En la Biblia (Nuevo Testamento, Evangelios de Marcos, Mateo y Lucas) se dice que un hombre llamado Simón de Cirene ayudó a Jesús a cargar la cruz durante un trecho de su doloroso recorrido hacia el monte Calvario.
No se dice más, salvo que aquel Simón era padre de Alejandro y de Rufo (Evangelio de Marcos), de lo cual estudiosos de la Biblia deducen que los mentados hijos del cireneo debieron ser muy importantes en los principios del cristianismo, única explicación de que les mencione por sus nombres, sin más detalles al respecto.
Cirene era una colonia fundada por los griegos en el siglo VI antes de Jesucristo, en África del Norte, donde ahora es el país de Libia. De la ciudad original solo quedan las ruinas, declaradas Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco, pero dio su nombre (Cirenaica) a una de las tres regiones en las que se divide la Libia actual.
La Cirene griega fue adquirida por los conquistadores romanos en el año 95 antes de Cristo y para el tiempo de Jesús y de Simón, el cireneo bíblico, era una colonia del Imperio Romano de Occidente.
Pero Cirene, además de la histórica ciudad, es también un personaje femenino mitológico, hija de Hipseo y de la náyade Clidánope (las náyades, como se sabe, son las ninfas o divinidades femeninas de las aguas).
Desde que era una niña, a Cirene no le interesaban los quehaceres propios de mujeres, como hilar, tejer, cocinar y otros menesteres de tal naturaleza. Le gustaban más bien las actividades propias de los hombres, como cazar, cuidar los rebaños, lidiar con las fieras del bosque, etc. Podría decirse entonces, si valiera el caso, que Cirene es una precursora de la lucha de las mujeres de la actualidad por su emancipación de la servidumbre doméstica.
Pero no se vaya a creer que Cirene no era femenina. Por el contrario, era una mujer en todo el sentido físico, sexual y estético de la palabra. Su rostro era bellísimo, como debía ser la hija de una ninfa, y su cuerpo tan espléndido como el de la misma Afrodita, la diosa de la belleza y del amor mujeril.
Tan hermosa era Cirene que Apolo se enamoró de ella.
Esto sucedió en una ocasión en que un león depredador atacó el rebaño que cuidaba Cirene con la obvia intención de atrapar una res y devorarla. Pero la muchacha hizo frente a la poderosa fiera y la venció con asombrosa facilidad. Apolo, quien desde lo alto de la montaña fue testigo de aquel asombroso hecho, se interesó en la hermosa y valiente mujer y quiso conocer su identidad.
Pidió Apolo al centauro Quirón que le diera información sobre aquella chica extraordinaria y además le consultó si sería una mujer apropiada para él. El sabio Quirón, echándose a reir le replicó a Apolo: ¿Acaso no conoces tú, que eres un dios que todo lo sabe, el nombre de la doncella? ¿Y acaso no has decidido ya que vas a raptarla para hacerla tu mujer? ¿Y no es que sabes que Cirene es su nombre, pues tú mismo la llamaste así cuando le entregaste dos perros de caza como premio, cuando ella ganó la carrera pedestre durante las honras fúnebres de Pelias, el padre de Aquiles? Es más, dijo todavía Quirón a Apolo: Raptarás a Cirene y te la llevarás más allá del mar, al jardín mas fértil que Zeus tiene en aquellos lugares, donde la poseerás y la harás reina de una gran ciudad.
Y es cierto que todo eso lo sabía Apolo, pero los designios de los dioses son inescrutables y no se sabe por qué buscó a Quirón para hacerle tales preguntas sobre Cirene.
Tal como lo dijo el sapiente Quirón, así sucedió. Raptó Apolo a Cirene, la montó en una carroza de oro y la llevó en rápido vuelo al otro lado del mar, a un sitio donde la esperaba Afrodita para darle la bienvenida.
Afrodita había dispuesto para ellos una alcoba dorada y allí Cirene fue poseída por Apolo, quien prometió a su nueva adquisición amorosa que le daría una larga vida y un fértil reino, en el cual podría satisfacer su pasión por la caza.
Al marcharse, Apolo dejó a Cirene al cuidado de unas ninfas, hijas de Hermes, el dios mensajero. Al cabo de algunos meses Cirene tuvo un hijo que fue llamado Aristeo, a quien Hermes le dio a comer ambrosía (el alimento de los dioses) y Gea (la Tierra) lo hizo inmortal. Apolo volvió después para unirse a Cirene y tuvieron otro hijo llamado Idamón. Después Cirene se enredó con Ares, dios de la guerra, de quien tuvo al famoso héroe Diómedes.
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