A menudo cuando se tiene el poder absoluto se cae en la tentación de ejercerlo a contrapelo de la ley y la razón.
En una decisión aparentemente inocua e intrascendente, las sesiones de la Asamblea Nacional (AN) programadas para esta semana: martes, miércoles y jueves fueron suspendidas, programando solo una el pasado lunes, un día que normalmente se estila para reuniones de bancada y raras veces se ha programado una sesión plenaria.
El motivo: como el presidente René Núñez está enfermo y la presidenta en funciones Iris Montenegro viajaría fuera el país el martes, la presidencia de la AN recaería en la segunda vicepresidenta, María Eugenia Sequeira, es decir, a la oposición.
Con los más de 63 votos que tiene el Frente Sandinista con sus aliados, ¿qué pueden temer? ¿Por qué no permitir que la ley 606 siga su curso y presida la diputada Sequeira a como corresponde? Es un asunto únicamente de simbolismo, pero también es un asunto de respeto institucional.
Ni siquiera podrían discutirse los anteproyectos de ley que ha presentado la Bancada de la Alianza PLI porque estos ni siquiera los pasan a discusión a las comisiones, por lo que no están dictaminados y por tanto, no pueden pasar a discusión al plenario.
Es una mezquindad política. Para ellos es preferible que la Asamblea se paralice y que no se discutan las leyes que están en la agenda legislativa, a que presida un opositor. Peor aún, han programado otras sesiones hasta el viernes 2 de octubre, otro día totalmente atípico, claramente acomodado al regreso del viaje de la presidenta en funciones. Para el colmo, no será para legislar, sino una sesión solemne para imponer la orden Carlos Núñez Téllez a varias distinguidas personalidades.
Definitivamente el poder absoluto hace perder la brújula, y cuando no hay tiempo para reformar una ley o la misma Constitución, simplemente se viola hasta que la ley sea reformada, a como ocurrió con el principio constitucional de la no reelección consecutiva, o de quien hubiere sido presidente por dos períodos.
Por otra parte, el Ejecutivo a través del INTUR viola su propia ley, cuando ya en dos ocasiones no se me ha convocado a las sesiones de la Junta de Incentivos Turísticos, conocida como JIT, a la cual me corresponde asistir por efecto de la Ley 306, Ley de Incentivos para la Industria Turística.
Dicha ley establece la Asamblea Nacional tiene un asiento en la JIT por medio del presidente de la Comisión de Turismo o quien el delegue para tal efecto, según la Ley 306, articulo 4, numeral 4.15.
Esta exclusión, sin ningún argumento jurídico que respalde esa decisión, claramente reñida con la Ley, me hace pensar que los argumentos más bien tienen que ver, a como me lo dijeron los diputados sandinistas en la comisión, con mis opiniones críticas que he vertido en los medios y esta columna, es decir: con la libertad de expresión.
Es triste, pero la AN ya ni siquiera guarda las apariencias de independencia como poder del Estado, sino que actúa como un apéndice del poder Ejecutivo.
En los primeros meses del año, cuando la expresidenta del INTUR Mayra Salinas fue invitada dos veces a comparecer en la comisión, como se estila, no llegó ni dio excusas. Todo ello, a pesar de que fue invitada por decisión unánime de los diputados que integran la comisión y que por ley estaba obligada a asistir.
Para que la ilegal decisión de excluirme en la JIT fuese legal, se tendría que reformar la Ley 306 para que diga que “es un diputado de la Comisión de Turismo el que asiste” y no su presidente, o quien él delegue; o cambiar al presidente. Con la mayoría absoluta con que cuenta el partido de Gobierno en la Asamblea Nacional, pueden tomar cualquiera de las dos opciones.
Podría incluso el Ejecutivo proponer una reforma a la 306 “con trámite de urgencia”, para adecuar la ley a sus deseos y conveniencias, a como lo hizo con las reformas constitucionales, pero haría el ridículo, a como hace el ridículo al cancelar las sesiones de la Asamblea para que no las presida María Eugenia Sequeira.
El autor es diputado de la Bancada Alianza PLI y Presidente de la Comisión de Turismo.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A