Vladimir Herrera por ahora dejó las payasadas. Él era, hasta hace unos meses, uno de los chavalos que con su cara pintada se suben a las rutas de Managua para contar chistes a cambio de dinero. Hoy, por cinco córdobas, le paga el pasaje a aquellos que no tienen tarjeta electrónica recargable y necesitan abordar un bus en la capital. Tiene 18 años. Es menudo y corre rápido. Cada vez que llega una unidad de transporte con el rótulo “Solo Tarjeta” él sale “pitado” a marcar pasajes.
“Cuando yo comencé a chambear en esto yo andaba trabajando así, payaseando en los buses (…). Ya me quedé tarjeteando, pero sí se le gana gracias a Dios, un poquito”, dice.
Herrera es uno de los diez tarjeteros que operan en la parada ubicada frente a la Universidad Centroamericana (UCA). Allí trabajan en dos turnos, uno por la mañana y otro por la tarde. Vladimir llega a la UCA a eso de las 6:00 a.m. y se va a la 1:00 p.m. En días buenos gana de 300 a 400 córdobas. En los días malos se lleva al menos 200.
“Estamos organizados”, asegura. “Ahorita vamos a pagar la camisa (para identificarse) y lo que es el carnet”, explica. Así de permanente es este oficio que surgió en la capital como una respuesta a la falta de las tarjetas de carga única que MPeso prometió en el 2013. Estas tarjetas “descartables” costarían 10 y 20 córdobas, según habían dicho, y hoy son casi un mito.
De ahí que los tarjeteros hicieran de la necesidad de los demás un oficio. Álvaro Herrera, por ejemplo, tiene 16 años y lleva casi cuatro meses de “estar marcando”. Aunque a veces “está palmado”, él dejó de vender agua helada para marcar pasajes.
“Son útiles porque sacan de apuro a las personas que no tienen tarjeta o no andan saldo porque si vas rápido resolvés y no tenés que esperar las mixtas”, asegura Socorro Rivera. Ella vive en el departamento de Jinotega, no posee una tarjeta electrónica y cada vez que viaja a Managua busca en las paradas a los que gritan “cinco y le marco”.
En rótulos. Pintados sobre camisetas o a grito partido, así anuncian su presencia las personas que se dedican a marcar pasajes para aquellos que no han comprado sus tarjetas electrónicas recargables.
En algunos sitios son jóvenes que corren de extremo a extremo en las paradas, en otros, son vendedores con puestos de caramelos, frutas o cigarrillos, quienes además de ofrecer estos productos se dedican a cobrar cinco córdobas por pagar el pasaje de los que se los pidan. “Es una fuente de trabajo. No van a estar de gratis, entonces los comerciantes se aprovechan de la gente. En este país la gente se las ingenia para tener un trabajo”, asegura Socorro Rivera, originaria del departamento de Jinotega.
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