La amiga lectora de LA PRENSA, Leonie Suhr me envió un breve comentario sobre los artículos que publiqué hace unas semanas relacionados con los monumentos de Cibeles, Neptuno y Apolo en Madrid.
“Quiero poner mi granito de sal como francesa adoptiva”, dice Leonie, quien me envió la fotografía de “una de las más bellas fuentes de Neptuno saliendo del mar, que se encuentra en el Palacio de Versalles, una maravilla”. Y reflexiona que “tal vez un Poseidón saldrá del mar aquí para poner orden y justicia en esta provincia del mundo, que a veces creo abandonada por los dioses”. Hermosas palabras y gran deseo de Leonie Suhr, que, por supuesto, comparto plenamente.
En realidad, monumentos a Neptuno (Poseidón para los griegos) los hay en muchos países, incluyendo —en las Américas— Estados Unidos, Canadá, México y Cuba. Todos son hermosos, como deben de ser las obras de arte, pero los que están en los Jardines de Versalles, en Francia, son los más espléndidos según quienes los han visto y admirado.
Se conoce que en los Jardines de Versalles hay por lo menos 11 fuentes, la mayor parte de ellas dedicadas a divinidades mitológicas.
Está allí la Fuente de Neptuno saliendo de las aguas del mar, mencionada por Leonie Suhr, que realmente es una maravilla a juzgar por la fotografía que ella me envió y otras que he visto por medio de internet.
En esos jardines se encuentra también la Fuente de Latona, madre de Apolo y Diana. En el portal Chateau de Versailles se dice que la fuente está inspirada en Las Metamorfosis , de Ovidio. Representa a Latona protegiendo a sus hijos de los lugareños de Licia, al mismo tiempo que pide a Júpiter que les haga pagar las ofensas. Por lo cual Júpiter convierte en ranas y lagartos a los ofensores.
Luego está la Fuente de Baco (Dionisio para los griegos), el dios del vino, quien enseñó por el mundo a cultivar la vid y aprovechar la uva. En el monumento de Versalles Baco simboliza el otoño y está rodeado de pequeños sátiros, seres míticos que son mitad humanos y mitad cabritos.
Otra fuente de los Jardines de Versalles es la de Saturno (Cronos para los griegos), quien simboliza en esta escultura al invierno (pues en la mitología romana Saturno es el dios de la agricultura) y aparece rodeado de sus amantes en una isla llena de conchas.
Igualmente está allí la Fuente de Flora, diosa romana de la primavera, de los jardines y de las flores (que por ella son llamadas así), las que siempre coronan su hermosa cabeza. Flora es una divinidad típicamente romana, aunque algunos mitógrafos la asocian con la ninfa griega Cloris, quien fuera raptada por Céfiro, el viento suave. Céfiro se casa con Cloris y como prueba de su amor la hace reina de las flores y le concede el don de la germinación de las semillas.
Está también la Fuente de Apolo, dios de la luz del Sol, de la poesía y de la belleza. Y la Fuente de Ceres, diosa de la agricultura y de las cosechas, quien diera su nombre a los cereales. En la fuente de Versalles se ve a Ceres sentada sobre un lecho de gavillas (manojos) de trigo, ella simboliza al verano y junto con las esculturas de Baco, Flora y Saturno completa el conjunto de las cuatro estaciones.
Falta mencionar la Fuente de las Ninfas, con una cascada que es llamada el Baño de las Ninfas de Diana. Las Ninfas son las hermosas hijas de Júpiter (o Zeus) que aman la música y la danza y presiden la fuerza natural, la reproducción y la fecundidad de la naturaleza. Se llaman Oréades, si viven en la montaña; Náyades, cuando moran en los ríos; Agrónomas, las de los campos; Melíades, las que viven en los fresnos; Nereidas si están en el mar; Alseides, las de los bosques; Hamadríades las de los árboles en general; y Epimélides las que viven entre las ovejas.
Y hay que mencionar la Fuente del Dragón, que no representa a un dios pero sí un episodio del mito de Apolo, cuando este, siendo aún un niño, mata a la serpiente Pitón.
Pitón era hija de Gea, la Madre Tierra. Nació del barro que quedó del gran diluvio universal, vivía en una gruta cerca de Delfos, en el monte Parnaso, donde custodiaba un oráculo sagrado del que se apoderó Apolo después de dar muerte a la fantástica gran serpiente.