era vicealcalde.
Hoy él es el director de los delegados departamentales del Instituto Nicaragüense de Deportes.
Escribió un libro titulado William Aguirre, una leyenda del deporte nicaragüense. Aguirre tiene 50 medallas y 150 trofeos en competencias nacionales e internacionales.
Julio Medina
Cuando Julio Medina tenía apenas 19 años cualquiera que lo viera jugar sabía que iba a ser un jugador muy especial, pues desde esa edad empezó a batear a lanzadores que ya estaban bien establecidos en el beisbol nacional. Y así fue.
Julio Medina fue segunda base del equipo de beisbol de León. Según Edgard Rodríguez, “Medina, Ariel Delgado y Arnoldo Muñoz formaron durante toda la década de los años ochenta la mejor defensiva que equipo alguno tenía en nuestro beisbol. Eran jugadores de los que no hemos visto”.
“La Chilindrina”, así le decían. Era como ella: muy flaquito, hiperactivo e inquieto. Sin embargo se le identificaba por ser un jugador bravo, un pelotero que jugaba con mucho coraje. Considera Rodríguez que Julio Medina era un jugador integral: bateaba bien, corría muy bien y además era muy inteligente. Es considerado como el mejor segunda base de la historia.
“Julio Medina fue el jugador en quien encarnó el beisbol de los años ochenta. Los peloteros no salían de Nicaragua. Si firmaban a un nicaragüense se le miraba casi como a un traidor, era gente muy fiel a la revolución”, explica Rodríguez.
Medina fue símbolo de ese pelotero que aun pudiendo firmar se quedó a jugar en Nicaragua.
Se retiró en 1998. Fue mánager del San Fernando y en 2011 el alcalde sandinista de León, Manuel Calderón, lo nombró mánager de los Leones. Actualmente es delegado departamental del Instituto Nicaragüense de Deportes en León.
“Yambito” Gamboa
Aquí es donde Julio Gamboa le encuentra sentido a su vida: en el gimnasio Róger Deshon en el barrio San Judas, entrenando futuros campeones mundiales.
“Yo sentí que el boxeo era lo mío. Me preparé, tengo ocho años de experiencia y ahí vamos poco a poco trabajando con los muchachos a ver cuándo damos un fruto bueno”, dice. Hace seis meses el púgil leonés trabajaba en una gasolinera, pues había llegado de España y quería entrenar: lo solicitó al alcalde y este le dijo que esperara. Y ese fue el trabajo que le consiguió Evertz Cárcamo, diputado sandinista. Hace unos años, en 2012, “Yambito” vivía en España, donde trabajaba como entrenador profesional y de seguridad. Cuatro años antes, en 2008 había viajado a Estados Unidos para prepararse como entrenador y fue allá donde peleó por última vez.
En sus mejores días no había un solo contrincante al que “Yambito” le diera tregua; según cuenta, en 1988 ganó todos los torneos nacionales. Fue campeón de los Juegos Centroamericanos y los Panamericanos. El boxeador peleó cuatro veces por título mundial y tuvo un empate y tres derrotas.
Cuando estaba en primaria “Yambito” tenía un compañero que hablaba seguidamente de sus clases de boxeo. Cuando ambos crecieron, Gamboa se interesó por el deporte y preguntó cuánto debía pagar para asistir. “Mi compañero me dijo ‘no hay falla, no te preocupés, yo te voy a llevar’”, recuerda el púgil. Y fue así que empezó a entrenar. Tenía 15 años.
Paul Argüello
Argüello se inició jugando beisbol; no obstante fue hasta que tuvo 16 años, en 1980, que comenzó a jugar baloncesto.
Él fue catalogado como el mejor basquetbolista en Nicaragua en los años ochenta, cuando se hicieron los torneos internacionales Carlos Ulloa en Nicaragua, uno de los torneos más fuertes de Centroamérica y el Caribe. “Entonces llegó a ser un torneo muy fuerte y él destacó mucho ahí a nivel de Selección nacional”, explica Ávalos. “Garantizaron la presencia de la URSS, Cuba, Bulgaria, casi toda Centroamérica y diferentes equipos, en un evento de alto voltaje y atracción espectacular”, expresó Edgar Tijerino al diario LA PRENSA en 2002.
“En 1987 participó en el Torneo Nacional con el equipo Nexba, siendo el líder anotador en este torneo. Jugó en el Torneo Copa Centenario, celebrado en San José, Costa Rica. Ahí obtuvo el liderato de tiros de tres puntos”, reza el historial de Paul en el Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense, al cual pertenece desde el 29 de abril de 2001.
“Paul fue uno de los jugadores que más me impresionó. Combinaba la habilidad con la fuerza de una forma impresionante”, recuerda Edgar Tijerino, cronista deportivo. “La última vez que supe de él trabajaba con Padilla”, agrega.
Walter Martínez
Según cuenta Ávalos, Walter empezó desde muy chavalo a ser tirador olímpico, en la especialidad de fusil. En los años ochenta y noventa llegó a ser el mejor tirador de fusil de Centroamérica y además tuvo clasificaciones para participar en tres juegos olímpicos. Guatemala 2001, medalla de oro. Él fue hasta el 2001 el único atleta en Centroamérica en haber ganado cinco medallas de oro, en cinco ediciones de los Juegos Centroamericanos:
Juegos Centroamericanos del 1986 en Guatemala-Medalla de oro.
Juegos Centroamericanos de Tegucigalpa 1990-Medalla de oro.
Juegos Centroamericanos de San Salvador 1994-Medalla de oro.
Juegos Centroamericanos San Pedro Sula 1997-Medalla de oro.
Juegos Centroamericanos Guatemala 2001-Medalla de oro.
Sin embargo, por lo que más se le recuerda y se considera su más grande logro fue en los Juegos Panamericanos de Canadá en 1999, donde la especialidad era rifle 3×40. Él logró meterse a la final junto con los mejores ocho, donde participaban más de 60 competidores de todo el continente.
“Es el único nicaragüense que ha estado en la final. Trabajó como director técnico del comité olímpico nicaragüense y es actualmente el secretario general de la Federación Nicaragüense de Tiro Olímpico. Y lo más importante: es actualmente el mejor entrenador de fusil que tiene Nicaragua”, concluye Ávalos.
Orlando Vásquez
“El Caupolicán moderno”. Así llama el cronista deportivo Edgar Tijerino al pesista Orlando Vásquez. La explicación no es necesaria cuando se admiran las nueve medallas que ganó en los Juegos Panamericanos: tres en Indianapolis, Estados Unidos, en 1987; sin embargo estas las perdió por tomar diurético, un medicamento prohibido, pero que era suministrado por su entrenador soviético. Fue sancionado durante dos años, pero volvió en los Panamericanos de La Habana, Cuba, en 1991, donde ganó tres medallas y luego otras tres en Mar de Plata, Argentina, en 1995.
Cuando Vásquez empezó como atleta novato en 1982 no imaginó que luego de una trayectoria en el deporte viviría casi diez años de su vida atrapado entre el alcohol y las drogas. “Fue algo desastroso para mí. No pude dar un ejemplo digno a la juventud en esos tiempos”, se lamenta el pesista.
Durante su vida de adicto se encontró con personas como Miguel Niño, presidente de la Federación de Pesas, quien lo llevó a un centro de rehabilitación. “Me pusieron materiales deportivos para iniciar a dar clases”, recuerda Vásquez.
Una vez recuperado, tomó un último riesgo: ese día su trayectoria finalizó. El 4 de marzo de 2013, a los 43 años, participó en los Juegos Centroamericanos en Costa Rica, donde ganó dos medallas de plata. “Actualmente estoy al frente de la Comisión Técnica de la Federación Nicaragüense de Levantamiento de Pesas. Todo me ha ido bien”, concluye.



