Vida sublime y complicada

Querida Nicaragua: nadie dijo que la vida sería algo fácil, así como nadie dijo que estaría libre de problemas. Desde el momento en que nacemos comienzan las preocupaciones, no de los que abrirán sus ojos a la luz, sino de su padre y su madre que han estado rogándole al cielo que el niño o la niña vengan completos. Llega uno a pensar que no importa que sean feítos pero que nazcan sanos, normales, sin ningún problema especial.

Querida Nicaragua: nadie dijo que la vida sería algo fácil, así como nadie dijo que estaría libre de problemas. Desde el momento en que nacemos comienzan las preocupaciones, no de los que abrirán sus ojos a la luz, sino de su padre y su madre que han estado rogándole al cielo que el niño o la niña vengan completos. Llega uno a pensar que no importa que sean feítos pero que nazcan sanos, normales, sin ningún problema especial.

Para ponerle la picardía del nica a estos momentos de incertidumbre, la filosofía popular ha inventando una linda expresión usual en estos casos: “Déjelo que nazca ñato, que en respirando, aunque chifle”. Qué bellísima manera de recibir al tierno niño o niña que nace.

Y bueno. Desde el momento en que Dios nos lanza al mundo damos nuestro primer grito, es nuestra tarjeta de presentación. Y comienza la vida con sus males y sus remedios. La vida es un continuado peregrinar compuesto por problemas que hay que resolver, alegrías que hay que disfrutar, amores que hay que cultivar, tragedias que hay que soportar, dolores que hay que sufrir, aspiraciones que hay que alcanzar, metas a las que hay que llegar y uno no siempre llega, pero se tiene la satisfacción de haber participado, de haber invertido sus mejores esfuerzos, de haberse roto alma y corazón en la lucha por alcanzar la meta deseada.

Y en esta vida todos somos diferentes y pensamos diferente y tenemos metas diferentes.

Unos prefieren ser obreros y que les paguen por tarea, otros por jornada diaria, otros ser oficinistas y quedar libres a las cinco de la tarde, otros quieren ser dueños de negocios. Hay quienes quieren entregarse a Dios para conquistar almas, otros dedicarse a la política para hacer grande a su Patria y a su pueblo. Y ahí, en la política, la más importante tarea de la nación, es donde hay mayores problemas y muy pocas satisfacciones, hay zancadillas, envidias, calumnias, engaños, mentiras, traiciones…

Entre toda la fauna política latinoamericana difícilmente encontramos un pequeño porcentaje de patriotas que luchan por ideales. La inmensa mayoría son avorazados en busca de figuración, y casi siempre ávidos por las riquezas que pueden conseguirse desde las cúpulas presidenciales. Y aquí tenemos el principal problema: el político que se deja cautivar por el halago y la riqueza, el que cae en el círculo vicioso de que la riqueza produce poder y que el poder protege a la riqueza; que ambos se complementan y por lo tanto hay que estar en el poder para conservar los millones y tener los millones para conservar el poder.

Ese es el más grave de nuestros problemas a través de la historia. Por ese problema hemos perdido en el mundo millones de vidas, hemos detenido el progreso, hipotecado nuestras riquezas naturales, estamos acabando con la flora y la fauna, estamos entregando nuestra soberanía comprometiendo irresponsablemente la vida, el bienestar y el progreso de nuestros nietos, bisnietos, tataranietos y las futuras generaciones.

Los problemas que tenemos hoy son enormes. Y son de todos nosotros. No de los políticos ni de los empresarios, ni de la Conferencia Episcopal. Son problemas de todos y estamos obligados a tratar de resolverlos pues nosotros mismos los prohijamos.

Nuestra Patria es una república no una monarquía. Una república tiene sus reglas del juego que nadie puede cambiar sin sufrir las consecuencias. Está muy bien que con enorme valentía y autoridad moral la Conferencia Episcopal se exprese. Y está bien que el Centro Carter lo haya hecho en su oportunidad, al emitir un pronunciamiento de mucha trascendencia, pero hace falta que nosotros no nos quedemos como observadores. Tenemos problemas que resolver. Somos el pueblo y es el pueblo finalmente quien debe actuar y resolver sus problemas. Son los mismos camaradas los que inventaron esta consigna: “Solo el pueblo salva al pueblo”.

El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la presidencia de la República en 2011.

Columna del día Nicaragua archivo

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COMENTARIOS

  1. El analista
    Hace 11 años

    ya lo hizo, pero se robaron las elecciones los que se hacen llamar: Cristianos, Socialistas y Solidarios.

  2. Pablo
    Hace 11 años

    Usted don Fabio, es muy popular y si se lanza ganará, siempre que no se acompañe de Edmundo Jarquín.

  3. Ignacio
    Hace 11 años

    Excelente columna don Fabio. Cierto es que la mayoría de un pueblo es quien determina su destino, cierto es que debemos ejercer la democracia y cierto también que solamente el pueblo salva al pueblo.

  4. Hace 11 años

    Fabio Gadea, tiene toda la razon, es el pueblo quien tiene que dar la solución, pero el pero, es que nuestra cultura.indoamericana para que tome acción directa, necesita imprecindiblemente de un líder que los guie. Y, en Nicaragua solo hay líderes del dinero otorgado por el dictador de turno.Asi que la solución inmediata es un liderazgo doctrinario y que ame a Nicaragua.

  5. Hace 11 años

    Con todo respeto Señor Gadea Mantilla, Uds. sólo habla y habla tanto de su querida Nicaragua, pero toma acción. Sería bueno verlo tomar decisiones que ayuden a cambiar la situación por la que estamos pasando los nicaraguenses. En realidad, me gustaría oírlo decir que va a hacer Ud. al respecto.

    1. informate
      Hace 11 años

      Fue excandidato a la presidencia en el 2011 pero el dictador se robo las elecciones , informese

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