Toda la nación esperaba que el presidente Ortega en su discurso del 36 aniversario de la Revolución, el pasado domingo 19 de julio, abordara a fondo el tema de la masacre de Las Jagüitas, ofreciendo compensación a las víctimas, castigo a los culpables y medidas de prevención muy puntuales para que estos hechos trágicos que han enlutado al país, no se vuelvan a repetir jamás.
Pero en lugar de ello, únicamente le dedicó al tema entre 15 y 30 segundos “llamando a la Policía Nacional (PN) a revisar muy bien los operativos que realicen contra el narcotráfico y el crimen organizado para que no se vuelvan a presentar hechos dolorosos como los que se presentaron estos días”.
Mientras esto ocurría en la Plaza de la Fe, en un hecho que n
ada tiene que ver con un operativo contra el narcotráfico y el crimen organizado, Carlos Antonio Centeno, de 21 años, recibía nueve disparos en el pecho en una cárcel de Siuna frente a sus dos hermanos. Uno de ellos, Deybin Centeno, testigo de los hechos, afirma: “se lo llevaron preso a investigación y uno de los policías dejó abierto el candado de la celda dos y le dijo que se fuera y luego le disparó en el pecho donde tiene nueve orificios”.
Su padre, Genaro Centeno Rivera, exige que se castigue con todo el peso de la ley a los dos policías que privaron la vida de su hijo, pide un proceso y que sean encarcelados, de la misma forma que lo han venido demandando los integrantes de la familia Reyes-Ramírez, quienes seguramente esperaron en vano frente al televisor el pasado domingo una promesa del mandatario, de que no solo se revisarían “muy bien” los protocolos de los operativos antinarcóticos, sino que habría justicia con los responsables de los hechos trágicos de la noche del 11 de julio.
Lo cierto es que ya son demasiados los casos que han aflorado en los medios y documentados en organizaciones de Derechos Humanos, sobre abusos graves de autoridad policial y ya es hora que se corrija, a lo interno de la PN su actuación, para que los ciudadanos veamos en los policías a un organismo protector y amigo, nunca agresor.
Las buenas notas que ha tenido la PN en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, así como en las estadísticas comparativas con países vecinos en seguridad ciudadana, notas que yo he reconocido bajo el prisma de objetividad y no de la política, se están desmoronando por sucesos como los mencionados, que han sacudido a la población, sin distingo de colores políticos.
En cuanto al uso de la fuerza, particularmente el uso de las armas de fuego, ello está regido taxativamente por el artículo 6 inciso 4 de la Ley 872, que se debe respetar en todas las circunstancias y mandata al cuerpo policial a “hacer uso de la fuerza necesaria para evitar un daño grave, inmediato e irreparable, rigiéndose en su actuación por los principios de congruencia, oportunidad y proporcionalidad en la utilización de los medios a su alcance”.
“Las armas de fuego solamente se utilizarán cuando exista un riesgo racionalmente grave para la vida, su integridad física o de terceras personas; o con el propósito de evitar la comisión de un delito particularmente grave, que entrañe una seria amenaza para la vida o con el objetivo de detener a una persona que represente ese peligro, que oponga resistencia a la autoridad y solo en caso de que resulten insuficientes medidas menos extremas para lograr dichos objetivos”.
Mas claro no canta un gallo. Ni en el caso del vehículo con la familia Reyes Ramírez, emboscado en Las Jagüitas ni en el caso más reciente del joven Carlos Antonio Centeno, quien estaba siendo investigado en las cárceles de Siuna, había una situación racionalmente grave para la vida de los policías o para la vida de terceras personas, que ameritara según la ley que rige la actuación policial, el uso de armas de fuego.
De no haber justicia como lo demanda la población, aunque se revisen los protocolos de operativos antinarcóticos, casos como estos y otros que hemos sido testigos recientemente, se seguirán repitiendo y el prestigio que un día tuvo la PN seguirá en franco deterioro.
El autor es diputado de la Bancada Alianza PLI
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