Plutón ha estado de moda últimamente, en las noticias internacionales de interés científico y cultural. Me refiero al “pequeño” cuerpo celeste que fue descubierto en 1930 por el astrónomo estadounidense Clyde Tobaugh (1906-1997), que los astrónomos clasificaron como el noveno planeta de nuestro Sistema Solar y bautizaron con el nombre de Plutón, el dios del mundo de los muertos en la mitología romana, cuyo equivalente en la mitología griega es Hades.
Plutón, el cuerpo celeste, se puso de moda porque el vehículo espacial estadounidense Nuevos Horizontes se le acercó, la semana pasada, hasta unos 12,450 kilómetros de distancia, después de nueve años de viajar a velocidad de 336,000 kilómetros por día. El artefacto espacial tomó espléndidas fotografías de la superficie de Plutón (una de ellas publicada por LA PRENSA el martes 21 de julio) y las envió a un centro de operaciones espaciales en Estados Unidos.
Pero, ¿por qué le pusieron el nombre del dios mitológico del mundo de los muertos a ese cuerpo celeste, que cuando fue descubierto lo calificaron como planeta del Sistema Solar y después, en 2006, los astrónomos lo degradaron a la categoría de “planeta enano”? Primero, porque a todos los planetas y casi todos sus satélites siempre se les ha puesto nombres de seres mitológicos. Segundo, porque en la mitología romana Plutón es el último de los hijos de Saturno y Ops, padre y madre de Júpiter y Neptuno. Y tercero, por su aspecto sombrío debido a su extrema lejanía del Sol.
Ahora, gracias a las imágenes y otros datos enviados por el vehículo espacial Nuevos Horizontes, los científicos han podido saber que Plutón es un niño en comparación con la Tierra y los otros siete planetas de nuestro Sistema Solar. Según los científicos espaciales, el “planeta enano” tiene “solo” unos cien millones de años de existencia, mientras que los planetas del Sistema Solar, al que pertenece la Tierra, existen desde hace alrededor de 4,500 millones de años.
Cuenta el mitólogo francés Juan Humbert en su —para mí— magnífico libro Mitología Griega y Romana , que cuando Júpiter destronó a su padre, Saturno, y se repartió sus dominios con los dos hermanos, a Neptuno le dio el poder sobre las aguas y los movimientos de la Tierra y a Plutón, por ser el menor, le dio “el reino triste de los infiernos”.
“Llámanse infiernos —explica Humbert— las moradas subterráneas adonde van las almas de los muertos para ser juzgadas y recibir la pena que por sus crímenes merezcan o la recompensa que por sus actos virtuosos sean acreedores”.
Según la leyenda, Plutón estableció la obligación y costumbre de tributar las honras fúnebres a los muertos. En las ceremonias del culto a Plutón un sacerdote quemaba incienso entre los cuernos del animal (cabro o carnero) sacrificado, al que amarraba y abría el vientre con un cuchillo. El sacrificio se hacía en la noche más oscura y los animales sacrificados tenían que ser negros, a los que ataban cintas del mismo color. Y durante el sacrificio se quemaban hojas o ramas de ciprés, narciso y cilantro.
Plutón era uno de los 12 dioses principales del Olimpo y además formaba parte del grupo de las ocho únicas divinidades que podían ser representadas en oro, plata o marfil.
Pero Plutón vivía muy triste en la oscuridad y soledad de los infiernos. De manera que para hacerse compañía raptó a Proserpina, la hermosa hija de Ceres y Júpiter.
Ceres, quien es la diosa que creó los cereales para que la gente se alimentase mejor, buscó a su hija por todas partes del mundo y cuando averiguó que había sido raptada por Plutón rogó a Júpiter que lo obligara a devolverla.
En efecto Júpiter ordenó a Plutón que liberara a Proserpina, pero ella había comido de una granada de los infiernos y, de acuerdo con las leyes divinas, nadie que comiera de esa fruta podría salir del inframundo.
Júpiter resolvió la situación de manera balanceada: Proserpina saldría de la ultratumba una vez al año para estar con su madre y en la otra parte del año regresaría a los infiernos, para vivir al lado de Plutón. Por eso cuando Proserpina sale de los infiernos la naturaleza se alegra y entonces comienza la primavera en la Tierra. Pero cuando Proserpina vuelve a juntarse con Plutón en los Infiernos, comienza el triste otoño y luego viene el frío invierno.
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