La hidroelectricidad es el producto de transformar la energía potencial del agua en energía cinética y esta última en eléctrica. Data en Nicaragua desde los años 1800, cuando unos pocos euro-descendientes, para disponer de electricidad en sus haciendas y con tecnología europea, instalaban en pequeños riachuelos turbinas tipo pelton, de metal y hasta de madera, aprovechando la presión y las caídas abruptas del agua. La hidroelectricidad se produce cuando el agua fluye a través de los álabes de una turbina haciéndola girar, la que a su vez, con su eje o rotor, induce, mediante un generador, la producción de energía eléctrica.
Es relevante señalar, que la energía producida por un proyecto hidroeléctrico, es directamente proporcional a la altura neta de la caída y al caudal medio de la cuenca tributaria. También, depende de la eficiencia combinada de: la turbina, el generador y el transformador; la aceleración de la gravedad, la masa del agua; el tiempo en horas del año, y el factor de planta. Cuando hablamos del factor de planta, en teoría nos referimos al porcentaje de tiempo durante un año, en que la planta estaría en operación utilizando su máxima capacidad instalada. Por otra parte, la Potencia Firme, por definición, es la potencia requerida por un proyecto con un factor de planta máximo igual a 1.0, que no tiene capacidad de regulación en el embalse y que, utilizando el caudal promedio que se produce en su cuenca, genera electricidad sin interrupción, durante cada minuto de su vida útil.
Debido a la flexibilidad y eficiencia para ajustarse a los picos de la demanda energética, los cuales ocurren durante las horas próximas al mediodía, los proyectos hidroeléctricos, con grandes embalses de regulación, son preferidos para suplir de energía durante los referidos picos. De manera que, a pesar de su mayor costo por su potencia instalada mayor que la firme, estos proyectos, frente a plantas convencionales, son muy atractivos por las siguientes razones: porque la energía pico vale más que la energía base; por sus bajísimos costos de operación y mantenimiento, por no requerir de combustibles fósiles y; por su mayor vida útil.
Nicaragua cuenta con un bolsón de proyectos de casi dos mil megavatios y, solamente, se ha desarrollado un cinco por ciento en dos centrales hidroeléctricas (planta Centroamérica en Jinotega y Santa Bárbara en Matagalpa). Ambas centrales fueron concebidas con un factor de planta de 0.5, y una potencia instalada de cincuenta MW; dichos aprovechamientos operan con el lago Apanás y, posiblemente, son los proyectos construidos con menor costo unitario de todo el potencial disponible.
Actualmente, se construye el proyecto Tumarín con una potencia de 253 MW, un factor de planta cercano a 0.5, y un elevadísimo costo de 1,200 millones de dólares; al respecto, cabe aclarar que, para costos del barril de petróleo cercanos a los cien dólares, el costo unitario del megawatts instalado en hidroeléctricas, para que estas sean rentables, no debería superar, aproximadamente, cuatro veces el costo unitario de una planta convencional y; Tumarín se acerca mucho a dicho límite, por lo tanto, desde el punto de vista económico y con los actuales precios bajos del petróleo, no sería rentable, a menos que se priorice por su energía limpia.
Ya desde tiempos de Somoza, las centrales hidroeléctricas, debido a su lejanía de los centros poblacionales, se volvieron blancos militares durante las guerras civiles y, por la incertidumbre de ser destruidos, a pesar de sus ventajas, los potenciales proyectos no pudieron desplazar a las plantas convencionales, las cuales, sí, pueden ubicarse en cualquier parte poblada y protegida del país. Adicionalmente, a pesar de que puedan ser rentables, las hidroeléctricas requieren de altas inversiones iniciales y, Nicaragua, desde hace muchas décadas, todavía no ha logrado captar suficiente financiamiento para desarrollar proyectos de gran envergadura.
Para concluir, debemos reconocer que la hidroelectricidad es energía renovable, limpia y amigable con el medioambiente y, su desarrollo conllevaría a un sustantivo ahorro en divisas líquidas para Nicaragua que, en caso contrario, se consumirían en la compra de combustibles fósiles para las plantas convencionales sustitutas, las cuales contaminan la atmósfera y, a largo plazo, disminuyen nuestra calidad de vida.
El autor es ingeniero
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