Asistí al Teatro Justo Rufino Garay, a una función en circuito cerrado antes del estreno de la obra La ciudad vacía , excelente creación en un acto de Lucero Millán quien además actúa con elevada calidad profesional como sabe hacerlo, acompañada de René Medina y Jhosay Peralta, muy buenos también.
En un escenario con dos planos calculados, los personajes se van desplazando en el espacio y en el tiempo con luces y movimientos bien ensayados y mejor ejecutados. La obra, de gran seriedad, fundamento y mensaje, ha sido elaborada dentro del programa Actores de Cambio, bajo el patrocinio de Hivos/Asdi.
Se trata de presentar, comprender y desentrañar las reflexiones de tres personajes regresando a su sitio después de un conflicto armado, revuelta le llaman, todos ellos en busca de algo que no tienen y desean recuperar, una carta, un familiar querido, un amor.
En una ciudad de descripción incomprensible y con nuestras difíciles y curiosas direcciones, hice un esfuerzo por penetrar en los problemas de cada uno, creo que con escaso logro a veces me parecía que la obra, venida de la pluma de una autora llegada del exterior, encontraba difícil transmitir sus pensamientos a un público egoísta ajeno a su sentir.
Muy divertida la seña para localizar direcciones que no se encuentran, del Arbolito dos abajo y media al lago y que luego es acomodada de forma genial para cerrar la obra, de la nostalgia dos cuadras a la felicidad.
No es una obra fácil, La ciudad vacía, está bien lograda, entusiasma, transmite la necesidad de una mejor comunicación en los ambientes de la ciudad vacía y estéril. Creo que tiene trasfondos políticos subyacentes y de actualidad.
PASIÓN OCULTA
Una de mis pasiones ocultas y casi inexploradas ha sido el teatro, me atrae, me seduce, es de mi gusto. Encuentro fascinante el esfuerzo de los actores por vivir, o revivir escenas como si fueran actuales. Celebro y aplaudo de inmediato y sin reservas los aciertos, en especial las actuaciones convincentes.
A veces creo que me hubiera gustado ser actor, en mi temprana adolescencia en mi pueblo tuve participación en Elisa , una linda pastorela del maestro Pablo Vega, donde actuábamos, cantábamos y bailábamos. Allí me picó el amor, a los 12 años por primera vez me enamoré de Marina, actriz, tan loquita como yo, nos dábamos piquitos entre telones.
Unos años después fui llevado por azar a participar de forma breve en una obra seria, Máscara exige la vida , de Pablo Antonio Cuadra, que presentamos varias veces en diferentes ciudades del país, con un elenco amplio bajo la dirección de Adelita Pellas, cuando nos orientaba me hacía dudar, porque creo que me gustaba más ella que la obra.
Estas han sido mis escasas actuaciones escénicas, desafortunadamente.
Ahora me corresponde aplaudir y lo hago sin reservas, en tributo a Lucero Millán con una ovación de pie.
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