A un día de la fecha programada para la ejecución de Bernardo Tercero, en una cárcel de Texas, Estados Unidos, su madre Lidia Tercero, espera un milagro que salve su vida. Ella lleva muchas noches en vela pensando en la sentencia. “Al gobernador de Texas le diría que me le dé una oportunidad a mi hijo, porque la vida solamente la quita el Señor. No puede violar los mandamientos de Dios”, dijo Lidia Tercero.
Con ella coinciden miembros de las Comunidades Eclesiales de Base de Managua, que junto con el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), promovieron ayer un plantón de solidaridad con la familia del nicaragüense condenado, así como para rechazar la pena de muerte y demandar respeto a su vida.
En Managua los miembros de las Comunidades Eclesiales de Base leyeron una carta dirigida a Bernardo Tercero. En la misma dicen que oran por él, “en demanda de clemencia para ti o por lo menos que se posponga la ejecución”.
RESPETO A QUINTO MANDAMIENTO
Con cantos y pancartas las Comunidades Eclesiales de Base de Nicaragua demandaron que las autoridades de Texas respeten “el mandamiento Divino de: No matarás”.
“No tengo palabras para describirlo, soy cristiana evangélica, voy a la iglesia, estoy en ayuno y no estoy en capacidad de contestar el celular si me llaman” , expresó la madre de Bernardo, quien refirió que su nieto Franklin fue quien pidió la visa para viajar a Estados Unidos, pero se la negaron.
“No hice ninguna gestión, pero si hubiera tenido la oportunidad de la manera que fuera, yo quería ver a mi hijo”, señaló la mujer tras señalar que esta mañana tiene previsto dejar su casa bajo resguardo y refugiarse en estas últimas horas desesperantes, en casa de un familiar en Posoltega.
En el año 2000 durante el proceso judicial fueron convocadas siete personas, Lidia estuvo entre ellos. Los otros fueron amigos y familiares que declararon a favor de su hijo.
En el penúltimo día de su estadía en Estados Unidos llegaron a medianoche a la cárcel en Texas, donde uno a uno pasaron a reunirse por algunos minutos con Bernardo.
“Esa vez no platicamos mucho y me dijo: ‘Sé fuerte, yo voy a salir de aquí, un día vamos a estar reunidos’ y le dije que sí, que el Señor haría un milagro, fue lo último”, narró la señora.
Al día siguiente, a pocas horas de retornar a Nicaragua, trasladaron a Bernardo a la Corte y ahí la madre pudo despedirse de su hijo sin decirse una sola palabra.
“No lo habían condenado todavía, fue la oportunidad que yo lo pude abrazar, pero no habló ni él ni yo; nos abrazamos, sentí que la vida se me iba en ese momento, como que sabía que ya no lo iba a volver a ver. Le dije que sí, que el Señor haría un milagro, fue lo último”, rememora Lidia.
La presidenta del Cenidh, Vilma Núñez, expresó que con el plantón buscan sensibilizar a la ciudadanía de las consecuencias gravísimas que tiene la existencia de la pena de muerte. Núñez dijo que no demandan la impunidad del caso en el cual el nicaragüense se vio involucrado, sino que le den una oportunidad de demostrar cuáles fueron las circunstancias en que cometió el delito por el cual está sentenciado y encarcelado.
Azahálea Solís considera que la defensa que tuvo Bernardo Tercero no fue adecuada. Además, que la reacción del Gobierno de Nicaragua fue tardía.
Ver en la versión impresa las páginas: 1 A ,4 A