La escasez de billetes de alta denominación en Venezuela —que obliga a portar enormes fajos en las carteras— llevó al Banco Central a abrir una licitación para adquirir papel de impresión de circulante.
El organismo convocó a un concurso internacional en busca de una empresa con “capacidad propia y disponibilidad para el suministro de papel” para imprimir billetes de cincuenta y cien bolívares, que son los que más escasean.
En un país de inflación galopante, la gente lleva en sus bolsillos grandes fajos, a menudo de baja denominación, y gasta tiempo en contarlos en tiendas, supermercados y bancos.
A falta de billetes de cincuenta y cien, una persona, por ejemplo, debe usar los de cinco y de diez para comprar un periódico (cien bolívares) o adquirir un kilo de papas (trescientos bolívares).
La escasez de billetes de cincuenta y cien se acentuó en las últimas semanas a raíz de las distorsiones que provoca la alta inflación que en 2014 alcanzó el 68.5 por ciento (última cifra oficial).
Cálculos independientes estiman, sin embargo, que el costo de vida en Venezuela está en tres dígitos, al superar una tasa anualizada del ciento por ciento.
En Venezuela se estableció un férreo control cambiario en 2003, que actualmente da lugar a cuatro tipos de cambio, de los cuales el del mercado negro es 110 veces mayor a la tasa oficial más barata de 6.30 bolívares por dólar.
Además, el gobierno monopoliza las divisas en el país, que obtiene el 96 por ciento de estas del petróleo e importa al menos el cincuenta por ciento de los alimentos que consume.
Ver en la versión impresa las páginas: 3 C